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ABC JUEVES 16 12 2004 Cultura 63 Academia de Bellas Artes Nieto Alcaide, nuevo director del Museo El académico Víctor Nieto Alcaide, catedrático de Historia del Arte, ha sido elegido director del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en sustitución de Antonio Bonet Correa, que había presentado voluntariamente su renuncia. En la misma sesión plenaria fueron reelegidos José Antonio Domínguez Salazar y José Luis Álvarez como bibliotecario y censor, respectivamente. CLÁSICA Ciclo de Lied Obras de Mendelssohn, Schumann, SaintSaëns, Chausson, Massenet, Fauré, Rossini y Dvorák. Intérpretes: Barbara Bonney, soprano. Angelica Kirchschlager, mezzosoprano. Malcolm Martineau, piano. Lugar: Teatro de la Zarzuela. Fecha: 13- XII GOSPEL Festival Caja Madrid Concierto del Georgia Mass Choir. Lugar: Teatro Casa de Campo, Madrid. Fecha: 14 de diciembre DOS SON UNA ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE EL ESPÍRITU CIRCENSE DE UN CORO LUIS MARTÍN Nombramiento Emiliano Martínez, presidente de FGEE Emiliano Martínez fue elegido ayer Presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) cargo que desempeñará durante los próximos dos años. Emiliano Martínez sustituye en el cargo a Jordi Úbeda, que seguirá en la Junta Directiva como vocal. Emiliano Martínez, ocupó la presidencia de la FGEE durante los años 2001 y 2002. Asimismo, desde octubre de 2003 es Presidente del Gremio de Editores de Madrid. Música Itinerarios del sonido, en la parada del autobús La Residencia de Estudiantes celebra hoy una mesa redonda- -Luc Ferrari, Kristin Oppenheim, Trevor Wishart y Fernando Millán- dentro del ciclo Itinerarios del Sonido, un proyecto de arte público en el que participan artistas de prestigio internacional, que realizarán una pieza sonora con el contexto de distintos lugares de la ciudad, y que en primavera podrán ser escuchadas en las marquesinas de los autobuses. arbara Bonney y Angelika Kirchschlager conocen el Ciclo de Lied. Es decir, saben de las peculiaridades de un espacio que tiene la medida exacta para la voz cercana, que cuenta con un público que escucha, respira al unísono y, además, llena su aforo. Es una juntura de elementos que en pocos lugares del mundo se consigue con la singularidad que se ha alcanzado en el Teatro de la Zarzuela. A quienes lo saben, como Bonney y Kirchschlager, se les nota que vienen a apurar la experiencia tratando de aprovechar todos y cada uno de los segundos del tiempo compartido. No es frecuente escuchar un principio de recital tan seguro, preciso y templado, y a partir de ahí una actuación tan mantenida en su regularidad. Bonney y Kirchschlager comenzaron dando a los dúos de Mendelssohn el valor de lo sencillo mediante lo más difícil: la precisión en la afinación, el ensamblaje de las timbres, la compenetración en el concepto y el buen gusto. Bonney y Kirchschlager no suman sus voces, las compensan. En este recital se demostró que importaba la unión frente a cualquier individualidad y a partir de ahí el valor de la sincronía de los vibratos, la regulación de los volúmenes, la igualdad en las respiraciones y fraseos, o sea la uniformidad de criterio. Fue toda una declaración de principios escuchar la medida españolidad del cancionero de Schumann, la gracia de Saint- Saëns, la pecu- B C Barbara Bonney liar libertad de la línea melódica de Chausson, algún filado en Massenet y el refinamiento melódico de Fauré, sus Pleurs d or a la cabeza. Luego, en la segunda parte la simpatía y los detalles humorísticos de Rossini vinieron a prologar la llana autenticidad, tan cercana a la tierra y a lo que se vive con intensidad, de los Dúos moravos de Dvorák. Junto a Bonney y Kirchschlager estuvo el pianista Malcolm Martineau, quien volvió a interesar por la seguridad, el ajuste con la voces y la compenetración antes que por la capacidad para participar como verdadero recreador de un mundo sonoro con expresión enteramente propia. Es posible que de haber dado más vuelo a su actuación todo el recital pudiera haber tenido un punto más elevado de poesía. Fue, en cualquier caso, un placentero y original viaje por un repertorio elegante e infrecuente. Alcalá Toros considera su canon económico el más realista Engrandecerlaplazade torosde Madrid. Ése es el objetivo de Tomás Entero y Roberto Espinosa si su sociedad, Alcalá Toros, gana el concurso por la Monumental de Las Ventas. Queremos que sea el epicentro del toreo universal manifestaronayerdurantelapresentación de su oferta, en la que apuestan por una completa programación taurina y el fomentoculturaldelaFiesta. Ysisepretende ofrecer lo mejor- -señaló Espinosa- hay que pensar en atender las necesidades del día después a la adjudicación, es decir, cómosepagaafiguras, ganaderos... Porello, consideramos que nuestro canon económico (4.210.000 euros) es el más realista En la imagen, Entero, Tito José Pajares- -otro de los socios de Alcalá Toros- -y Espinosa, durante la rueda de prensa. DANIEL G. LÓPEZ ada edición que transcurría, hasta un total de nueve, las expectativas se acrecentaban para escuchar, ver y disfrutar el gran mercado del gospel y los espirituales negros que Caja Madrid traía en forma de festival hasta el Centro Cultural de la Villa. Esta temporada, el cambio de recipiente- -por el más desangelado y extraño del Teatro de la Casa de Campo- -no ha permitido que el milagro siguiera su curso: atraer, si cabe, más aficionados a este encuentro. Y, así, la convocatoria ha quedado considerablemente deslucida, pues es cosa sabida que el gospel hay que sudarlo y también que no se disfruta- -ni se defiende- -igual con una sala llena de público que con huecos en el patio de butacas. El asunto es aún más llamativo si quien comparece en la escena es el Georgia Mass Choir, una formación activada desde la ciudad a la que hace mención su nombre por un animador que es, también, cantante y director de la coral. Un tipo con un dominio escénico propio de un humorista y que, con el nombre de Milton Biggham, está empeñado en alimentar la energía de su grupo con la ayuda del entusiasmo de los asistentes. Para ello no duda en servirse de las luces de la sala, en usar el diálogo con quienes ocupan las butacas más cercanas y en la constante invitación a la participación que, desde un repertorio en el que lo que prima es el circo, todo el mundo acepta. Estas canciones, apoyadas por un cuarteto instrumental de discreto lustre, están dirigidas a una patria de aficionados que- -insisto, en franca minoría- -venera los valores de los espirituales negros. Básicamente, gente dispuesta a hacer la ola, dar palmas, adoptar actitudes propias de remero de galera e, incluso, salir a escena y dirigir la coral. Un detalle, no obstante, ensombrece el espectáculo cuando se comprueba que el número de los componentes del Georgia Mass- -por motivos económicos, supongo- -se ve reducido esta vez a menos de la mitad de los que nos visitaron en el año 1998. Esta es la clase de fallo que resta fuerza a una pegada en la que, por encima de todo, brilla el contagioso sabor festivo de quienes saben animar el cuerpo a cuerpo. En cualquier caso, las palmas sonaron al unísono, atronadoras siempre.