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4 Opinión MIÉRCOLES 15 12 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO TERRORISMO Y PACTOS POLÍTICOS RAS la oferta lanzada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en su comparecencia ante la Comisión del 11- M para nuevos pactos antiterroristas, la iniciativa de concretar y desarrollar ese ofrecimiento incumbe exclusivamente al Ejecutivo. De él depende que se trate de un intento serio de mejorar la unidad política frente a los terroristas o de un mero ejercicio de propaganda. La propuesta cabalga sobre el prestigio del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo firmado en 2000 por PP y PSOE, pero la situación política no es la misma y, además, el actual Gobierno tiene puestos sus intereses políticos en alianzas con formaciones incompatibles con la letra y el espíritu de ese acuerdo de Estado. La novedad, si es que así se puede llamar a una propuesta repetitiva y filtrada hasta la saciedad, es, por un lado, alcanzar un pacto contra el terrorismo internacional, y por otro, incorporar al Acuerdo Antiterrorista de 2000 a grupos que aún no lo han suscrito. Sobre el papel, ambas ideas son impecables, como tantos otros tópicos del discurso del presidente del Gobierno, pero basta su procesamiento por el filtro de la realidad para constatar las dificultades que existen para su realización. Dificultades que surgen de algo tan grave como que la actitud ante el terrorismo no es la misma por parte de todas las formaciones políticas. Rodríguez Zapatero, mejor que nadie, sabe cuál es la intensidad del compromiso antiterrorista alcanzado con el PP, porque fue él quien tuvo el acierto incuestionable de proponer un pacto de Estado para combatir a ETA. A ese acierto se añadió el del PP cuando quiso cualificar el acuerdo estrictamente antiterrorista con una valoración política sobre la deslealtad del nacionalismo vasco, que apenas dos años antes había convenido con ETA una estrategia coordinada contra los partidos no nacionalistas y para consolidar una hegemonía nacionalista definitiva. OTRA VEZ PINOCHET T Así fue como los dos partidos que representan a más del 80 por ciento de los ciudadanos convinieron que el Estado no iba a pagar un precio político por la paz, que no iban a colaborar con el nacionalismo vasco mientras no se desvinculara realmente del Acuerdo de Estella y que el objetivo era la derrota incondicional de los terroristas. Resulta muy peligroso que al calor del debate sobre el 11- M el Gobierno tiente con una apertura del Pacto Antiterrorista de 2000 y mezcle, aunque sea en el tiempo, esta oferta con un acuerdo contra el terrorismo internacional. Es peligroso porque sólo mediante una devaluación, cuando no un mera derogación, del compromiso político alcanzado con el PP será posible que se integren en él formaciones como el PNV, Eusko Alkartasuna y Esquerra Republicana de Catalunya. Estos partidos ya han demostrado que su rechazo al pacto antiterrorista no es de matiz, sino de fondo, porque no creen en la derrota policial de ETA ni la quieren, porque la perciben, en el contexto de su doctrina frentista, como una derrota del nacionalismo frente al Estado. Noes el momento de confundir con diálogos angelicales sobre la unidad contra el terrorismo, cuya derrota está hoy más cerca a pesar de aquellos partidos a los que ahora Rodríguez Zapatero ofrece, con mucho tacto y nada de ingenuidad, el consenso antiterrorista, pues firmar un acuerdo de esta naturaleza, por muy superficial que fuera, lavaría la imagen de partidos como ERC y haría más fácil la coalición con el PSOE. Sin embargo, nadie está hoy por descubrirse frente a ETA. Tampoco frente al terrorismo islamista, icono subliminal de una izquierda que lo percibe como el justo castigo que merecen las democracias capitalistas. Esta apuesta del presidente del Gobierno sólo va a generarle frustración, porque al final, cuando quiera hablar del Estado, del terrorismo y de los intereses nacionales, no le va a quedar otra opción que acudir al PP. N LECCIÓN EN DIEZ MINUTOS UANDO más arrecian desde el exterior las críticas interesadas sobre el mal