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ABC DOMINGO 19 12 2004 Cultura 75 CLÁSICA Ciclo de la ORTVE Obras: I. Stravinski, F. Mompou A. Ros Marbà y R. Schumann. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de RTVE. Director: A. Ros Marbà. Lugar: Teatro Monumental, Madrid. Fecha: 16- XII PROGRAMA BIEN HECHO ANTONIO IGLESIAS quel gran caballero de la guitarra española que se llamó Andrés Segovia pidió al excelente compositor de Barcelona Federico Mompou que le escribiera algo para el instrumento que él supo elevar a a una categoría internacional. Serían los años sesenta del siglo último, y así nació una suite que se intitularía compostelana Ahora, Antoni Ros Marbà acaba de trasplantarla a la orquesta que, con un casi igual número de fragmentos, la eleva al sinfonismo con gran acierto; iniciada con un Preludio que permanece en el acusado recuerdo del instrumento original, seguido del solemne Coral la melancolía de una Canción popular, el Recitativo (con lucimiento de un violonchelo precioso, muy bien tocado por el solista de la Sinfónica de RTVE, Ángel García Jermann) finaliza con una concesión un algo tópico de la Muñeira la danza más popular de Galicia. El trabajo de Ros Marbà es de una claridad extraordinaria, que sabe elevar la guitarra al mejor sinfonismo de la música española multicolor. El programa, bien hecho, lo abrieron las dos Suites para orquesta de Stravinski, que resultan brevísimas acuarelas y son reflejo de la maestría, poder en su diáfana transposición del piano a cuatro manos de la original partitura, guardando la ternura, el desenfado al servirse de una alegría popular que no rehúye las acres alusiones del Vals por ejemplo. Cabe preguntarse la fuente en la que bebió el genial autor de La consagración cuando nos alude en la Española En ambas obras lució la bondad de la batuta de Ros Marbà, tratando una orquesta que exige auténticos solistas y estos dentro de unos cánones de singulares plantillas que, ante todo, han de estimarse con un concepto de la más meridiana exposición de las cosas. Y si ello fuera ya poco, el final y segunda parte del concierto; la llenó la Cuarta Sinfonía de Schumann, obra de enorme responsabilidad y oposiciones múltiples en una confrontación de sus cuatro tiempos y que la batuta de la Ciudad Condal concibe dentro de una lentitud un algo exagerada, cuya lograda calma quiere resultar elocuente, aunque los desarrollos lleguen a pesar bastante; el todo aliviado y hasta, si se desea, justificado para alcanzar sin los tan frecuentes agobios ese tantas veces desquiciado Vivace final. A Antoni Ros Marbà SIGEFREDO