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4 Opinión VIERNES 17 12 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO TURQUÍA EN EL HORIZONTE DE EUROPA UROPA tiene ante sí el mayor de sus retos. Tratar de ser fiel a sus propios principios y trascender los prejuicios e incertidumbres que imponen la cultura, la historia y la religión, para aventurarse por ese horizonte de libertad al que sirven los valores de la sociedad abierta. Europa estáen la encrucijada más difícil: descubrir si es sincera o no consigo misma, con aquello que dice defender por vocación y proyecto. De hecho, esta encrucijada tiene un nombre en estos momentos: Turquía. La entidad política, cultural y religiosa de este país y el trasfondo histórico que envuelve su nombre van más allá de una simple incorporación. Ochentamillones de turcos, una sociedad mayoritariamente islámica y unas fronteras que se sumergen profundamente dentro del difícil y poliédrico escenario del Oriente Próximo son los obstáculos en los que Europa se prueba a sí misma. Los riesgos y las incertidumbres son indudables a primera vista, mientras que las ventajas requieren un análisis más elaborado, en el que las convicciones y los principios pujan con las dificultades mencionadas. Con todo, la mayor de ellas- -y la más difícil, en el fondo, de admitir como tal- -es la religión. Durante siglos, Europa ha vivido en Turquía una amenaza política asociada al avance del Islam sobre el continente. Los Balcanes y Grecia conservan fresca la memoria de una historia que no hace falta remontar mucho en el tiempo. Sin embargo, los esfuerzos de Turquía por hacer conciliable el Islam con Occidente están también en los pliegues recónditos y próximos deesa memoria compartida. Precisamente estos esfuerzos son hoy evidentes. Primero, porque la tradición laicista de la Turquía kemalista sigue proyectando su energía modernizadora sobre la actualidad. Segundo, porque esa corriente se ha ZARAGOZA 2008 ARAGOZA ha logrado el objetivo y será sede de la Exposición Internacional del año 2008. Éxito alcanzado en torno al agua y a su uso solidario en todo el mundo, con un proyecto, éste sí, que ha unido a partidos de todos los signos, trabajado primero por el PP, luego por el PSOE, y que merece la lógica felicitación compartida de toda la sociedad española. Pero no deja de ser paradójico que haya sido justo el agua la bandera capaz de hacer brillar a la capital aragonesa, después de años en los que esta Comunidad ha alzado la voz contra el trasvase esperado en las deficitarias cuencas hídricas del Levante español. El PSOE no dudó en ponerse al frente de la movilización, en la que no le faltó el fiel e interesado coro del Partido Aragonés (PAR) y de Chunta Aragonesista (CHA) Esto en absoluto ha de ensombrecer la elección de Zaragoza para albergar la Expo de 2008. Antes al contrario, su celebración y el éxito alcanzado por su candidatura han de ser asumidos en el discurso interno. Aragón tiene la oportunidad de proyectarse al exterior, pero también de contribuir a la discusión fructífera en torno a la gestión solidaria del agua en España. Y el discurso de la solidaridad debe ser digerido especialmente por aquellos que, desde posiciones de partido, enarbolaron la bandera para movilizar a una sociedad, la aragonesa, que tiene motivos para exigir agua, pero que precisamente por ello ha de comprender también que, saldado su déficit, debe contribuir a calmar la sed de sus vecinos. El agua, en la carrera zaragozana por la Expo de 2008, ha estado al margen de las disputas políticas que acompañaron al trasvase del Ebro. Por ello ha contado con el imprescindible apoyo nacional que permitirá garantizar una inversión cercana a los 1.500 millones de euros en Zaragoza en los tres próximos años, el 70 por ciento cubierta por fondos estatales. El éxito se ha alcanzado justamente por esa unión de esfuerzos y, en buena medida, gracias a que el proyecto ha estado apartado de las discusiones de partido acompañadas de no poca estela electoral. Otra buena lección que queda escrita, en un momento en el que algunos no dudan en estirar la cuerda con