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58 Cultura LUNES 20 12 2004 ABC Entre 1953 y 1964 y luego durante el año 1973 María Zambrano vivió su exilio creativo en Roma. Muchas de las páginas que escribió en la Ciudad Eterna fueron concebidas en el Café Greco, refugio de poetas y escritores como Giacomo Leopardi María Zambrano en su Ciudad Eterna JUAN VICENTE BO 0. CORRESPONSAL ROMA. Por las calles viejas de Roma sigue caminando el alma de María Zambrano, como prueba de una de sus intuiciones, formulada en la Ciudad Eterna: El tiempo tiene un origen abismático. Por eso en la historia vuelve, vuelve a pasar el tiempo por donde ha pasado, y esto inexorablemente. Pues el tiempo avanza en espiral; volviendo atrás, recogiendo, integrando La clausura del año de María Zambrano en la ciudad que fue marco de su exilio y manantial de sus ideas desde 1953 a 1964, ha venido a dar razón a su filosofía. El nombre de la alumna de Ortega y de Zubiri preside ahora la biblioteca del Instituto Cervantes, otro de los genios de la pluma que recibieron el saludo de la Inspiración al entrar en la Piazza del Popolo, primer domicilio romano de la escritora, al que seguirían el del Lungotevere Flaminio, a orillas del Tíber de Quevedo y de Alberti, y el de la Vía della Mercede, cerca de la casa de Gian Lorenzo Bernini. En la colina del Capitolio El pensamiento de María Zambrano resonó la pasada semana en la colina del Capitolio, el lugar más sagrado de la Roma republicana antes de que los emperadores levantasen los Foros como homenaje a la propia gloria. El seminario organizado por el Instituto Cervantes como colofón del centenario de la autora (Vélez- Málaga, 1904- -Madrid, 1991) desgranó intervenciones de una treintena de expertos- -filósofos, escritores, catedráticos... -en los lugares que a ella le hubieran gustado: el Capitolio, el templo del emperador Adriano y, sobre todo, el Café Greco, donde escribió durante una década y donde tomaron cuerpo intelectual docenas de sus obras posteriores. Faltó tan solo una escapada a la Vía Apia, al monumento que esconde- -y enseña a quienes saben descubrirlo- -un amor platónico de la autora bajo la forma de una divinidad juvenil, un adelanto del mensaje cristiano ya en el siglo II antes de nuestra Era. El pasado martes, en el Café Greco, donde un camarero todavía la recuerda perfectamente, el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco, y el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, colgaron de una pared un manuscrito que enriquece todavía mas el café literario por excelencia desde 1760. Son tres páginas de María Zambrano dirigidas al poeta panameño, también fallecido, Edison Simons, y están muy cerca de la mesa de la escritora: la que ya había sido del poeta italiano Giacomo Leopardi. La publicación de Fragmentos de los famosos Cuadernos del Café Greco deja en Roma una puerta abierta a su pensamiento y un esbozo de lo que serían Diótima de Mantinea Persona y democracia Los sueños y el María Zambrano y su hermana Araceli en los Foros (izquierda) La escritora en la terraza de su casa (sobre estas líneas) Las fotos proceden del libro María Zambrano 1904- 1991 editado por el Círculo de Bellas Artes, Alcaldía de Vélez- Málaga, Fundación María Zambrano, Diputación de Málaga y Junta de Andalucía, con la colaboración de diversas entidades, entre ellas el Instituto Cervantes. tiempo España, sueño y verdad Notas de un método De la Aurora Claros del Bosque y Los Bienaventurados Cualquier página de los Cuadernos es una invitacion a pensar. La del 28 de abril de 1958 comienza con Antígona es la tragedia de la Gue- El Instituto Cervantes concluyó el centenario de la escritora organizando un seminario en Roma rra Civil, de la fraternidad. No ha sido mirada así, y lo he descubierto esta mañana... Sospecha, poco después, que quizás el triunfo de la vida se logre por el desprendimiento y concluye que, al final, la vida gana el plano de la muerte y la coloniza Roma es hermética y secreta Como todos los genios españoles que la precedieron por estas calles desconchadas y tortuosas- -Francisco Delicado, Guzmán de Alfarache, Bartolomé de Torres Naharro, Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, Ramón María del Valle Inclán o Rafael Alberti- Maria Zambrano logró encontrar la ciudad de verdad, la eterna, que late muy profunda debajo de la superficie, y habla solo a quien sepa escucharla. Sucede con Roma- -escribió- -que parece estar enteramente abierta nada más llegar a ella. Mas cuando el viajero o el pasajero- -o el peregrino, más bien- -se detiene, comienza a darse cuenta de que Roma es hermética y secreta... Maria Zambrano descubre que Roma es, a la par, abierta y laberíntica una ciudad sensual por su cielo y su aire comestible, que a veces uno se siente en Roma como dentro de una fruta; de un melocotón, diría yo... Y a la vez, terriblemente viva, devoradora. Allí está también la muerte, inevitablemente, están todavía el Circo y los lugares del martirio; están, sobre todo, las catacumbas... como la raíz de un campo de trigo y como la raíz de una muerte inmortal