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68 Los domingos DOMINGO 19 12 2004 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA TAYIP ERDOGÁN Primer ministro turco EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI Un político hiperactivo de inmutable fervor religioso ha sido el artífice del paso más importante de su país hacia Europa abriendo las puertas a la UE El político de la agenda secreta abre la puerta u juventud militó- -a costa de grandes persecuciones- -en los movimientos que pedían detener el proceso de acercamiento de Turquía a Occidente, pero como primer ministro ha sido el autor del más importante paso que ha dado su país en dirección a Europa. Entre uno y otro momento, el primer ministro turco, Tayip Erdogán, ha mantenido solamente una cosa inmutable: su fervor religioso. ¿Quién es en realidad este político hiperactivo que igual sabe lidiar con los omnipresentes militares que supervisan el régimen político turco, o poner en apuros a sus colegas europeos en las negociaciones? En Turquía hay mucha gente que sigue creyendo que Erdogán tiene una agenda secreta y que por ahora se limita a poner en práctica la Takiya o el recurso a la disimulación que permite moralmente a los musulmanes mentir para salvar sus principios religiosos. Él lo niega sistemáticamente cuando se lo preguntan: Soy musulmán, turco, demócrata y mi gobierno es laico. Lo demás son especulaciones sin fundamento dijo recientemente a ABC. De hecho, si hay algo que no oculta Erdogán es precisamente su militancia religiosa que exhibe siempre con la práctica más rigurosa. Como sucedió en la discusión sobre la reforma del Código Penal, cuando sólo las presiones de Bruselas impidieron que cumpliera sus planes de considerar el adulterio como delito, a veces ha dado la impresión de que sus convicciones islámicas han sido más fuertes que su vocación liberal. Él siempre dice que quiere que le consideren un islamo- demócrata igual que a otros se les llama democristianos y nadie se escandaliza. En parte, las bases de su partido, el de la Justicia y el Desarrollo (AKP) tienen bastantes cosas en común con las que podrían considerarse más o menos una órbita conservadora entendida como un entorno en el que se hallan cómodos tanto los electores de la sociedad rural de la Turquía profunda como los emigrantes campesinos desencantados de los suburbios de Estambul o Ankara y los religiosos radicales que inspiran a muchos de ellos. UNA PATOLOGÍA DE LUJO D Ens POR ENRIQUE SERBETO Pero la mejor medida de las convicciones de Erdogán la da su vida familiar. En su campaña electoral, prometió derogar la ley que prohíbe a las mujeres entrar en las universidades turcas cubiertas con un pañuelo, pero el Consejo de Seguridad Nacional y los militares lo han impedido en nombre de los principios laicos de la República. ¿Qué ha hecho Erdogán con sus dos hijas en edad de ir a la Universidad? Sencillamente enviarlas a estudiar a EE. UU. donde pueden llevar el pañuelo que mandan los preceptos islámicos. Hace más de 80 años que la élite militar de la sociedad turca está intentando arrinconar a la religión entre las paredes de la conciencia de cada individuo, aunque para ello hayan tenido que usar métodos coercitivos poco compasivos con los principios democráticos. Después de tanto tiempo, parece difícil que los turcos puedan volver masivamente a la militancia social de la religión y que las mujeres- -las urbanas al menos- -puedan aceptar un sometimiento indumentario que no han conocido nunca. Pero es innegable que el acercamiento a Euro- pa va a obligar a levantar muchos de los controles a los vigilantes de los principios republicanos y que eso hará aflorar la verdadera tendencia de la sociedad turca. Eso es lo que ha hecho Erdogán. Este antiguo jugador de fútbol, que antes de dedicarse a la política estudió para ser predicador oficial en una mezquita, ha abierto las puertas, no sólo las de Europa, sino las de la misma sociedad turca. Ahora se supone que circulará libre el viento sobre el Bósforo y los turcos respirarán aires nuevos. Con la proximidad de Europa, los cambios van a ayudar a emerger un retrato nunca visto de este país y sus gentes tendrán la oportunidad de elegir por primera vez para qué quieren la libertad, si para caminar decididamente hacia Europa despojándose de las rémoras que le mantienen anclado en Oriente, o si en realidad solamente la necesitaban para librarse de los militares y de la herencia laica de Ataturk que se ha impuesto por la fuerza. El tiempo dirá si Erdogán tiene o no una agenda secreta porque cuando hay libertad no hay secretos que valgan. e todas las dolencias contemporáneas- -anorexia, bulimia, ludopatía, etcétera- -a uno le llama especialmente la atención el estrés. ¿Por qué en los países desarrollados la gente sufre estrés y en los países tercermundistas no hay nadie que se queje por trabajar tanto? La miseria, el hambre y el desempleo son los mejores antídotos contra el estrés. ¿Alguien sabe si en la generación de nuestros padres o abuelos el personal sufría de estrés? En todas las épocas tiene que haber habido gente agobiada, pasando fatigas o simplemente atacada de los nervios. Lo que no existía era la posibilidad de conseguir unas vacaciones pagadas gracias a la prescripción del estrés. Seguro que tiene que ser un síntoma de progreso que cualquier trabajador español pueda pedir una baja laboral por estrés, de donde se desprende que en los países pobres no hay estrés porque es una enfermedad de países ricos. Lo curioso es que España encabeza la lista europea de bajas laborales por estrés y España no es el país más rico. Cuando uno escucha las historias de la posguerra y se entera de cómo se las apañaban nuestros padres y abuelos para llegar a fin de mes, a cualquiera se le ponen los pelos de punta. Sin duda que en medio de la pobreza, el racionamiento y las hambrunas más de una generación de españoles padeció insomnio, caída del cabello, dolores de espalda, inapetencia, escalofríos y todos los síntomas del estrés, pero no podían permitirse el lujo de faltar al trabajo porque ello significaba condenar a su familia. Mis reflexiones no constituyen un reproche al aburguesado personal de nuestros días, sino un homenaje a la voluntad y fortaleza de nuestros mayores. La tercera edad española está integrada por algunas de las generaciones con más entereza y capacidad de sacrificio del siglo XX; por personas que en el apretado lapso de una vida han experimentado cambios violentos y vertiginosos; por hombres y mujeres que les ha tocado vivir el final de sus días dentro de una sociedad que ha declarado caducados sus valores y que encima les menosprecia en aras de un culto absurdo a la juventud. La sociedad del bienestar existe porque antes hubo una sociedad del malestar, porque nos precedieron unas generaciones que se ciscaron para que hoy el estrés pueda ser una patología admitida por la seguridad social. Una de las razones por las que se le cierra las puertas a los inmigrantes es porque vienen con unas ganas injustas de trabajar: echan más peonadas que nadie, no se les caen los anillos por nada y encima no sufren de estrés. Los inmigrantes no le simpatizan ni a los empresarios, ni a los sindicatos, ni a los políticos. La tercera edad española, sin embargo, sí comprende a los inmigrantes, quizá porque intuye en ellos la voluntad y la fortaleza de los viejos tiempos. Sin embargo, más tarde o más temprano se abrirán inexorables los cerrojos, pues alguien tiene que currar para que la seguridad social cubra nuestras bajas laborales por estrés. www. fernandoiwasaki. com