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ABC JUEVES 16 12 2004 La Tercera EL PRESUPUESTO NO ES EL CULPABLE L informe de la OCDE según el cual el nivel de los alumnos de enseñanza secundaria en España es muy deficiente ha tenido una cosa buena: por fin se habla de Educación en los periódicos. Yo lo intenté no sólo en ABC, también en El País y un silencio ominoso cayó sobre esos artículos. Ahora la OCDE se atreve a decir que el rey está desnudo. Algunos nos habíamos atrevido antes, rodeados de espeso silencio. Ya digo que me alegra. Pero me irrita, no puedo evitarlo, que se responda que ese bajo nivel (que no se niega) se debe a falta de presupuesto. No es verdad. Cuanto más presupuesto, mejor, si se invierte bien. Pero la cuestión es otra: la enseñanza secundaria ha sido sistemáticamente demolida desde hace mucho tiempo. Algo diré de la universitaria, también. Creo que tengo algunos títulos para hablar: he profesado estas enseñanzas durante muchos años, desde los años cincuenta he luchado públicamente por ellas, han salido de mí muchos profesores de Instituto y Universidad que no me dejarán mentir. En la enseñanza secundaria, sobre todo el profesorado está desesperado por esta decadencia impuesta. Muchos sufren depresiones o se jubilan anticipadamente o me dicen voy a intentar resistir uno o dos años como si estuvieran en Numancia. El PP echa la culpa a la LOGSE. Por supuesto que tiene razón, pero la cosa venía de antes. De la Ley General de Educación de 1970 y de antes aún, cuando suprimieron el examen de ingreso en el Bachillerato (yo estaba en aquellos tribunales, había alumnos que sabían más que algunos bachilleres de hoy) Luego vino, ciertamente, la LOGSE. Subió el número de alumnos. Pero el gran desafío consistente en lograr la extensión de la enseñanza sin rebajar sus niveles no se logró. Los niveles fueron rebajados sistemáticamente con pretextos pseudopedagógicos: lo lúdico, la fusión con la enseñanza profesional, el aprobado fácil, el aprender a aprender el recorte de horas y materias, las opcionales, la disciplina imposible, las oposiciones disminuidas, etc. etc. Lean mi libro muy silenciado Defendiendo la enseñanza de los Clásicos de 2002. Allí está todo el detalle. En fin, una desgracia. Tras el mesianismo inicial, ministros socialistas más sensatos, como Solana y Rubalcaba, introdujeron algunos toques realistas. Pero estaban atrapados por la máquina, no podían dar marcha atrás. Cosa que le había querido pedir a Maravall, el primer ministro de Educación del PSOE (que no nos recibió) una Comisión en que iban conmigo Laín, Tovar, Fontán y Gil. El profesorado, en un ambiente lleno de cortapisas (Consejos varios, orientadores de todo tipo, los padres, la Inspección, las Autonomías, etc. hacía (y hace) lo que podía. Desmoralizado por los bajos niveles. Llegó un momento en que suspender era casi un acto heroico (y además inútil) aumentaba el llamado fracaso escolar, el gran coco de los ministros. Los profesores tenían que tolerar a alumnos reclutados a la fuerza y absolutamente desinteresados, que a lo mejor tiraban de móvil o de casco con música y a los que no se podía expulsar. E La Educación, en líneas generales, debe ser competencia del Gobierno. Es el de todos los españoles y debe programar una formación común para todos los españoles. Lo demás es una confusión sin límites Pero cualquier profesor sabe que los alumnos no son iguales, los hay de más y de menos capacidad intelectual. Adecuar la enseñanza a estos últimos es frustrar a los primeros. Para mí, una enseñanza obligatoria hasta los diez años es indispensable. Luego, cada cual llega a donde llega. Hacer a todos pseudobachilleres, a más de una farsa, es un suicido nacional. No es deshonor, me parece, no ser bachiller: hay otras salidas igual de dignas. En fin, continúo la historia, muy abreviada. Antes del 96 los del PP me invitaron a reuniones en su Fundación (aunque yo no era de su partido, ni de ninguno) Hablaban de un