irresponsabilidad centrífuga, para cuestionar las bases de la identidad compartida y múltiple de un armónico Estado de las Autonomías. Para Aragón, la Expo supone la oportunidad de asomarse a la escena internacional y de hacerlo con fortaleza dentro de España. Más que su capital, lo necesita una Comunidad con mucho territorio y poca población. Y toda España ha de contribuir al éxito. E visto reforzada con la apuesta de Turquía por la democracia y el respeto a los derechos humanos, salvaguardando la separación que debe darse entre las esferas religiosa y política con una rigurosidad más intensa que en algunos países de la UE. Así las cosas, Europa tiene que decidir si negociará o no con Turquía su adhesión. Poco importa ahora fijar una fecha definitiva para ello, aunque parece lógico que el lapso temporal no se demore excesivamente en el tiempo. En este sentido, la actitud decidida de Durao Barroso puede contribuir a que el proceso sea más rápido de lo previsto evitando condiciones de último minuto que entorpezcan lo que tendría que ser definitivamente resuelto en el marco del actual Consejo de la Unión que se celebra en Bruselas. En realidad, los recelos de última hora no serían tales, sino excusas para evitar lo que tendría que ser inevitable con la fuerza de los hechos: el sí a un país que ha hecho el esfuerzo responsable de ir reuniendo paulatinamente todos los requisitos que condicionan su adhesión. Precisamente si esto no se tuviera en cuenta y países de calado como Francia y Alemania dieran rienda suelta a sus dudas al respecto, entonces Europa se estaría deslizando por una pendiente sin retorno, ya que la arbitrariedad en el caso turco podría ser el anuncio de nuevos vetos que podrían ir frustrando no sólo la programada expansión de la Unión sino, sobre todo, la consolidación interior del proyecto de construcción europea y, al fin, su propia viabilidad. Es indudable que Turquía se juega mucho ante esta decisión europea. De hecho, un no podría abrir un proceso de involución islamista de consecuencias imprevisibles. Pero más se juega Europa todavía: su razón de ser y, lo más grave, su confianza en sí misma están ligadas a lo que decida sobre Turquía. Z OTRO APAGÓN A YER fue Huelva la ciudad que tuvo que aprender a vivir sin luz. No es normal la frecuencia con la que se están produciendo interrupciones en el suministro eléctrico. A este paso vamos a acabar celebrando el Día sin Apagones. Seguro que hay razones técnicas y económicas que explican cada uno de los incidentes concretos que han alterado gravemente la vida diaria de los ciudadanos, pero esas razones no pueden justificar que tener luz se haya convertido casi en un hecho aleatorio en un país rico. No es el momento de echarse los trastos a la cabeza entre empresas y administraciones públicas para evadir responsabilidades, sino de constatar que el sistema eléctrico no funciona como corresponde a nuestro nivel de desarrollo, porque ni las empresas ni los gobiernos han resistido la tentación de jugar con las rentas del monopolio. Los ciudadanos tienen derecho a exigir un inmediato diagnóstico del problema y de las posibles soluciones, sin demagogias ni politiquerías ni promesas falsas. El sector eléctrico está liberalizado, pero sujeto a una fuerte regulación y a un régimen de precios administrados, entre otras cosas para garantizar el suministro. Por eso no es un problema estrictamente privado. El Gobierno tiene la oportunidad de demostrar que gobierna para todos los ciudadanos y que no se encuentra perdido en batallas simbólicas, y de convencernos de que presta la debida atención a la gestión de los asuntos cotidianos que determinan nuestra calidad de vida. Las empresas eléctricas, por su parte, han de probar con hechos que el cliente es lo más importante y que su compromiso con la responsabilidad social corporativa es algo más que propaganda. De los organismos reguladores cabe esperar eficacia para definir con independencia y rigor técnico los problemas y acotar las posibles soluciones que luego habrán de adoptar los responsables políticos. Lo único que no puede pasar es que todo siga igual.