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42 Madrid JUEVES 16 12 2004 ABC MADRID AL DÍA HÉROES PEDRO MONTOLIÚ H ablar de heroísmo en una sociedad tan egoísta como la nuestra sorprende por lo extraño. A veces, en esos vídeos que recogen peleas callejeras, contemplamos atónitos cómo cuatro o cinco ¿personas? apalean a otra. Nuestra sorpresa no la suele provocar la diferencia numérica sino la presencia de un buen número de transeúntes que asisten inmóviles a lo que está sucediendo. Lo mismo podría decirse de cualquier situación que entrañe peligro, sea ésta un incendio, un accidente, un derrumbamiento o una inundación. Sin embargo, en ocasiones, muy pocas, la situación da un vuelco. La tensa expectación es rota por una persona que logra despertar la conciencia del resto, que consigue soldar voluntades que eviten el desastre o que, de encontrarse sola, toma la decisión de jugarse la vida por los demás. Ha pasado ya una semana y posiblemente Santiago Mero, un camionero empleado en una empresa de mensajería, esté ahora más confuso de lo que estuvo en la noche en que, tras comprobar cómo un conductor kamikaze, ajeno a luces y bocinazos, se estrellaba contra otro turismo, paró su vehículo y se lanzó armado de un extintor a encontrarse con el horror envuelto en llamas. No continuó su marcha ni se limitó a llamar al 112. Él afirma que hubo más personas que le ayudaron y que uno le dio la navaja con la que cortó los cinturones de los niños que, sentados en sus asientos especiales, veían, aterrados cómo las llamas devoraban su coche y los cuerpos de sus padres. Santiago sólo recuerda que arrancó o arrancaron una puerta, que utilizó el extintor para frenar la marcha del fuego, que cortó los cinturones y sacó a los niños. Si se le dice que ha salvado dos vidas responde que se han perdido otras dos y rechaza que le califiquen de héroe. Cuando la Guardia Civil y los bomberos se hicieron cargo de la situación, Santiago, en vez de volver a casa, recorrió trescientos kilómetros para entregar su mercancía. Él, modesto, no lo pensará, pero es un héroe y esta sociedad debe agradecer su ejemplo. DIMES Y DIRETES LUIS MARTÍ MINGARRO DECANO DEL COLEGIOS DE ABOGADOS DE MADRID PROFESIONALES Y COHESIÓN SOCIAL El autor plantea el servicio a la sociedad que prestan los profesionales liberales y sus colegios profesionales que garantizan la cohesión social cuando guardan la salud, acceden a la justicia o protegen la libertad de expresión. as profesiones liberales son hoy el fruto de una brillante historia de continuo servicio a la sociedad. Primero, estableciendo referentes éticos y exigencias de cualificación para la prestación de sus servicios; y, segundo, constituyendo un aglutinante básico del progreso social hacia el triunfo de la razón y de la civilización. Desde el arte de los arquitectos, desde el empirismo científico de los médicos, desde las ingenierías que impulsaron el progreso, desde el espíritu de lucha por el derecho de los abogados independientes, se fueron construyendo los principios que arrumbaron el Absolutismo e implantaron la democracia. El ciudadano ha ido adquiriendo a lo largo de los tiempos el hábito de entregar su confianza a quienes en materias específicas, y en el uso de la lex artis de cada quien, están en condiciones de ayudarle, desde el más profundo humanismo, en la satisfacción de L sus esenciales aspiraciones, bien ante el infortunio de salud, bien ante la justicia, bien ante los múltiples retos de la vida moderna. Los colegios profesionales surgieron espontáneamente para tutelar los valores que cada profesión debe atesorar, transmitir y poner al día generación tras generación. Son un ejemplo emblemático de sociedad civil articulada por sus propios artífices y que han merecido, con el consen- Desde el arte de los arquitectos al espíritu de lucha de los abogados se construyeron principios que arrumbaron el Absolutismo so de todos, que los poderes públicos les deleguen el cuidado de sus propia ética y calidad. Como es natural, sometidas siempre al control final de los jueces. Así, en un mundo que avanza entre tensiones del estatalismo frente a la libertad, las profesiones, centinelas de específicas libertades, garantizan estabilidad y cohesión social cuando es preciso guardar la salud, acceder a la justicia o proteger la libertad de expresión. En tiempos donde la confrontación política empieza a transmitir la sensación de que no sólo se enfrentan los líderes, sino que pueden estarse enturbiando la convivencia y el consenso constitucional, los colegios profesionales hemos de seguir dando ejemplo de nuestro sentido vertebrador y de nuestra capacidad de superar, con el diálogo y el debate, las discrepancias. El Colegio de Abogados de Madrid, toda una tradición, toda una historia y todo un presente, es un ejemplo del que debemos sentirnos orgullosos. Cuando las circunstancias lo han exigido asumió el papel de foro de libertad donde no las había. Y cuando ya las libertades imperan, está en condiciones de poner de manifiesto la necesidad de que las diferencias políticas, fruto del más abierto y comprometido pluralismo, devengan en soluciones de razón y de concordia. Que nadie se justifique pensando que quienes están sembrando la cizaña son sólo los otros. No vaya a ser que la batalla que no ha ganado el terrorismo la perdamos todos al quedarnos sin el referente de consenso que nos permitió en 1978 retomar en paz, completamente puestos al día, el camino del que nos había apeado la confrontación política desbocada.