Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
42 Madrid SÁBADO 18 12 2004 ABC MADRID AL DÍA DAR LA TALLA MANUEL DE LA FUENTE a ven, uno es un poco rarito. La verdad es que siempre lo ha sido. No porque viva de alquiler en estos tiempos, que también. No porque no tenga carné de conducir, que también, y mis buenas reprimendas conyugales me llevo por ello. No porque ande metido en algún armario, ni tampoco porque no me guste la comida japonesa, ni el vino caro (ni el barato) ni porque me guste el country, ni tampoco porque no soporte a la tuna, ni porque odie la ópera y todos sus derivados. No qué va. Tan sólo sucede que me gusta comprar ropa. Para mí y para mi Mari o cuando no había Mari para quien tocase. Pues sí, me gusta. Y, hasta hace poco, ni yo ni las mismas Maris habíamos tenido la más mínima queja. Acertaba siempre, y además a la primera. En estilo, en forma y, por supuesto, en talla. Pero las cosas han cambiado, vaya si han cambiado. No sé si será cosa de la marabunta textil china o de la marabunta textil hindú, no sé si serán culpables los mercadillos, los talleres ilegales, los metrosexuales o los memosexuales, pero el caso es que no doy ni una. Por más que lo intento y por más que miro, comparo y si veo algo mejor pues lo compro, no tiene solución. El caso es que mi señora tiene todas las cosas (pero todas, oigan) en su sitio, para desconsuelo de escuerzos y sinapismos varios de ésos que sufren tanguitis (esto es, que se les van los ojos tras los tangas, esto es, tras el continente, pequeño continente, y no tras el contenido) de modo y manera que no tenía que romperme la cabeza para dar con el modelo adecuado y la talla justa, la M Pero últimamente hay emes que pueden servirte para apañar el cortinaje, o como un cubrecama, pero también hay XL y hasta XXL que te las compras con toda la ilusión del mundo a sabiendas de que podrán contener tu barriguita cervecera y toma, se las tienes que poner al geyperman o a los famobil que dan menos talla que una minifalda de la Barbie Resumiendo, que lo que fue un placer se ha convertido en un martirio, y mi vida se consume en un ir y venir de tickets ¿se puede cambiar? señorita) en un ir y venir de taxis a toda prisa para descambiar. Yo ya no doy la talla. Y DIMES Y DIRETES PEDRO NÚÑEZ MORGADES DEFENSOR DEL MENOR EDUCACIÓN PARA QUE HAYA FUTURO e cumplen ahora 15 años desde que se aprobó, el 20 de noviembre de 1989, la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada casi universalmente- por todos los países del mundo a excepción de Somalia y Estados Unidos- y que obliga a todos los Estados a respetar los derechos consagrados en la misma para garantizar a los niños su desarrollo en las mejores condiciones de bienestar, obligación que se extiende a todos los miembros de la sociedad y a la familia. La Convención consagra cuatro principios fundamentales: el interés superior del menor, la no discriminación, el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo y el derecho a participar y opinar libremente. Este reconocimiento, que debe inspirar todas las Legislaciones, fue un hito histórico en lo que a la consideración del niño como sujeto pleno de derechos se refiere, pero debe plasmarse en la realidad de manera efectiva para conseguir que la infancia sea realmente lo que, sobre el papel, se pretende. En el mundo hay unos 2.100 millo- S nes de niños y niñas, el 36 de la población global y el panorama no resulta demasiado esperanzador: de cada 100 recién nacidos, 26 no recibirán vacunas, 30 padecerán desnutrición durante sus primeros 5 años de vida, 25 vivirán en condiciones de extrema pobreza, 17 no irán nunca a la escuela; aún mueren en el mundo 10 millones de niños y niñas al año por enfermedades fácilmente curables en los países desarrollados, más de dos millones han perecido, en el pasado decenio, en conflictos armados, casi 250 millones son víctimas de explotación laboral, de los que casi 6 millones trabajan en condiciones rayanas en la esclavitud, un número cada vez más elevado de niños es víctima de abusos o abandono... No podemos dejar que estas terribles cifras formen parte sólo de las frías estadísticas para componer un panorama desolador. Tienen que remover conciencias: las más globales, a través de las políticas de los Gobiernos del mundo- nacionales, autonómicos y locales- y las más cercanas, las de las propias familias y la sociedad en general, que debe- mos también comprometer nuestras actuaciones atendiendo siempre al interés del menor e intentando paliar las carencias que puedan sufrir. Y entre los compromisos a adquirir, considero que las políticas presupuestarias de los Estados deben primar la educación (aunque, en muchas ocasiones, sea tan difícil educar desde el hambre o la extrema necesidad) por ser ésta base de igualdad social y de oportunidades y como garantía de progreso. En definitiva, como elemento de preparación individual para tratar de asegurar un futuro común. En este sentido, la Uesco ha reclamado una ayuda extra de 5.400 millones de euros al año y en su informe Educación para todos constan más de 103 millones de niños sin escolarizar, una cifra que desciende muy lentamente a pesar de los esfuerzos realizados, aún claramente insuficientes. Es más, según las previsiones de aumento de la inversión destinada a educación, ésta no será suficiente para cumplir el objetivo marcado en el año 2.000 por 160 países en Dakar de alcanzar la educación primaria universal en 2015. Establezcamos pues prioridades, con decisión y convencimiento, y acometamos la inversión necesaria sabiendo que estamos, sin duda alguna, asegurando el futuro de muchos países, incluido el nuestro propio. Y hagamos mayores esfuerzos especialmente desde los más desarrollados: por solidaridad y por débito hacia todos los niños y niñas del mundo, porque mientras las cifras del sufrimiento y las carencias sean las que son, todos, sin excepción, debemos sentirnos responsables.