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26 Internacional MIÉRCOLES 22 12 2004 ABC PERFIL Ruth Kelly Ministra de Educación del Reino Unido Una mujer del Opus Dei en el Gobierno de Blair E. J. BLASCO Kimberly Quinn, junto a su esposo, al marcharse ayer de su casa de Londres REUTERS Una investigación confirma el trato de favor a la criada de la ex amante de Blunkett El ex ministro logra una victoria al ver aprobada su ley de creación de un carné de identidad EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. El llamado Nannygate -el caso de la criada de la ex amante del dimitido ministro del Interior, David Blunkett- -conoció ayer el veredicto de la comisión que lo ha investigado. Según Alan Budd, un alto funcionario encargado del caso, hubo trato de favor en la tramitación del visado de Leoncia Casalme, la filipina que servía en casa de Kimberly Quinn, durante tres años amante de Blunkett. Budd determina que se produjo una cadena de acontecimientos que llevaron a un trato privilegiado de la solicitud de Casalme, aunque no puede esclarecer si el ex ministro intervino directamente en la aceleración del proceso. El informe critica una caótica y confusa organización del Ministerio, que no ha guardado documentos para seguir el rastro de cómo se gestó el trámite, pero descarta que haya habido confabulación para esconder pistas. En una investigación aparte, la Comisión de Normas del Parlamento concluyó que Blunkett violó las reglas de la Cámara al entregar a Quinn unos billetes de tren para viajar en primera clase, cuyo valor de 250 euros eran pagados por el erario público. Los diputados pueden extender anualmente a sus cónyuges quince billetes de ida y vuelta a sus circunscripciones, pero sólo si se trata de parejas casadas. La previsión de ambas resoluciones fue suficiente la pasada semana para que Blunkett dimitiera, pero su carrera política puede no haber quedado muerta del todo. El hecho de que no se haya podido demostrar que personal- mente interviniera en la tramitación acelerada del permiso de residencia indefinido de la criada, aunque sí lo hicieron sus colaboradores, deja la puerta abierta a su retorno al Gobierno en la próxima legislatura. Sondeos favorables Ésta parece ser la intención de Tony Blair, amparado por las encuestas, que muestran una amplia benevolencia hacia el que ha sido el primer ministro ciego de nacimiento del Gobierno británico. Un sondeo publicado ayer por The Guardian indicaba que el 67 por ciento considera que Blunkett hizo bien su trabajo, frente al 23 por ciento que lo considera negativo. El candor de Blunkett en todo su affair sentimental ha ganado enteros entre los británicos al conocerse que había un tercer hombre en la vida amorosa de Kimberly Quinn. Además de engañar a su marido con el ministro, Quinn mantuvo previamente una relación con el crítico de vinos de The Spectator, publicación de la que es editora. El perfil de mujer fatal ha acabado por generar una ola de compasión hacia Blunkett. Blunkett consiguió el lunes una importante victoria moral al ver aprobada en la Cámara de los Comunes su polémica ley de creación de un carné de identidad. Presentada como un arma para combatir el terrorismo, es vista como una amenaza contra la privacidad de datos personales por una sociedad que no conoce un documento de identidad desde que fue abolido en 1952 por Churchill. LONDRES. Con sus 36 años es la mujer más joven que llega al Gobierno del Reino Unido. Ha tenido cuatro hijos en los últimos siete años y muchos columnistas se han preguntado estos días cómo Ruth Kelly ha logrado combinar su maternidad con su actividad política. No sé cómo Kelly lo logra titulaba un amplio reportaje The Sunday Times. ¿Por qué no parece más cansada? inquiría la periodista, que creía hallar respuesta en dos claves: la ayuda de su marido, que ha ido cambiando de trabajo para acomodarse a las exigencias profesionales de Kelly, y en sus profundas convicciones cristianas, que la han llevado a una actitud positiva ante la vida y a una organizada autodisciplina. Probablemente sin quererlo, Kelly, una brillante economista que fue contratada por el Banco de Inglaterra y por la Cancillería del Tesoro, se ha convertido en centro de las conversaciones del mundillo político de Westminster. El hecho de pertenecer al Opus Dei ha alimentado el debate en una sociedad en cierta forma ambivalente: respetuosa con la privacidad de los individuos, esfera en la que queda la religión, y al mismo tiempo sensible a las posiciones de poder que alcanzan algunos católicos en la vida pública. Mientras en España, José Luis Rodríguez Zapatero se ha enfrentado a la Iglesia, al Gobierno de Tony Blair se incorpora una mujer contraria al aborto, los matrimonios homosexuales y la investigación con células madre embrionarias. La diferencia es que mientras el PSOE exige una disciplina de voto a sus diputados, el Partido Laborista concede una mayor libertad a sus parlamentarios, que en el sistema británico se deben al electorado de sus circunscripciones, ante el que responden por sus votaciones en el Parlamento. Ese margen de maniobra y la apertura ideológica que Blair introdujo con el New Labour explican en parte la militancia de Kelly. Hacia el próximo mandato Más que un guiño a un sector de votantes, el nombramiento de Kelly como ministra de Educación, en sustitución de Charles Clarke, que ha tapado el hueco dejado en Interior por la dimisión de David Blunkett, supone la preparación de un nuevo equipo de dirigentes para el próximo mandato. De hecho, los comentaristas políticos esperaban la designación ministerial de Kelly, a quien se le sigue la pista desde hace tiempo como valor en ascenso, para después de las próximas elecciones. Ke- lly forma parte, junto con Ed Balls y David Miliband, también promovidos aunque a una posición no tan alta, del grupo de jóvenes valores del Nuevo Laborismo. La meteórica carrera de esta mujer nacida en Irlanda del Norte en 1968 ya ha hecho volar la imaginación de algunos, que la ven como una futurible primera ministro. Con esa idea, aunque no expresamente, jugaba ayer el editorial de The Times, cuyo titular era Dama de aleación de hierro en referencia a Margaret Thatcher y al carácter amable de la nueva ministra. El periódico partía una lanza a favor de Kelly e interpretaba como envidia algunas críticas escuchadas desde el ala más izquierdista del laborismo, que en el nombramiento ve la mano de la católica Cherie Blair, esposa del primer ministro. The Times juzgaba normal, por ejemplo, que Kelly no se hubiera implicado en política hasta que Blair llegó al laborismo, o que nunca se haya destacado en el combate feminista. Al mismo tiempo, consideraba que sus creencias no impiden el correcto desempeño de su labor como ministra de Educación. Kelly nació en la población norirlandesa de Limavedy y pronto la familia, sostenida por la farmacia que regentaba su padre, se trasladó a Belfast. El comienzo del conflicto en Irlanda del Norte les llevó a emigrar a la República de Irlanda y de allí a Londres. Ruth realizó en Oxford sus estudios de Economía, que amplió en la London School of Economics. Entre 1990 y 1994 trabajó como periodista en la sección de Economía del diario de centro- izquierda The Guardian. En 1994 fue fichada por el Banco de Inglaterra como editora de sus informes sobre inflación. Dos años después se casó y en 1997, con el triunfo de Blair, fue elegida diputada por Bolton West.