comportamiento ético de los espectadores que acuden a los campos de fútbol, la ejemplar evacuación del Bernabéu viene a dejar en su sitio la educación y el civismo de la mayoría de los aficionados. Al tiempo, neutraliza la campaña sobre la escasa idoneidad del público de Madrid, atizada desde otras ciudades candidatas, para acoger como anfitrión los Juegos de 2012. Sin carreras locas ni avalanchas, 70.000 personasabandonaron el recintocon todo ordenen apenas diez minutos y haciendo gala de un modélico temple, pese a la grave amenaza y los inquietantes precedentes: ETA ya atentó hace dos años en los aledaños del Bernabéu, un campo que además estaba en la lista de objetivos del terrorismo islamista. Al éxito del desalojo contribuyó la funcionalidad de C las instalaciones del estadio, donde se han acometido acertadas mejoras arquitectónicas que han potenciado su seguridad. Sobran ejemplos de los efectos catastróficos de las avalanchas cuando el pánico toma las gradas. Las tragedias de Heyssel (Bélgica) con 38 muertos, o de Sheffield y Bradford (Inglaterra) 95 y 53 fallecidos, dan muestra del peligro que encierra una multitud fuera de control. Pero la alabanza del comportamiento general de los espectadores, su madurez cívica ante una situación de alarma, no obsta para perseverar en la tarea de eliminar del graderío las manifestaciones racistas y demás pelaje discriminatorio y ofensivo. Sin embargo la lección del pasado domingo, como la impartida ayer en el Partido contra la pobreza en el mismo foro, parece muy por encima de esas nocivas y detestables anécdotas. ADIE discute que Chile es un buen ejemplo para Iberoamérica. Un paradigma de cómo puede cuajar una sociedad abierta y avanzada en el difícil escenario geográfico iberoamericano. A diferencia de otros países hermanos, se ha conseguido consolidar progresivamente la democracia dentro de un marco de bienestar envidiable. De hecho, Chile ha sorteado milagrosamente los escollos en los que otras naciones iberoamericanas han embarrancado. En este sentido, el proceso de transición política chileno ha sido modélico. No sólo por la sensatez de los partidos y la clase política en general, sino por la lección de responsabilidad del pueblo chileno y, sobre todo, por la generosidad que han exhibido aquellos que soportaron, de un modo u otro, la brutal represión de la dictadura pinochetista. En ocasiones, el valor de la magnanimidad porta consigo una ejemplaridad histórica que hace posible el éxito de una sociedad. Las naciones que han comprendido esto han logrado cimentar en la experiencia del pasado un asidero de estabilidad desde el que han conseguido fortalecer sus lazos cívicos y su prosperidad. Éste ha sido y es el caso de Chile. Ser capaz de mirar hacia adelante y tratar de olvidar es algo más que un gesto político: es una apuesta sacrificada por el futuro de un país; una apuesta histórica por la justicia que apreciarán en toda su intensidad las generaciones venideras. Es indudable que Chile sufrió una dictadura atroz en los años 70. Es más, nadie niega tampoco que Pinochet es la cabeza visible en la que se personifican la violencia y la represión ordenada por un régimen que secuestró la libertad a todo un pueblo. Hoy, Chile es lo que es porque ha manifestado colectivamente la voluntad de construir un futuro de concordia colectiva que ha conseguido suturar el costurón emocional que dejó abierta la herida de la tiranía. El proceso judicial abierto dentro del caso que enjuicia el Plan Cóndor corre el riesgo de abrir esa herida. El procesamiento de Pinochet plantea un escenario complejo cuyo desenlace es difícil de aventurar. Nadie discute que estemos ante la legítima aspiración de quienes reclaman la justicia de que no se silencie el sufrimiento que padecieron las familias de 2.000 víctimas. Es más, su dolor es el dolor de una sociedad y su demanda es, también, la demanda de justicia de un pueblo. La única duda que cabe plantearse es si la condena ejemplar que puede recaer sobre el dictador- -y que no podrá ser ejecutada por su edad- -compensará los riesgos a los que aboca colectivamente. Pero la Justicia no tiene fecha de caducidad.