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ABC DOMINGO 19 12 2004 Los domingos 61 EL BRILLO DE LOS OBJETOS FERNANDO R. DE LA FLOR CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA Feliz Navidad. Al menos para los niños, encantados en la tienda de juguetes del Parque Corredor, en Torrejón de Ardoz orientación se presenta en el Tercer Mundo, donde suelen constituir auténticas burbujas de apartheid social, lugares sin pobres y de un lujo obsceno que contrastan con la brutal miseria exterior. El modelo lo marca, en todo caso, desde China a Europa, el experimentado caso norteamericano: iniciativas multinacionales, espacios normalizados, acceso motorizado, presencia de marcas globales, dotación de servicios con supuesta oferta cultural, chirriantes ejercicios arquitectónicos, que pueden evocar invernaderos tropicales, palacios rusos o naves espaciales. Edificios que son objetos evocadores de la infancia y el juego para los visitantes, porque la paradoja espectacular implica que mientras los antiguos parques de atracciones se reconvierten en núcleos de venta múltiple, los centros comerciales adquieren funciones de entretenimiento. Finalmente, ambos son intercambiables, pues el espectáculo debe continuar. Incluso en la última frontera. Ya existen en internet sitios donde es posible adquirir espacio en una ciudad virtual, con sus edificios y tiendas. Una especie de futuro perfecto en el cual el viejo y humano ejercicio del comercio se podrá realizar mediante prótesis tecnológicas añadidas a cuerpos situados en cualquier parte, sin el coste de instalaciones ni riesgos de contacto físico, el perfecto lugar para el triunfo definitivo del yo consumidor. Manuel Lucena Giraldo es científico titular del CSIC. A jugar. Gimnasios, boleras, pistas de hielo. Todo cabe en los nuevos megacentros comerciales. En la imagen, Nervión, en Sevilla RAÚL DOBLADO as mercancías, los vastos paisajes de objetos que una cultura se ofrece a sí misma, como homenaje y como consuelo para una humanidad siempre carente y menesterosa, tienen sus secretos, y hasta sus hondas perspectivas metafísicas. De la complejidad que alcanza el objeto, hecho de necesidad y de capricho fantasmagórico; producto de la pasión, pero también vinculado a la forzosa construcción de la identidad propia, dan hoy perfecta cuenta los templos donde se le venera y se le tributa un culto hiperdúlico. Desde un arranque primero en los pasajes decimonónicos, hasta la mostración contemporánea de esa cultura materializada en teatros cuasi sicodélicos (a los que llamamos mall centros comerciales, galerías... un vasto horizonte de realización se cumple, como expresión de la capacidad humana de materializar sueños y alimentar pasiones de vivir. Y es que el objeto es el fiel servidor de una ilusión, que es al fin la que sostiene la arquitectura íntima del sujeto. Es más, el objeto es el lugar privilegiado donde se realiza la comunión del individuo particular con la historia y con la cultura objetiva y colectiva. Apropiándose de él, la intimidad entra en el gran ciclo constructivo, lo alimenta y lo lanza a nuevos procesos, impidiendo entonces la fatal recaída en las paralizaciones, en la ausencia, en la desastrada escasez. Abandonando el reino triste de la necesidad, marcado por la restricción y la economía rigurosa en que se prohíbe el don y el regalo, los últimos cincuenta años de plétora comercial en Occidente revelan la profundidad del cambio del ciclo y la mutación (cósmica) experimentada en el régimen del imaginario colectivo a ello asociado. Equilibrar la abundancia y la ética; cumplir con la alegría de vivir, sin ser totalmente arrastrado por ella; mantener y preservar una esfera hecha de silencio, de carencia, de austeridad, en medio de la seducción aparatosa con que se pronuncia el objeto, parecen los desafíos a que nuestro tiempo nos convoca. En medio del lujo creciente, comenzar por abstenerse es, en cierto modo, el verdadero lujo. L