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ABC DOMINGO 19 12 2004 Los domingos 65 15.000 compañeros que confían en el sindicato. Cuando entró en 1997, la situación de la mujer ya estaba totalmente normalizada. Pedí prácticas en San Sebastián porque quería aprovechar todas las oportunidades de aprender y allí también te doctoras como persona, sobreviviendo en una burbuja social y con el pensamiento acostumbrado a las rutas alternativas. Cuántas veces he pensado Dios mío, la que nos podía haber caído pero le aseguro que esas situaciones no eran más difíciles que las que luego viví en Barcelona, como policía de proximidad batallando por la protección ciudadana Hoy, a pesar de su juventud, reconoce que para las mujeres de su generación también es más difícil enfrentarse a un cambio de destino, pero que por encima de todo son policías que dan de sobra la talla en cualquier misión, y que aunque aún no las haya en unidades como los GEO (Grupo Especial Operativo) todo se andará. Como al resto, su vocación de hierro es el motor que lo puede todo. Objetivo: el comisariado Ellas vienen más preparadas que los hombres, según el comisario de Formación El uniforme pre mamá llega en 2004 Entusiasmo como el de María Marcos, jefe de Seguridad Ciudadana en Barcelona con 120 hombres a su cargo, que aspira a las tres coronas de laurel de comisario. Ella fue una de las tres mujeres que hace cinco años, y entre doscientos hombres, aprobaron el concurso- oposición a inspector jefe, examen del que su compañera Esperanza- -catorce años en el Servicio de Información en Bilbao obligan a camuflar su nombre porque me sigo viendo con personas que creen que soy otra cosa -sacó el primer puesto. La otra era Concepción de Vega, con una carrera profesional labrada entre la Brigada Judicial y su misión en El Salvador, donde fue instructora de policía civil bajo los designios de la ONU. Ellas tienen la oportunidad de ahondar en la brecha que abrió Pilar Allúe, la primera y única mujer comisario, de la segunda promoción como De Vega y Romero, y que se niega a aceptar que sea más difícil para una mujer que para un hombre llegar hasta aquí: El que vale, -subraya- -sale Un destino que las lleva a romper moldes como a Mónica Requejo, que se hizo policía a los 20 años y que fue la primera mujer en pertenecer al Grupo de Atracos y Secuestros de la Brigada de Policía Judicial de Madrid. Una dedicación en cuerpo y alma al servicio, veinticuatro horas al día los siete días de la semana. Te tiras fines de semana sin dormir porque los secuestros te llevan muchas horas explica. Lo más bonito para ella, los atracos. Y el principal valor, el trabajo en equipo al que las mujeres aportamos unas habilidades especiales a la hora de arrancar información. Pero aquí- -subraya- -no hay diferencias. Yo, por ejemplo, soy muy pesada en los interrogatorios, hablo mucho con los detenidos y me gusta mirarles a la cara. ¿Verdad jefe que a incisiva con los malos no me gana nadie? le espeta la policía al mando. Y el jefe, con una sonrisa, contesta: Esta chica es la flor de la Brigada Flores con pistola, ahítas de valor, que bien saben, como apuntaba el editorialista de ABC hace veintinco años, que la paz, la seguridad y el propio respeto no lo regala nadie. ingresamos únicamente 45 mujeres. Además, las plazas se convocaron con discriminación: cien para mujeres y mil para hombres. Ahora la convocatoria es general, pero se siguen presentando menos mujeres. Eso de una igualdad numérica, como la del Gobierno, nos parece de chiste La distribución actual de empleos de mujeres es como sigue: Una comisaria, 17 inspectoras jefes, 420 inspectoras, 193 subinspectoras, 404 oficiales, 2.064 policías básicas, 30 especialistas en la escala facultativa y 40 en la técnica para un Cuerpo policial de 57.000 miembros. Este año es el que más mujeres nos hemos presentado a inspector jefe y sólo han aprobado tres. ¿Es que somos tan malas? -inquiere la inspectora Sordo- Pues no lo creo Pero lo cierto es que los problemas de promoción no son exclusivos de las mujeres; María, que entró con Asunción y con María José, se acaba de