Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
20 Nacional DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES MIGRANTES SÁBADO 18 12 2004 ABC ABC ha recorrido el itinerario de los jornaleros sin papeles que desde hace varias semanas aguardan en los pueblos jiennenses la oportunidad de trabajar en la aceituna. Llegaron engañados por unas octavillas que prometían jornales para todos Inmigrantes en Jaén, aceituneros fallidos TEXTO: MARISA MARTÍNEZ FOTO: MANUEL MIRO ÚBEDA. Sobre un fondo gris plata un rayo que no cesa advierte del riesgo: No tocar, peligro de muerte Ajeno a la amenaza, un grupo de inmigrantes ocupa el interior de la torreta de electricidad reconvertida en dormitorio, en cocina, en salón multiusos. Hace en Úbeda un frío de Garci, de posguerra, un frío triste, un frío que comparten solidariamente, como si fuera un pan, los vecinos de la ciudad renacentista y los centenares de temporeros que, engañados, han llegado desde Madrid convencidos de conseguir jornales en la campaña de recolección de la aceituna. Es mediodía. De la torreta sale un joven que arrastra una maleta sin prisas. Los apaleados nunca las tienen. Vuelvo a Madrid dice resignado. La resignación es el válium de los perdedores. Les consuela. Este joven se sabe perdedor. De conocer la historia sabría también que es la antítesis de Julio César: viene, ve sin ser visto y nunca vence. Lo malo es que esta vez se las prometía felices. Llegó hasta Úbeda empujado por un panfleto distribuido a inmigrantes en la capital de España. El texto, un ejemplo de optimismo gastronómico, indicaba que en Úbeda ataban a los perros con longaniza. O, dicho en jerga laboral, que en la comarca de La Loma había trabajo para todos, documentados e indocumentados. Así que el joven, un sin papeles emprendió su camino a Ítaca. Y, claro, Ítaca le decepcionó. Con el agravante de que, al no haberse convertido en sabio, tampoco ha descubierto el sentido de este viaje a ninguna parte. Ni él ni los que, como él, espoleados por la necesidad, azuzados por el hambre e ilusionados por las octavillas, han recalado en Úbeda para nada. Es el caso de otro magrebí con el que ha compartido estancia en la torreta. Mientras el primero sortea el barro para dirigirse hacia la estación de autobuses, el segundo sale de la improvisada vivienda con la intención, según informa, de regresar también al foro. Un grupo de inmigrantes pernocta con todos sus enseres en una nave abandonada en las afueras de Jaén el resto de los municipios olivareros de Jaén, como acredita el trayecto realizado por este periódico por el área noreste de provincia. El itinerario de la desolación enlaza Siles con la capital de La Loma, trayecto que comprende los municipios de La Puerta de Segura, Arroyo del Ojanco, Villanueva del Arzobispo, Villacarrillo y Torreperogil, poblaciones con un factor común en forma de imagen: decenas de inmigrantes apostados en las fachadas, como prostitutas del jornal que aguardan la llegada de agricultores con un tajo que echarse a las manos. tar la vista, pero como la solución de su problema no vendrá desde un turismo, ni siquiera miran de reojo a quienes aprovechan la prohibición de la señal para observarles: una decena se apiña bajo la lluvia, mientras tres compañeros se dirigen con paso lento hacia una tienda de alimentación. No tienen necesidad de andar deprisa porque ni un solo Land Rover, el coche de sus sueños laborales, aguardará su regreso. La situación empeora en Villanueva del Arzobispo, donde al menos un centenar de inmigrantes se concentra en la parte alta del pueblo, el lugar donde están instaladas las grandes almazaras de aceite de oliva. El problema es que se han adelantado a la recolección porque la sequía otoñal ha retrasado la maduración de la aceituna. De manera que, sin éxito, aguardan durante horas la llegada de empresarios agrícolas provistos de peonadas y buena voluntad. A los agricultores las primeras se les suponen, pero la segunda choca con la amenaza de prisión que pende sobre los empresarios que contraten a un inmigrante sin permiso de trabajo. Úbeda, centro de agrupamiento Más de lo mismo, aunque en menor número, se encuentra en Villacarrillo y Torreperogil. Y más de lo mismo, aunque en mayor número, en Úbeda, ese lugar en el mundo reservado para los que aún confían en los panfletos. En Úbeda los inmigrantes se han convertido en parte oscura del paisaje urbano, en contrapunto de la opulencia arquitectónica de una ciudad de clase media, tan orgullosa de su condición de Patrimonio de la Humanidad como molesta por la llegada en masa de unos parias que, tras constatar la realidad, se sienten asimismo defraudados con la ciudad. Cae la noche al realizar el itinerario en sentido inverso. El vehículo, a una moderada velocidad de crucero, recorre ahora la geografía del dolor a partir de Úbeda. Los inmigrantes siguen en pie, junto a las fachadas, en este trayecto del revés. Ninguno se guarece de la lluvia. Del frío sí. En La Puerta, una fogata encendida junto al río Guadalimar introduce un destello de prehistoria en el municipio. Alimenta el fuego un grupo de temporeros. ¡Qué lastima me dan! dice un usuario del coche mientras enciende la calefacción. De pueblo en pueblo sin trabajo Como el empresario agrícola, por lo general, no llega nunca si no hay papeles de por medio, los más impacientes deciden cambiar de municipio. Nada más salir de Siles, a escasos kilómetros de La Puerta, dos magrebíes recorren el camino en sentido inverso por el arcén bajo un aguacero del que no intentan librarse mediante la petición de ayuda a los conductores. Cuentan con el aval de la experiencia para no intentar siquiera pedir a algún automovilista un poco de caridad vial. A la entrada del Arroyo del Ojanco, a escasos metros de la señal que prohíbe superar los 50 kilometros por hora en población, junto a un semáforo en ámbar que obliga a frenar, se encuentra la primera hornada de inmigrantes, en su mayoría subsahariana. La llegada de un tractor les haría levan- Sobrevivir como se puede Otros no tienen tanta urgencia en retornar a la capital. Mientras los dos magrebíes inician el regreso, algunos compatriotas suyos se guarecen en un par de tiendas de campaña realizadas con plásticos e instaladas en el descampado. A escasos metros otro inmigrante desafía a la escarcha en mangas de camisa. La valentía, en su caso, es una manera de mantener a raya a la desesperación. Ni él ni la mayoría de los que han realizado tan largo trayecto están dispuestos a dejarse doblegar por las circunstancias. Mañana será otro día, parece ser el lema de los que, hoy por hoy, no tienen porvenir. No lo tienen en Úbeda ni tampoco en La situación empeora en Villanueva del Arzobispo, donde al menos un centenar de inmigrantes se concentra en la parte alta del pueblo, el lugar donde están instaladas las grandes almazaras de aceite de oliva