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ABC MARTES 14 12 2004 Madrid 49 Aún conmocionados por la muerte del portero del pub Yoko, los vecinos de la calle Paulina Odiaga de Carabanchel exigen el cierre de un bar al que se habían hartado de denunciar Y el pub acabó mal... MARIO DÍAZ MADRID. Como estamos tan acostumbrados a los gritos, los escándalos y las peleas no piensas que puedan estar matando a una persona María Rosa es vecina del número 4 de la calle Paulina Odiaga, en Carabanchel, y la madrugada del sábado al domingo ni se enteró del asesinato de Maxims Artemov, de 32 años, el portero del pub que se encuentra justo debajo de su casa, el Yoko, a causa de una puñalada en una pierna. Este bar se ha convertido en la pesadilla de todos los vecinos de la calle, al menos de los consultados, pese a que desde la llegada de Artemov, poco antes del verano, los problemas habían disminuido: el portero, un ciudadano ruso sin antecedentes penales y en situación irregular, recibe tantos halagos como críticas el pub donde trabajaba hasta el sábado. Los vecinos no paran de enumerar incidentes en un bar denunciado en múltiples ocasiones y que ha provocado, aseguran, la mudanza de varios de ellos. El asesinato de Artemov ha sido la gota que ha colmado el vaso. Desde que llegó el portero hay menos problemas... ¡al menos no he tenido que llamar a la Policía! afirma Raquel, vecina del bloque frente al bar. Como en toda la calle y en gran parte del barrio, los edificios son bajos, de dos plantas, con alrededor de una veintena de vecinos cada uno, muchos de ellos mayores. Raquel no lo es y sólo lleva tres años allí, pero en su ventana un cartel anuncia que se rinde: Me han destrozado el coche, he visto a gente sacar pistolas, al Samur reanimando gente... ¡tenía que pasar algo así! exclama. Los comerciantes, hartos de la inseguridad Los más de 40. 000 comerciantes integrados en la Confederación de Comercio Especializado de la Comunidad están hartos e indignados por la gran inseguridad que sufren y protestarán enérgicamente contra una situación que, en su opinión, perjudica gravemente la continuidad de muchos establecimientos y deteriora la convivencia ciudadana Por eso, no descartan una gran manifestación. nos públicamente, dice haber visto nada. No debió de gritar, porque aquí se oye todo opina Raquel. A las 3 de la mañana de la noche fatídica, Celia, una señora que vive frente al bar del suceso, llegaba a su casa. Como cada vez que salía, Maxims vigiló con atención a que entrara en el portal. Le pregunté por el frío y me dio las buenas noches; era estupendo, un cielo exclama, al igual que otros vecinos. Hora y media después, alguien acabó con la vida del portero de un preciso navajazo. Era una bellísima persona; ¡es una vergüenza lo que ha pasado con este bar durante tantos años, a ver si es verdad que lo cierran ahora! concluye otra vecina del barrio de avanzada edad que prefiere no identificarse. Infinidad de denuncias ¡Tenía que ocurrir quizá esto para que nos cierren este pub, es muy lamentable, siempre hemos tenido con ellos problemones, no problemas: borracheras, escándalos, gritos, amenazas... hemos puesto infinidad de denuncias! añade María Rosa. Sucedía más con el anterior propietario, éste había puesto más orden sostiene Fadela, vecina del piso que se encuentra justo a la derecha del bar. Las peleas, con todo, nunca habían llegado tan lejos como el fin de semana, cuando Maxims encontró la muerte de una cuchillada en una noche donde se registraron tres apuñalamientos más en Madrid. ¿Quién o quiénes y por qué lo hicieron? La Policía continúa investigando para resolver la incógnita de un suceso donde no les constan testigos. Me han dicho que en la calle había un chorro de sangre que no te puedes hacer a la idea, y que vieron a tres salir corriendo como desesperados, cogieron los coches y salieron disparados, quizá le apuñaló alguno de ellos apunta María Rosa citando a algún vecino de enfrente, aunque nadie, al me-