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ABC DOMINGO 19 12 2004 Sociedad 57 (Viene de la página 54) te en el planeta, o el esqueleto fosilizado de Oviraptor incubando en su nido (uno de los descubrimientos biológicos más relevantes, pues permitió descifrar por completo el cráneo de estos animales) el esqueleto más pequeño del mundo de un Hadrosaurus (conocido por su seudónimo, dinosaurio de pico de pato La colección mongola de fósiles es la tercera mayor del mundo, con restos de 60 tipos de dinosaurios diferentes los dinosaurios. Para siempre. La Paleontología ha revelado que de no haberse producido tal catástrofe, no habrían surgido jamás nuevos grupos biológicos, y así, las extinciones se han consolidado como los fenómenos evolutivos más determinantes para la renovación y aparición de innovaciones en la ecosfera. Innovaciones como las que dieron lugar al hombre. El libro de la vida Lo que sí aúna a todos los espectadores de esta singular pasarela es el conocimiento de que cada una de esas especies escribe nuevos capítulos en el libro del universo. Y todos, crías y adultos, junto a bivalvos, insectos, peces y plantas, comparten idéntica patria, el desierto del Gobi, el yacimiento más importante de los periodos Cretácico y Jurásico. Desde allí han viajado los restos fosilizados y originales de las cuarenta especies que se exhiben, un valioso legado al decir del director de la Academia mongola de la Ciencia, Rinchen Barsbold, máximo conocedor de los hallazgos paleontológicos del país asiático y quien acuñó la mayoría de los nombres que tomaron los esqueletos hallados de lagartos terribles (significado del término griego) Según explicó Barsbold, el 20 por ciento de los dinosaurios que han trascendido al glosario científico procede de Mongolia; no en vano, la colección mongola de fósiles ha conseguido reunir, pieza a pieza, hasta 60 tipos diferentes de dinosaurios, motivo por el que se alza con la distinción de tercer conjunto más grande del mundo, después del norteamericano y el chino (siempre a expensas, claro está, de los fructuosos resultados que obtengan las innumerables expediciones que a día de hoy siguen su curso y que pudieran hacer virar tales posiciones) La exposición logra, al mismo tiempo, alimentar la imaginación del visitante español o portugués, encaramándole en la máquina del tiempo y apretando el botón que le conduce directamente a su pasado mesozoico a través de embriones, huevos, huellas y huesos provenientes de los individuos que camparon a sus anchas por la Península Ibérica antes siquiera de que fuese tal (la península y el hombre) El agresivo Tarbosaurus Baatar, primo del depredador americano Tyrannosaurus Rex El último capítulo jamás contado Pero de todos los capítulos de ese libro de la evolución animal, como se sabe, el que más reacciones suscita es el que contiene más páginas en blanco, vacío que los expertos han dado en llamar episodio K T (por lo de Cretácico y Terciario) y que denota el lapso geológico en el que el dinosaurio pasó de ser el mayor gigante del mundo a ser sólo pasto extinto del pretérito. Qué aconteció es el interrogante en el que científicos y paleontólogos de diversa raza y nacionalidad han invertido parte de sus vidas. Los avances son demasiado paulatinos y nada herméticos. Las puertas siguen abiertas de par en par a la teoría que secunda una crisis biótica tras la caída sobre el planeta de un meteorito de 10 kilómetros de diámetro que, conjugada con una enorme erupción volcánica, parieron una tormenta de polvo en la atmósfera que oscureció el planeta y depositó a