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36 Madrid DOMINGO 19 12 2004 ABC MADRID UNA Y MEDIA NAVIDAD JESÚS HIGUERAS ESTEBAN n el domingo anterior a Navidad la liturgia nos invita a poner nuestros ojos en María y José, hombres sencillos que viven la fragilidad propia de la naturaleza humana permaneciendo fuertemente anclados en la firmeza de su fe en el Dios siempre cercano. El misterio del Dios que se hace hombre en Belén sucede en la normalidad de una familia no falta de dificultades. El mismo José había sufrido lo indecible al saber que María esperaba un hijo del que él no era el padre, y había decidido repudiarla en secreto por no perjudicarla, venciendo su propio orgullo. La bondad de su sencillez se vio premiada con el consuelo del Señor por medio del ángel. Muchas veces asociamos Navidad a un estado de perfección: una familia en armonía, una mesa impecable, unas relaciones con los demás de auténtica paz; y, sin embargo, este no es el panorama de muchos hogares rotos, en conflicto, de ausencias más agudas en estos días... También para estos es posible la Navidad. Este misterio acontece en el corazón de cada hombre si se sabe acoger el germen de Dios, a esa semilla que Él depositó en nuestro Bautismo, y que es el mismo Salvador que se encarnó en la historia humana hace 2.000 años y se sigue encarnando en la historia de cada cristiano para hacerse compañero de camino y así compartir todas nuestras realidades, buenas y malas, fáciles y difíciles. Será Navidad si todos tenemos el corazón dispuesto, si tenemos ya la cuna preparada para que, cuando venga Jesús y llame a la puerta, podamos abrirle e invitarle a que quede con nosotros. Para ayudarnos a ello quién mejor que María y José, que protagonizaron la primera y la verdadera Navidad de la historia. En la escuela de María, la mujer sencilla, la mujer del sí que confió siempre en el Señor. Con su esposo como maestro, el hombre del silencio, de la fidelidad, que jamás dudó de los planes bondadosos de Dios sobre su vida, aunque estos fueran diferentes a los suyos. Por eso, un año más, deseemos que la Pascua suceda dentro de nosotros y que sea Navidad de verdad, en un sentido espiritual y no tanto en un sentido material. E DIMES Y DIRETES ANTONIO SÁENZ DE MIERA AMIGOS DEL GUADARRAMA EL MARQUÉS QUE LLEGÓ A LA CUMBRE e cumple este año el centenario de la primera ascensión al Naranjo de Bulnes. Fue Pedro Pidal. Marqués de Villaviciosa, quien logró tal hazaña en 1904. La peripecia vital de este increíble marqués no deja boquiabiertos: político, filósofo, montañero, cazador, escritor... Fue un personaje peculiar, atormentado, contradictorio, extraordinariamente polifacético. Todo en él era desorbitado pero logró cosas admirables. En lo que hace al amor por la naturaleza y su conservación su protagonismo es indiscutible. Se adelantó a su tiempo; no es posible entender la historia del conservacionismo en España sin acudir a su figura apasionada y quijotesca. Llevaba años obsesionado por subir al Naranjo; por ser el primer español que lo lograra. Siguió un plan minuciosamente preparado y un intenso periodo de entrenamiento. Con la mejor cuerda del mercado, que compró en Londres, y unas alpargatas con suela de cáñamo, que compró en Madrid, logró, a los 35 años, llegar a una cumbre considerada entonces poco menos que inalcanzable. Fue decisiva, la ayuda del cainejo un hom- S bre fornido, un cazador acostumbrado a moverse entre las peñas y tan duro como ellas. Pero fue Don Pedro quien puso el alma, la inteligencia y el corazón para llegar hasta donde nadie había llegado antes. A aquella cumbre le siguieron otras, quizás menos espectaculares pero con más valor ejemplar para los que vinieron después. Otras cumbres en el campo medioambiental, como la aprobación por las Cortes españolas de la primera Ley de Parques Nacionales. El discurso que pronunció Pidal en el Congreso en defensa de dicha Ley, suscitó una enorme emoción. No las risas y el desconcierto que provocaban, en otras ocasiones sus salidas de tono. Cuando el Marqués hablaba de la naturaleza no había más remedio que tomarle en serio. Era implacable: hay que fusilar sin piedad, llegó a decir, a todos los destructores de lo limpio... a los que acaban con bosques milenarios para lucrarse con unas pesetas En el fragor de las vicisitudes políticas de su época trató de mantener la defensa de los Parques nacionales: por encima de la República y de la Monarquía Lo consiguió durante un cierto tiem- po, pero finalmente hubo de dejar paso a las nuevas ideas, políticas, generacionales y científicas. Pero ahí quedaban, para la historia, los Parques de Covadonga y de Ordesa. Para que nada le faltara, Pedro Pidal fue también guadarramista. Socio de honor de Peñalara, institución que le homenajeó en varias ocasiones y en cuya revista se publicó el relato de su subida al Naranjo, su nombre esta asociado a algunos lugares emblemáticos de nuestra sierra, como la Peña del Arcipreste de Hita o la Fuente de los Geólogos. En la inauguración de ambos monumentos pronunció discursos enardecidos, entusiastas. Así era Don Pedro: decía lo que le salía del alma, llegaba a las cumbres por convencimiento. Peleó por conseguir leyes protectoras del medio natural, pero sabía que esto no era suficiente. Cazador empedernido, llegó a ofrecer un premio de cien pesetas a quien denunciase la caza de rebecos en el Parque Nacional de Covadonga. Comprendió que era imprescindible que se extendiera una actitud vigilante y comprometida entre la mayoría de la población. Una vez más se adelantaba en esto a su tiempo. En su defensa de la naturaleza, en lo pequeño y en lo grande este vitalista personaje no bromeaba, no se andaba con chiquitas. Llegó a las cumbres cuando no había senderos o apenas eran reconocibles. Ahora, por caminos más abiertos y transitados, no equivoquemos el rumbo: la valentía, la pasión y un poco de locura siguen siendo necesarias. No tenemos derecho a desorientarnos ni a flaquear; sería para matarnos. Vendría D. Pedro, ya hemos visto como se las gastaba, y nos fusilaría. Con razón. Cuadernodelguadarrama hotmail. com