Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 17 12 2004 Opinión 5 Sobreactuación Cándido Conde- Pumpido anunció ayer la creación de una fiscalía especial para la atenciónde lasvíctimas delterrorismo. Tras cuarenta años de desatención, en sólo dos días se ponen en marcha sendas instituciones (la primera el Alto Comisionado) y a toda prisa. Las víctimas necesitan atención y máxima eficacia en sus asuntos, no la creación de más y más instancias que pueden llegar a solaparse. Excusas a su manera Dos semanas después, Carod- Rovira ofreció unas tímidas excusas sobre su llamamiento a boicotear desde Cataluña la candidatura de Madrid 2012. En el entretanto, un dirigente de ERC asesoró a Nueva York 2012. Forzado por la declaración de apoyo de Maragall, el político independentista ha dicho que tuvo un mal momento, un simple calentón que le llevó a decir en público lo que muchos catalanes pensaban en privado O sea, que dijo lo que pensaba. Todo un avance, pues hace un año no solía decir ni lo que hacía. En Perpiñán, por ejemplo. La Roca se crece Pocos políticos habría ayer más exultantes en el planeta que Peter Caruana, ministro principal de Gibraltar. Afirmaba que el foro tripartito para el Peñón satisface todas sus demandas. Especialmente alborozado se mostraba con la posibilidad de poder vetar cualquier decisión que alcancen Madrid y Londres. Nuevo éxito de la diplomacia española: una colonia, con derechos propios de un Estado. RETRASO DIPLOMÁTICO RAMÓN PÉREZ- MAURA REUTERS Pues va a ser que no. Un inesperado retraso en el avión que le trasladaba a Bruselas impidió al primer ministro polaco, Marek Belka, llegar a tiempo para reunirse con José Luis Rodríguez Zapatero antes de la cena de jefes de Estado y Gobierno que participan en el Consejo Europeo. La entrevista trataba de suplir a la del pasado día 14, en el seno de la Cumbre hispano- polaca, y que Zapatero canceló al encontrarse algo cansado tras declarar durante catorce horas ante la Comisión del 11- M. El ministro polaco para la Integración Europea, Jaroslaw Pietras, afirmó entonces que los españoles van a darse cuenta de que lo que hizo Zapatero reduce su capacidad de abogar por el voto de Polonia. Ahora tendrán que esforzarse más UENTAN los periodistas polacos acreditados en Bruselas que durante el Consejo Europeo del pasado mes de junio José Luis Rodríguez Zapatero manifestó su deseo de conocer al primer ministro polaco, Marek Belka- -aunque en Moncloa sigan poniendo en los programas oficiales Leszek Miller, o peor aún Millar, entonces ya era Belka el jefe del Gobierno. Se improvisó una sala de reunión y Zapatero aguardó en ella la llegada del polaco. Éste, avisado de la imprevista cita, marchó a paso ligero a la sala, entró y Zapatero le dirigió una mirada sin levantarse del sofá. Belka, desconcertado, preguntó: ¿No había usted pedido ver a alguien? Quién sabe, quizá Zapatero esperaba a Miller. Ayer no tuvo ocasión de hacer un feo semejante. Concertada una breve entrevista de diez minutos para pedir disculpas por el feo del pasado martes, cuando el presidente del Gobierno español primó su descanso sobre sus compromisos de Estado, ayer el avión del premier polaco sufrió un retraso muy conveniente que le impidió disponer de diez efímeros minutos para escuchar las disculpas de su par español. Ahora, lo más conveniente es acogerse a la excusa oficial y creernos que el desencuentro fue fruto de la casualidad. Que los polacos han comprendido perfectamente las razones de Rodríguez Zapatero para plantarles antes de una cumbre en la que ambos países se juegan su futuro financiero en el marco de la Unión- -para cuando se celebre la cumbre ya estará casi todo el pescado vendido- -y que en política exterior no paramos de mejorar. El presidente del Gobierno puede seguir viviendo en ese limbo si lo desea. Pero le convendría contar con algún asesor honesto que le haga ver la realidad de las cosas. Pretenden reequilibrar la política exterior española devolviendo peso al eje europeo. Pero, para eso, lo primero es no humillar a nuestros aliados naturales. Hemos llegado a un punto en que hay que escribir obviedades. C