jubilar como se incorporó hace 25 años, de inspectora, y se lamenta de que sea tan decepcionante que el mérito policial sirva para tan poco en la escalada de posiciones. Si en España- -me dice- -los comisarios accedieran por oposición directamente desde la calle, como en Francia, otro gallo nos cantaría con el número de mujeres comisarios No es fácil para una mujer ser policía. Sé de compañeras que han tenido que ir mendigando un puesto de trabajo para poder ser madres I Congreso Nacional Mujer y Policía Ha tenido que pasar la friolera de veinticinco años para que los responsables del Cuerpo Nacional de Policía organicen un encuentro, que se celebrará en Madrid entre mañana y el martes, para analizar la incorporación de las mujeres a esta fuerza de seguridad del Estado. Según el comisario Honorio Ovejero, coordinador del evento, el objetivo del congreso, que también quiere ser un homenaje a la mujer policía, es destacar y reforzar el valor de la igualdad en la corporación policial, hacer un reconocimiento explícito de las conquistas sociales de la mujer y su impacto en la modernización y eficacia del Cuerpo, así como profundizar en la mejora de su estatus para hallar pautas que faciliten el desempeño de sus roles de madre y policía El debate se abre oficialmente. Entre el desprecio y el paternalismo Y curiosamente, lo que no han logrado mayoritariamente en la escala de mando, lo consiguen como representantes de sus compañeros. Begoña Romero es secretaria de acción sindical del comité nacional del Sindicato Unificado de Policía (SUP) con 26.000 asociados. Ingresó en la extinta Policía Nacional el 8 de marzo de 1984 y fue la primera mujer en los zetas de Granada. Pero antes pasó por Málaga, Barcelona y las patrullas a pie en la propia capital granadina. Y ahí aprendí a estarme calladita: protesté ante el jefe porque quería ser uno más y no iba a consentir favoritismos por mi condición de mujer y me tiré un año y medio en la zona marginal del Polígono de la Cartuja, en donde nos arrojaban hasta bombonas de butano. Hace veinte años te encontrabas con dos situaciones: la paternalista o la del desprecio; y la de indiferencia de la inmensa mayoría, mientras no trabajara contigo Siempre he querido demostrar que era una buena profesional y que debía estar en mi trabajo, de calle, coger a la gente que iba con droga y trincar a los malos. En Estupefacientes no hay horarios. He conducido embarazada con una barriga que me llegaba al volante. Fue una opción mía aguantar hasta el final. Ahora entiendo que debía haberme cuidado. Fue un mal embarazo y la prueba está en que la niña murió al día siguiente de nacer. No es fácil para una mujer ser policía. Yo sé lo que es llegar y dar un beso a mi hija ya dormida y no verla más. Sé de compañeras que han tenido que ir mendigando un puesto de trabajo con el que poder compatibilizar familia y trabajo, y siempre muy pilladas. Aquí tenemos mujeres que optan por no ser madres o retardar al máximo posible la maternidad. Siempre sin bajar la guardia, nosotras nunca podemos tener un fallo, tenemos que demostrar todos los días que somos buenas en lo nuestro. Y yo reivindico mi derecho a poder equivocarme. A las mujeres en el Cuerpo nos han mirado siempre con lupa y hemos sido más criticadas que los hombres Romero, al cabo de veinte años, sigue siendo policía básico. ¿Por qué no ha ascendido? Porque aposté por mi familia. Me enamoré, me casé con un policía y si yo ascendía y él no, nos teníamos que separar. Como yo, muchas mujeres han renunciado al ascenso o han sacrificado su promoción para que progresaran ellos. No olvide que la mujer es siempre cuidadora de vida, de los hijos, de los ancianos, de los enfermos... Y eso nos ocurre a todas en esta sociedad, seamos policías o profesionales de otro tipo. Los casos de hombres que se quedan al cuidado de la familia para que sean ellas las que luchen por el ascenso son contados El reto de ser del GEO Rosa lleva sólo siete años en el Cuerpo y, como Begoña, lucha desde la Confederación Española de Policía (CEP) haciendo las veces de secretaria regional en Aragón, por los derechos de los