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ABC JUEVES 16 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY El comunismo tiene algún famoso sólo para que Gallardón pueda decir que la cultura es de izquierdas y ser de derechas en lo demás GASPAR LLAMAZARES OMBRE, Llamazares. Con estas comparecencias ex excelentísimas en la Comisión parlamentaria del 11- M, se me ha pasado felicitar con efusión y entusiasmo a Gaspar Llamazares por su reelección como coordinador, presidente, jefe o como se llame, baranda en definitiva, de Izquierda Unida. Yo creo que Gaspar Llamazares, un médico que amplió en Cuba sus conocimientos de comunismo, o sea que hizo el máster con Fidel Castro, volvió a España con el encargo específico de aplicar la eutanasia a lo que queda aquí del Partido Comunista y similares, más algunos alrededores y adherencias. Hay que reconocer que está haciéndolo muy requetebién y que ya lleva el trabajo muy adelantado. Puede estar orgulloso de su actuación, que ya ha dejado el partido reducido a cuatro o cinco diputados, incluido él, naturalmente. O sea, un vestigio. Bien es verdad que ya en la Santa Transición renació bastante escuchimizado si se le compara con la fuerza que cobró en la Guerra Civil, cuando administraba la ayuda de Rusia y mandaba tanques con la Estrella Roja como matrícula. El día en que Adolfo Suárez ordenó su legalización por sorpresa repicaron todas las campanas, quizá porque se hizo en un Sábado de Gloria. Creo recordar que en las primeras elecciones llegó a obtener veinticuatro o veinticinco diputados. Tenía gente importante, diputados versados en economía y en política, como Ramón Tamames, cito como ejemplo ilustre. Santiago Carrillo, con su Paracuellos al hombro, y después de un exilio con muchos puntos oscuros o tal vez terribles, echaba discursos casi razonables en aquel primer Parlamento, y se zafaba de seguir dócilmente a los socialistas cuando éstos pedían la reprobación de este o aquel ministro con la triquiñuela de decir que siempre en las filas de UCD se podría encontrar otro ministro peor. Así iba manteniendo el tipo del partido y un número discreto de diputados. Pero enseguida llegó la decadencia, y por allí pasaron Gerardo Iglesias, a quien le fallaba el apellido y dicen que también el trago, no sé, y Julio Anguita, quien al menos tenía sintaxis y ortografía. Al final, ese batiburrillo que por paradoja llaman Izquierda Unida dio en las manos del médico venido de Cuba con el máster en comunismo firmado por Fidel Castro, toma nísperos. Gaspar Llamazares ha convertido el Partido Comunista en una comparsa de pancarteros al servicio del socialismo. Ni siquiera les queda el consuelo de la nostalgia, porque todo aquello que podrían rememorar tienen que llevarlo escondido. Eso sí, todavía levantan por encima de la cabeza o del sucedáneo el puño cerrado, que en la Guerra Civil daba miedo, pero que ahora da la risa. Ya no les queda ningún poeta grande, que lo tuvieron, y viven de esos poetas que nunca mueren, como Alberti y como Neruda, y conservan algún alguna cantante y algún actor o alguna actriz, sólo para que Alberto Ruiz- Gallardón pueda seguir diciendo que la cultura es de izquierdas, afirmación que permite ser de derechas en todo lo demás, pero sin llamar mucho la atención. Total, que con Llamazares, a la consunción. H DARÍO VALCÁRCEL El mundo ¿debe apostar a ciegas por China? Ni su crecimiento es seguro ni su economía imbatible. William Pfaff explicaba la semana pasada cómo los analistas y brokers desconocen la historia, lo cual es una desventaja BUEN AÑO, OSCURO HORIZONTE OS resultados de la economía mundial, según datos del Fondo Monetario, han sido notoriamente buenos este año. Grandes países en desarrollo han crecido por encima del 6 por ciento (India) incluso hasta el 8,8 (China) Hubo en 2004 avances no menores en América Latina y norte de África. En 2005- 6, el petróleo, los tipos de interés y el retroceso norteamericano harán caer levemente el crecimiento mundial, quizá hasta el 3,2 por ciento, desde el 4 por ciento en 2004. El petróleo ha bajado a 40 dólares pero podrá subir hasta 60 el año próximo. Si el barril se mantiene bajo, la renta per cápita subiría de aquí a 2015 hasta un promedio de 3,5 por ciento al año, un crecimiento que duplica al de 1990- 99. Según Eric Le Boucher (Monde, 13.12.2004) el número de los extremadamente pobres, con ingreso de un dólar diario, podrá descender desde 1.200 millones de 1990 a 622 millones en 2015. Pero la desigualdad aumenta. Los problemas creados por la guerra, la escasez del agua y el sida- tuberculosis- malaria permanecen como principales generadores de pobreza. Aunque el gran problema sea, como hace 50 años, la extensión y calidad de la educación. Hay un dato de particular interés en el informe del Fondo: Estado y Mercado, dos conceptos que escribimos con reverencial mayúscula, se hacen cada vez más complementarios. No somos economistas, pero entendemos la información: sin las reglas y constante vigilancia del Estado, la degradación del mercado no tarda en llegar. Pero los Estados necesitan desesperadamente de los mercados. Al contacto con la realidad, la vieja polémica con o contra el mercado se ha revelado banal. La economía que crece y reparte beneficios surge de una combinación de neoestatalistas y neoliberales. La dimensión de los mercados es clave. Estados Uni- L dos resiste con sólo 280 millones de consumidores gracias a su dinamismo interior. Italia o España existen gracias a la Unión Europea. El año próximo China rozará los dos billones de dólares de PIB (Hong Kong incluido, Taiwan excluido) unos 300.000 millones por debajo de Francia. Pero China crece con disciplina desde hace 25 años. Desde Deng Xiaoping hasta Hu Jintao, todo se ha hecho con prudencia extrema y autoridad férrea. Sin embargo, el mundo ¿debe apostar a ciegas por China? Ni su crecimiento es seguro ni su economía imbatible. William Pfaff, el gran escritor americano, explicaba la semana pasada cómo los analistas, brokers y ejecutivos de bancos de inversión desconocen la historia, lo cual es una desventaja. Hoy vivimos en un ciclo de alta peligrosidad. El hecho de que América compre productos manufacturados en China, de modo que China, enriquecida por sus ventas, compre bonos del Tesoro americano, puede llevar a consecuencias inesperadas. Gracias a esas adquisiciones la Reserva Federal logra mantener razonablemente bajos los intereses de la enorme deuda de Estados Unidos, lo que permite a los americanos endeudarse de nuevo y hacer más compras. El ahorro parece haber desaparecido de la sociedad americana. La pelota vuelve al campo de Bush, triunfalmente reelegido. Pero su discurso del 20 de enero 2005, ante las escaleras del Capitolio, carecerá de valor si, al menos, no enfrenta tres problemas: el regreso a la austeridad fiscal, el juego limpio (o menos sucio) en el comercio mundial y la apertura de una esperanza americana a un mundo sin petróleo. Bush no parece interesado en esto último, su mundo es el del corto plazo, sólo cuatro años. Entre tanto, Estados Unidos ha de pedir prestados cada día 5.000 millones de dólares para financiar su déficit comercial y su gigantesca deuda.