Bachillerato serio, de tres o cuatro años, aunque temían su coste político Ganaron las elecciones, pero sin mayoría absoluta. Un alto cargo del Ministerio nos dijo disculpándose, a mí y a otros miembros de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, que no hemos ganado las elecciones Proponía bachilleratizar la ESO No les dejaron bachilleratizar nada. Los cuatro años de Esperanza Aguirre, que tenía buenas intenciones, fueron sencillamente trágicos, al mezclarse la política. Lean mi libro. Cambio de escena: mayoría absoluta del PP en el año 2000. La primera vez que pude hablar con la ministra, Pilar del Castillo, le dije que, en mi opinión, se imponía abrogar la LOGSE. Pues nada de eso. Se contentó con unas tímidas reformas. Isabel Couso y otras autoridades del Ministerio trabajaron lealmente en ellas. Salió el Decreto de Mínimos, salió la Ley de Calidad, ¡pero no llegaron a publicarse los Decretos correspondientes! Y otra vez cambio de escena: el nuevo gobierno del PSOE. Con buen sentido respetaron algunas cosas de la Ley de Calidad, pero lo relativo al currículo queda flotando como el alma de Garibaldi. Simplemente, no se sabe qué harán, probablemente ni ellos mismos lo saben. En unas Propuestas aparecidas en internet hablan de modelo flexible diversificación diálogo autonomías mucha opcionalidad, marías disminución de las materias existentes. Y sobre asuntos vitales (los niveles, horarios, disciplina) nada. No nos tranquiliza en absoluto. ¿Sobre quién caerá esta bomba inteligente A nosotros, los de Clásicas, que con la Ley de Calidad algo, no mucho, habíamos ganado para hacer simplemente posible la enseñanza, se nos abren las carnes. Supongo que a otros también. O sea, como en el juego de la oca: otra vez a la casilla cero. ¿No habría forma de que los partidos se pusieran de una vez de acuerdo en un plan serio, con respeto al profesorado, con respeto a las materias esenciales, con menos opcionales, menos juegos verbales? ¿Menos palabrería pedagógica, más Ciencia? Hacen falta alumnos bien formados, alumnos interesados, no un aluvión no sometido a prueba alguna. Ni se puede trabajar en un estado de perpetua incertidumbre, de perpetua demagogia. Dañina para todos. Y que ni siquiera evita el traído y llevado fracaso escolar. No sé si muchos han reparado en que, en nuestra Constitución, la Educación no figura ni en la lista de competencias del Gobierno ni en la de las Autonomías. A posteriori se hizo un arreglillo que ha sido muy dañino. Que las Autonomías tengan autoridad en materias que les son propias, es justo. Pero voy a decir lo que pienso, de cuando en cuando es sano: la Educación, en líneas generales, debe ser competencia del Gobierno. Es el de todos los españoles y debe programar una formación común para todos los españoles. Lo demás es una confusión sin límites. Lo ha sido, lo es y me temo que, si siguen adelante las propuestas lo será. Pero los políticos en el poder siguen echando balones fuera, dicen que es cuestión de falta de presupuesto e inversiones. Pues no señor: es cosa de falta de racionalidad en la programación. Ya no tengo espacio, pero déjenme lanzar un dardo más, ahora a la Universidad. Es un tema candente, en este momento. Conozco pocos desastres mayores que algunos de la Ley de Universidades del PP. ¿Por qué esas risibles pruebas de habilitación, que ahora mismo se están celebrando, en las que sólo se pide un currículo y una lección preparada en casa? Jueces y concursantes están vendidos: estos no pueden demostrar sus conocimientos, aquellos no pueden juzgarlos. ¿Por qué no se volvió a las oposiciones serias, con prácticos? Y la famosa endogamia sigue vigente con el nuevo sistema. Racionalidad y acuerdo, en este y en muchos puntos más, es lo que haría falta. A ella deberían plegarse los partidos, olvidando la demagogia. Ya ven, no es cosa de falta de presupuesto. FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS de las Reales Academias Española y de la Historia