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32 Internacional DOMINGO 19 12 2004 ABC El Caníbal de Cancún GUMARO DE DIOS ARIAS LA SEMANA INTERNACIONAL A una de sus víctimas, según relató, la mató porque no le compró la droga que le había pedido y tampoco le devolvió el dinero que le había entregado para adquirirla MAL NEGOCIO, BUENA POLÍTICA La adhesión de Turquía a la UE, una apuesta a medio plazo, compleja y de final incierto, supondría un alto coste económico, pero aportaría a Europa un rédito político incalculable SEBASTIÁN BASCO La carne estaba muy buena, me sabía como a borrego POR MANUEL M. CASCANTE. CORRESPONSAL CIUDAD DE MÉXICO. Fueron como dos kilos y medio que me comí, y todavía quería seguir... La carne estaba muy buena. Me sabía como a borrego y si me hubieran dejado me lo comía todo dijo Gumaro de Dios Arias, el Caníbal de Cancún tras ser detenido por la Policía mexicana en Playa del Carmen, apenas a unas decenas de kilómetros al sur del conocido emporio turístico de Cancún, por el asesinato de su compañero. Este feroz Arias, de 26 años de edad, contó luego a sus captores que había matado a el Guacho porque éste no le compró la droga que le había pedido y tampoco le devolvió el dinero que le había entregado. Otros medios más o menos próximos a la investigación, sin embargo, aseguran que la víctima murió por negarse a mantener relaciones sexuales con quien a la postre fue su asesino. En su escalofriante relato ante las autoridades, Gumaro de Dios Arias narraría que su compañero se desmayó después de ser golpeado con un grueso cable de electricidad; luego lo colgó y, cuando parecía que despertaba, lo volvió a golpear en la cabeza con un ladrillo. En ese momento, Arias dice que estaba drogado, tras haber inhalado pegamento. Cuando fue descubierto por la Policía en una palapa (choza) perdida en la selva, el caníbal dormía cerca del cuerpo mutilado (le faltaban varias vísceras y grandes pedazos de carne de las piernas) mientras que en una improvisada parrilla crujían sobre las brasas el corazón, un riñón y algunas costillas del infortunado. Según relató el homicida, tras desangrar a su víctima, le cortó parte de la pierna izquierda con una espátula para preparar un caldo de verduras pero no me gustó y, después, se preparó unos filetes del muslo acompañados de pimientos verdes, cebollas y tomate. Luego intentó buscar algo a lo que le dicen mondongo para lo cual abrió el cuerpo en canal, pero no lo encontró. El asesino, hecho un Arguiña- E Gumaro de Dios Arias, en los calabozos de la Policía no, dijo que el bofe (pulmones) le supo a chivo pero la pierna fue lo más rico También confesó que no se terminó los riñones porque les cayó una mosca y me dio asco Su intención era acabar con el cuerpo y conservar el esque- AP Cuando fue descubierto por la Policía en una choza perdida en la selva, Arias dormía cerca de un cuerpo mutilado Los reclusos del penal de Playa del Carmen se niegan a compartir celda con este Hannibal Lecter de la Riviera Maya leto para recordar a su amigo, de quien dice desconocer su nombre y a quien se refiere únicamente como mi compinche Al ser presentado ante la Justicia, Gumaro Arias aceptó los cargos de homicidio premeditado y no mostró arrepentimiento alguno por su conducta. No me arrepiento de nada. Ya lo hice Mientras, los reos del penal de Playa del Carmen se niegan a compartir celda con él. Por algo será. El director de Seguridad Pública del Estado de Quintana Roo, Henry Boldo Osorio, asegura que los internos protestaron por la presencia de Gumaro de Dios y se negaron a aceptar entre ellos al caníbal, ya que nadie quiere dormir con él debido a sus muchos excesos maniáticos y a su gusto por la carne humana Si es hallado culpable, Arias podría ser condenado a una pena máxima de veinticinco años de prisión. uropa crece y crece. Tal vez demasiado aprisa. Puede que falta de calcio. En apenas unas décadas ha pasado de ovocito político a fornida potencia, toda una promesa en ciernes. Sorprende su vitalidad, dada la edad provecta de la mayoría de los miembros de este club: en sólo tres zancadas- -las incorporaciones sucesivas de Gran Bretaña, ajena ya a su espléndido aislamiento; de las tres jóvenes democracias, española, portuguesa y griega; y de los nuevos socios del Este, una vez desmoronado el Muro de Berlín- -ha saltado limpiamente un trecho espectacular, si se tiene en cuenta la amplísima longitud de onda de los ciclos históricos. En una metamorfosis inversamente proporcional, en resultados y expectativas, a la experimentada por Gregorio Samsa, aunque kafkiana también, aquella Europa que conocimos, la vieja puta se ha transformado en una moza cortejada. Y se dispone a tomar impulso para un cuarto salto. El intento merece una fanfarria o, al menos, un redoble de tambor. Es el más difícil todavía: ¡meter a 70 millones de turcos en el camarote de los hermanos Marx! En términos económicos, nadie duda de que la operación es muy mal negocio. Los previsibles réditos no justifican el capital a invertir. Sólo en política agrícola, la entrada de Turquía supondrá un mínimo de 11.300 millones de euros en la partida presupuestaria anual, que asciende a 45.000 millones. En cuanto a fondos estructurales y de cohesión, el nuevo socio sería considerado Objetivo 1 -receptor preferente de las ayudas- -durante años y años y años, ya que su renta apenas llega al 28,5 por ciento de la media comunitaria. Todo esto, en el debe. En el haber: sus más de 70 millones de habitantes podrían ser un gran mercado potencial, pero no lo son, ya que el PIB turco representa sólo el 2 por ciento del de la Unión y su capacidad de compra es muy limitada. En el terreno político y geoestratégico, sin embargo, la adhesión de Turquía a la Unión es una muy buena, inmejorable, apuesta. Por esa misma razón que despierta tantos recelos: se trata de un país islámico. Sí, pero es el más potente, en todos los órdenes, y el único casi democrático desde que Kemal Ataturk (el padre de los turcos) hiciera una apuesta por el laicismo impensable, todavía hoy, en cualquier otra nación islámica. Durante el siglo XXI, de cuyo largo y tortuoso camino apenas hemos andado un 4 por ciento del recorrido, el peligro, como se ha demostrado ya con creces, vendrá del fundamentalismo islámico. Todo empieza con un terrorismo osado y novedoso, atentando acá y acullá... y vaya usted a saber cómo termina. Desconfiemos de los profetas. Algunos han anunciado la III Guerra Mundial. Pero no bajemos la guardia, porque las coces de Bin Laden- -versión barbuda y guarra del pulcro Doctor No- -pueden tumbar a cualquiera. Necesitamos a Turquía, su buena voluntad y la nuestra, para desmentir a esos farsantes del choque de civilizaciones de los estados fallidos y de el siglo XXI será religioso o no será Apostemos por Turquía. Metida en la Unión, será el antídoto para muchos males. De lo contrario acabaremos a misilazos. Nosotros, los yanquis y esos zumbaos de la media luna.