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ABC VIERNES 17 12 2004 Nacional 17 LAS NEGOCIACIONES SOBRE EL PEÑÓN GIBRALTAR: CUESTIÓN DE ESTADO BERNARDINO LEÓN Secretario de Estado de Asuntos Exteriores y para Iberoamérica a política sobre la cuestión de Gibraltar debe ser una cuestión de Estado. Así se ha considerado siempre por los sucesivos Gobiernos de nuestra democracia y por el principal partido de la oposición, cualquiera que fuese, desde la Declaración de Lisboa de 1980. El último ejemplo de esta consideración lo constituyen las negociaciones sobre cosoberanía de los años 2001- 2002, apoyadas por el Partido Socialista en la oposición. El actual Gobierno manifestó desde el primer momento que el objetivo relativo a las cuestiones de soberanía de España sobre Gibraltar permanecía inalterado. Consecuentemente, ha tratado de impulsar alguna vía de negociación ante el estancamiento de las negociaciones desde el verano de 2002. Pese a los indudables avances, no se progresó más debido principalmente a dos hechos. En primer lugar, no se consiguió la participación del Gobierno de Gibraltar en las negociaciones. Es cierto que los ministros Josep Piqué y Jack Straw invitaron reiteradamente al Gobierno Principal de Gibraltar a participar en sus negociaciones, con la fórmula de dos banderas, tres voces con voz propia y diferenciada y que el Gobierno británico insistió repetidamente en su compromiso de solicitar el consentimiento de los gibraltareños sobre cualquier acuerdo al que llegase con España. Sin embargo, el ministro principal de Gibraltar declinó en todo momento esa invitación. En segundo lugar, la excesiva relación mecánica establecida entre avances en materia de soberanía y avances en cooperación tuvo un efecto paralizante. Hay que establecer un sistema de transmisión de impulsos con un efecto multiplicador y no reductor. La negociación sobre la soberanía nunca podrá tener resultados en un clima de confrontación y de desconfianza. A juicio del Gobierno, la cooperación local y regional tiene un valor intrínseco y es necesaria para crear un clima de confianza. L Nada parece impedir que se trate a las autoridades locales y a los habitantes de Gibraltar con el debido respeto y con normalidad, dentro de los límites del respeto, a su vez, de las normas de la Unión Europea, de nuestra propia posición y del estatuto de Gibraltar. La paralización de las negociaciones hispano- británicas permitió al Gobierno de Gibraltar la convocatoria de un referéndum, cuyo resultado imposibilitó seguir por la misma vía. Era precisa, por tanto, la apertura de una nueva vía sin cambiar el objetivo relativo a las cuestiones de soberanía. En la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de España y del Reino Unido celebrada en Madrid el pasado 27 de octubre se volvió a poner en marcha el proceso de diálogo detenido en 2002. Se hizo referencia a la creación de un nuevo foro de diálogo con agenda abierta sobre Gibraltar, en el que Gibraltar tendrá voz propia. La agenda abierta del nuevo foro implica que, en su orden del día, el Gobierno español puede introducir, en el momento que lo considere oportuno, cualquier punto relativo a la negociación. En el comunicado conjunto se dice asimismo que se entiende que para el Gobierno español la cooperación local está en el contexto de los objetivos del Gobierno español en relación con la soberanía de Gibraltar. El que Gibraltar tenga voz propia y distinta de la del Gobierno británico no significa que tenga igualdad constitucional con dos Estados como España y el Reino Unido. Desde 1969, el Gobierno británico ha reiterado que no llegará a ningún acuerdo en las negociaciones con España sin el consentimiento de los gibraltareños. Este compromiso puede gustar o no, pero es una realidad del proceso ¿Será más fácil o más difícil obtener algún día ese consentimiento con los representantes de Gibraltar sentados a la misma mesa? El Gobierno español no ha concedido ningún derecho de veto a Gibraltar con este foro, sino la posibilidad de participar en un diálogo a El Gobierno español no ha concedido ningún derecho de veto a Gibraltar con este foro, sino la posibilidad de participar en un diálogo a tres bandas tres bandas. Un acuerdo sobre soberanía siempre será entre Estados, pero ignorar la voz y la opinión de los gibraltareños sería un error. Ayer, 16 de diciembre, los Gobiernos de España, del Reino Unido y de Gibraltar confirmaron el establecimiento del nuevo foro y acordaron sus modalidades. Todo ello sin perjuicio de las respectivas posiciones. El establecimiento del nuevo foro se ha complementado con la creación de una Comisión Mixta de Colaboración y Cooperación Gibraltar- Campo de Gibraltar, entre los que se establece la debida coordinación. Por el lado español, la representación en la Comisión Mixta corresponde a la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar. Ya se han celebrado las primeras reuniones de esa Comisión Mixta, en un ambiente constructivo de cooperación, con la participación del PSOE, el PP y de todas las fuerzas políticas representadas en los siete Ayuntamientos del Campo de Gibraltar. En el contexto del nuevo foro se ha acordado ya la constitución de un Gru- po de Trabajo sobre las pensiones de los antiguos trabajadores españoles en Gibraltar. La primera reunión de este Grupo de Trabajo se celebrará en Londres en la segunda mitad del mes de enero. En el mes de febrero se celebrará ya la primera reunión formal del foro que abordará de manera principal la negociación de un acuerdo de utilización conjunta del aeropuerto de Gibraltar, entre otras cuestiones. En definitiva, con esta nueva fórmula el Gobierno ha buscado una vía de salida a una situación paralizada, pero no ha sustituido el Proceso de Bruselas al que se sigue considerando un activo valioso. Sin renunciar en absoluto a su objetivo sobre la soberanía de Gibraltar, se hace una aproximación global a la Cuestión de Gibraltar con sentido práctico, tratando de crear el ambiente necesario para un desarrollo satisfactorio de la negociación. Con esta nueva estrategia, se pretende que el problema (Gibraltar) que hasta ahora se consideraba un irritante, se convierta en una oportunidad utilizada oportunamente para dinamizar, en la dirección correcta, las relaciones entre España y el Reino Unido y para propiciar el desarrollo económico y el progreso de la región del Campo de Gibraltar, gracias a la confianza que se vaya creando entre los habitantes a ambos lados de la verja. Cerrar los ojos ante la realidad no es la mejor manera de encontrar la solución a un problema. Hace falta ser firmes en lo esencial y tener la capacidad de entender los problemas y dificultades de la otra parte para poder progresar en una vía conciliatoria. El Gobierno está intentando combinar, de forma serena y constructiva, una nueva estrategia con el mantenimiento de nuestras posiciones y nuestros objetivos fundamentales. Se trata de sumar a los anteriores esfuerzos, mantener lo conseguido por los anteriores ejecutivos y tratar de llegar allí donde ellos no pudieron. La política exterior debe contar con muchos instrumentos, y el consenso- -fruto del sentido de la responsabilidad de todas las fuerzas políticas- -entre los más destacados. Ya dijo Cicerón que sin consenso no hay Estado. Creemos que estamos en la vía correcta, y por ello pensamos, como decía al principio, que Gibraltar debe ser una cuestión de Estado.