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ABC MARTES 14 12 2004 Cultura 67 Ve la luz en español y sin censuras el libro de las desilusiones de Chateaubriand El Acantilado publica las Memorias de ultratumba del creador francés b Esta traducción íntegra en El Museo del Prado completa su catálogo de escultura clásica b Miguel Zugaza anunció ayer que Leticia Azcue, hasta ahora subdirectora gerente del Prado, ha sido nombrada jefe de Conservación de Escultura y Artes Decorativas N. P. MADRID. El Prado cierra el año con la presentación de tres catálogos razonados de sus fondos. A los de Luis Meléndez. La serie de bodegones para el Príncipe de Asturias de Peter Cherry y Carmen Garrido, que se presentó en septiembre, y Dibujos italianos del siglo XVI de Nicholas Turner, que vio la luz hace apenas un mes, se suma ahora el segundo volumen del catálogo correspondiente a su colección de escultura clásica, que ha llevado a cabo Stephan Schröder, asesor científico de escultura del museo. Ha contado con la ayuda del Instituto Arqueológico Alemán para la catalogación de las obras. El primero, que fue publicado en 1994, se centró en el estudio de los retratos. Una década después se culmina con las piezas de tema mitológico (unas 130 de las 220 que forman toda la colección) Este exhaustivo estudio, profusamente ilustrado, sigue un orden cronológico por estilos y aporta numerosos hallazgos sobre identificación y datación de obras. El proyecto se incluye en el convenio de colaboración que suscribió el Prado con la Fundación Marcelino Botín para la remodelación y actualización de la sección de escultura del museo. Su presupuesto es de 492.829 euros. El director del Prado, Miguel Zugaza, reconoce lo difícil que resulta reivindicar la escultura en un museo de pintura A pesar de lo cual, ya sólo falta por catalogar la escultura del XIX. Tras la ampliación, una docena de piezas de los Leoni se instalará en el claustro de Los Jerónimos, mientras que se estudia un lugar especial para la serie de las musas de la colección de Cristina de Suecia. español del texto de Chateaubriand, a cargo de José Ramón Monreal, incluye fragmentos íntimos suprimidos de una obra inclasificable SERGI DORIA BARCELONA. Me he encontrado a caballo de dos siglos como en la confluencia de dos ríos, me he sumergido en sus aguas turbulentas, alejándome a mi pesar de la orilla donde naciera, nadando esperanzado hacia la orilla desconocida donde va a abordar las nuevas generaciones Cuando la Revue de Deux Mondes publicó este Prefacio testamentario René de Chateaubriand (1768- 1848) era un hombre que venía del Antiguo Régimen, había padecido la Revolución Francesa, conocía la América virgen y sabía lo que era la defenestración del poder. El autor de René o el apologético El genio del Cristianismo pasaría a la Historia por una docena de tomos y 3.500 páginas manuscritas bautizadas con sombrías resonancias: Memorias de Ultratumba En aquel templo de la muerte erigido a la luz de mis recuerdos que Chateaubriand comenzó en 1811 y culminó entre 1832 y 1842, los progresistas verían al aristócrata que añoraba el viejo orden; tampoco complacía a la derecha: Charles Maurras, cabeza visible de Action Française lo detestará. bro sobre Madame Récamier y el libro sobre Venecia. Como explica el académico francés Marc Fumaroli, Chateaubriand es la conciencia de los contrarios: Capaz de ser un autor del siglo XVIII y también del siglo XX en los lugares más opuestos; de asumir los retos de la sociedad moderna y aplicar la ironía más negra hacia esa sociedad Libro inclasificable, en él subyace, según Marc Fumaroli, el mito del viaje, pero no el del Ulises que retorna a la patria, sino el del Dante que va a un lugar imposible y se ahoga antes de llegar Chateaubriand disecciona la enfermedad que tantas catástrofes producirá en los siglos XIX y XX y que hizo creer que hay un lado bueno y otro malo Patente lucidez Leyéndole entendemos que la literatura es una vacuna contra la rigidez de los sistemas ideológicos. Chateaubriand, como Cervantes en el XVII, no es un catedrático de certezas fáciles subraya. Cuando Berchet publicó las Memorias de Ultratumba en 1989 coincidía con el segundo centenario de la Revolución Francesa y la caída del Muro. Nunca como entonces la lucidez de Chateaubriand quedaría tan patente: La Revolución Francesa, hija del Siglo de las luces, había adquirido también y a su vez esta faz espantosa de Saturno devorando a sus hijos... Las barbaries del siglo XX habían encontrado una especie de garantía idealizada en el precedente del terror de 1793 apunta Fumaroli. Chateaubriand murió en 1848, otro año de revoluciones, y Antonio Brusi dio a la imprenta del Diario de Barcelona una versión en español. Comenzaba la andadura de la Memorias de Ultratumba la voz desde el Más Allá como gran meditación histórica sobre el traspaso del Mundo Antiguo al Moderno, del mundo artistocrático al democrático en palabras de Fumaroli. Ahora, por fin, al completo. Sin fragmentos suprimidos Chateaubriand hipotecó su tumba La intuición de que la obra sería un éxito impelió a la Sociedad Propietaria de la edición a venderla a Émile de Girardin que las publicó en el folletín de La Presse Tanto Chateaubriand como su compañera Madame Récamier vieron horrorizados cómo sus memorias se vendían por piezas a la masa de lectores del diario más comercial de París. De ahí que se suprimieran fragmentos que hacían alusiones íntimas. René de Chateaubriand Habrían de pasar 150 años hasta que viera la luz la primera versión íntegra de Memorias de Ultratumba En 1989, Jean- Claude Berchet la publicaba en Garnier siguiendo las últimas voluntades del escritor y ahora El Acantilado presenta la primera traducción íntegra en español, a cargo de José Ramón Monreal, con los fragmentos suprimidos: la cena en Royal Lodge, el li-