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66 Espectáculos VIERNES 17 12 2004 ABC VIERNES DE ESTRENO La música de Andrew Lloyd Webber es la verdadera protagonista de esta versión de El fantasma de la Ópera llevada a la pantalla por Joel Schumacher El cantor fantasma TEXTO: JULIO BRAVO MADRID. La película de Joel Schumacher no es la primera versión de la novela de Gastón Leroux. La historia de Erik, el misterioso habitante de los sótanos de la Ópera de París, y su embrujada relación con Christine Dáae, una joven cantante que se debate entre su amor por Raoul de Chagny y su misterioso maestro, ha conocido más de una decena de adaptaciones cinematográficas o televisivas, con nombres tan significativos en sus repartos como Lon Chaney, Nelson Eddy, Claude Rains, Burt Lancaster, Robert Englund, Julian Sands, Maximilian Schell, Jane Seymour o Michael York. La música de Andrew Lloyd Webber es la principal protagonista de esta película, al fin y al cabo una recreación cinematográfica del musical estrenado en 1986 en Londres (donde todavía se representa hoy en día) y que han podido ver en todo el mundo más de setenta millones de espectadores. Cuando escribió El fantasma de la Ópera el músico británico era ya uno de los más afamados compositores de la escena internacional. Había estrenado ya obras como Jesucristo Superstar Evita o Starlight Express pero con el Fantasma dio un paso adelante al componer una suntuosa partitura de acentos clásicos, la música más abiertamente operística que había escrito nunca como él mismo dijo entonces. La música que suena en teatros de todo el mundo desde el 9 de octubre de 1986, es la que misma suena en la película de Joel Schumacher, aunque con una mayor riqueza, puesto que, en lugar de la veintena de músicos que toca la obra en el teatro, aquí ha sido una orquesta sinfónica la que ha servido la partitura de Lloyd Webber, dirigida por Simon Lee. El compositor ha escrito aproximadamente quince minutos de música incidental, para subrayar varias escenas ideadas por Schumacher, y ha añadido una canción, Learn to be lonely que suena sobre los títulos de crédito finales, y que canta Minnie Driver (a quien, curiosamente, dobla en la película una cantante lírica) Aunque han sido muchos los nombres que han sonado para encarnar al fantasma (hubo incluso encendidas discusiones sobre el asunto a través de internet) finalmente ha sido un actor semidesconocido, Gerard Butler (sin experiencia teatral, además) quien se ha hecho con el papel. La jovencísima soprano Emmy Rossum, que a sus dieciocho años ha intervenido ya en películas como Mystic River o El día de mañana y que desde niña canta con asiduidad en el MET neoyorquino, es Christine Daaé, la obsesión del fantasma; y Patrick Wilson, un habitual de los escenarios de Broadway, encarna a Raúl. Versión española Hace apenas unos meses que el montaje teatral madrileño de El fantasma de la Ópera echó el telón. Era lógico, pues, que se echara la vista hacia sus intérpretes para realizar la versión española de la película. Y en ella no están todos los que fueron, pero sí fueron muchos de los que están. Juan Carlos Barona interpreta al Fantasma, un personaje que conoce muy bien, ya que fue el suplente del protagonista en el teatro Lope de Vega, y tuvo ocasión de cantarlo en muchas funciones. En la misma situación se encuentra Julia Möller, que canta en la película el papel de Christine Daaé después de haberlo hecho en el Lope de Vega como alternante. Raúl es en la versión española Paco Arrojo, experimentado intérprete de musicales y miembro igualmente del reparto original de Madrid. Junto al trío protagonista, en la banda sonora de la versión española se puede encontrar a Yolanda Pérez (Madame Giry) David Muro (André) Tony Cruz (Firmin) Belén Marcos (Carlota) Enrique Ferrer (Piangi) o Ana Alborg (Meg Giry) la mayoría de los cuales estuvieron también en el Lope de Vega. El lujo de la grabación española proviene de la participación del espléndido Coro de la Comunidad de Madrid. Gerard Butler y Emmy Rossum, en los sótanos de la Ópera de París El fantasma de la Ópera Música que no has de webber déjala correr ANTONIO WEINRICHTER La comedia musical es uno de los géneros que encuentra más resistencias en el espectador, sobre todo en los países en donde no existe la correspondiente tradición teatral. Aquí en España han empezado a funcionar recientemente versiones autóctonas de legendarios shows anglosajones, lo que sin duda contribuirá a la buena recepción de esta adaptación de uno de los espectáculos más longevos de la historia del musical escénico. Su director, el imprevisible (escapaz de rodaren planDogma Tigerland y thrillers con pie forzado como Última llamada Joel Schumacher, ha optado por una presentación naturalista de la historia, como si fuera una película de época convencional: no recurre a estrategias distanciadoras que enmarquen la artificial- -o, nunca mejor Dirección: Joel Schumacher Intérpretes: Gerard Butler, Emmy Rossum, Patrick Wilson, Minnie Driver Nacionalidad: EE. UU. GB, 2004 Duración: 143 minutos Calificación: dicho, teatral- -premisa de unos diálogos cantados y unas acciones coreografiadas, como hacen los mejores musicales recientes De- lovely Hedwig y la pulgada rabiosa Ello produce el efecto de subrayar, con la sobreabundancia de medios de una superproducción de cine, lo tópico de un libreto que no nació para funcionar como un argumento convencional, con su atmósfera de gótico trasnochado, su ingenua, su galán y un monstruo tan sensible que apenas se permite algún estropicio gore Bajo la tutela del todopoderoso Webber, la película no se permite tampoco veleidades con las canciones: suenan sin cesar para deleite de los millones de espectadores que ya las oyeron de lejos en algún teatro y que aquí podrán ver de cerca a los protagonistas del melos- drama. A uno este tipo de canción melódica cantada con tesón y sin ningún sentido del humor- -excepto el guiño Castafiore que Minnie Driver le inyecta a su diva excesiva- -le deja frío y le hace evocar la versión pop que hizo Brian de Palma El fantasma del Paraíso o la posmoderna que habría hecho Baz Luhrmann. Pero si son webberianos no me hagan mucho caso: ya saben que la música de la noche nunca suena a gusto de todos.