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36 Madrid MARTES 21 12 2004 ABC MADRID AL DÍA TELEFÓNICA IGNACIO RUIZ QUINTANO ue no le invite a usted nunca un cura gallego ni un terrateniente escocés, avisaba Julio Camba a propósito de la gula eclesiástica, pues empleando en comer diez o doce horas al día la hospitalidad acabará para usted, forzosamente, en una hospitalización. Puestos a extremar las cosas, que no se le venga abajo la línea telefónica. Aunque, bien mirado, ¿a quién no se le ha venido abajo alguna vez la línea telefónica? Ocho días ha que se cayó la mía, por segunda vez en un año. Ocho días que llevo ya sin poder salir a almorzar por si aparecen, como prometen, para repararla. Porque en España una línea telefónica no es de uno. ¿Quién es uno para poseer una línea telefónica en España? Uno, a lo sumo, es el arrendatario de una línea básica, cuyo recibo, puntual como el destino, se desglosa en los siguientes conceptos: Servicio Integral Mantenimiento Línea Básica, Contestador, Llamada a Tres, Llamada en Espera y Desvío Inmediato de Llamadas, más Identificación de Llamadas Gratis. Del total de la factura hay que descontar dos- euros- dos en concepto de Bonificación Servicio Integral Mantenimiento Línea Básica. Un día, de repente, esta Línea Básica se viene abajo y deja al arrendatario sin teléfono ni internet. Lo procedente, entonces, es llamar al Mil Cuatro, donde una voz sin rostro ni nombre te asegura, la primera vez, que en veinticuatro horas habrá una solución. Pasa un día y pasan ocho días. Todo sigue igual. En este momento lo están arreglando desde la central contesta el loro del Mil Cuatro. Eso es un cuento de loros y quiero protestar se encorajina, al fin, el arrendatario. En ese caso tiene que llamar al Mil Dos. Llama uno al Mil Dos, que pide explicaciones al Mil Cuatro, que contesta: En este momento lo están arreglando desde la central. El resultado es aquel chiste de marcianos que tanto gustaba a Peter Sellers: un marciano verde pregunta a un marciano azul cómo se llama; Uno, Cero, Cero, Cuatro, Uno, Cero, Cero, Dos responde el marciano azul. El marciano verde lo mira intrigado y dice: Qué extraño. No pareces judío. Será lo que tiene ir de azules. Q DIMES Y DIRETES RICARDO AROCA DECANO DEL COLEGIO OFICIAL DE ARQUITECTOS DE MADRID ¿HACE FALTA UN MINISTERIO DE LA VIVIENDA? an pasado varias décadas desde el óbito del Ministerio de la Vivienda, convertido en los años 70 una Dirección General dentro del Ministerio de Obras Públicas (luego Fomento) Confieso que la decisión de Rodríguez Zapatero de resucitar el Ministerio (quitándole el la me resultó un tanto sorprendente al estar las competencias en materia de vivienda y urbanismo en manos de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, lo que dibuja un marco limitado de posibilidades de actuación, con la contrapartida del seguro desvío hacia el gobierno, del descontento de los ciudadanos ante la persistencia de problemas de difícil solución. Bien es verdad que de un segundo análisis resulta que con el mismo argumento podrían desaparecer otros ministerios, cuya única ventaja es el no haber sido suprimidos antes. Tomando la cuestión desde otro punto de vista, resulta que: El actual problema de la vivienda tiene carácter nacional y ninguna H Comunidad Autónoma ha encontrado, al parecer, una fórmula mágica que libre a sus ciudadanos de la actual preocupación generalizada en todo el Estado. La vivienda supone, según he leído el otro día, el 78 de la riqueza de las familias españolas, y sea o no ficticia esta riqueza, es evidente que lo que influya en su apreciación o depreciación tiene una enorme importancia, que obliga valorar cuidadosamente el interés de los propietarios de sus viviendas contra el de los que tratan serlo. La existencia de problemas generalizados a nivel nacional explica la creación, más que resurrección, de un Ministerio que, como corresponde a un Estado descentralizado, tiene que ser más un Ministerio de gestión de Problemas que de Recursos; y más difícil aún, de problemas cuya solución requiere actuaciones de otros Ministerios, tales como Hacienda y Justicia (esenciales en la cuestión del alquiler) amén de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. La enorme importancia del sector de la edificación, de mucha más trascendencia económica global (y no hablemos social) que la obra pública, justifica el que tenga una voz con el gobierno al mayor nivel, siquiera sea para las gestiones transversales que difícilmente podía llevar con éxito la antigua Dirección General a que había sido degradado el tema vivienda, atendiendo de manera miope, solo al aspecto contable de la capacidad de inversión e inauguración El acceso a la vivienda es el problema claramente percibido por la ciudadanía y está por ver si el Ministerio es capaz de articular un conjunto de medidas que incentiven de verdad el alquiler, de convencer al Gobierno de que las ponga en marcha y a los ciudadanos de que se puede vivir sin una hipoteca eterna; pero hay otros campos en que la existencia de un Ministerio de Vivienda debería notarse: El Código Técnico de la Edificación debería poner un cierto orden en la proliferación de normativas autonómicas y municipales que complica la vida a los técnicos y afecta a la eficiencia de la industria, con la consiguiente repercusión en los precios, aunque siempre existe el riesgo de que los redactores de normas, llevados por su entusiasmo regulador acaben complicando aún más las cosas en lugar de racionalizarlas. Más allá de la vivienda, la arquitectura española goza de considerable aprecio internacional, no hay un Ministerio de Arquitectura, y en la medida en que el de vivienda persevere en el camino ya emprendido de llenar ese papel, añadirá una razón más a las que justifican, a mi juicio, su existencia.