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ABC MARTES 14 12 2004 11 El Egipcio reconoce ante el juez Del Olmo su relación con varios de los autores de la matanza del 11- M Zapatero estuvo a punto de perder el talante ante Zaplana, que le trató como lo haría un juez tenebroso El gran acuerdo del presidente se diluyó en las pegas de ERC y PNV. Tras más de catorce horas, otra vez la teoría de la mentira. Ahora se llama engaño masivo Zaplana, a los puntos TEXTO: PABLO PLANAS FOTOGRAFÍA: IGNACIO GIL IGNACIO GIL patero mantuvo que un Pacto no diluirá al otro y se fue con el sí de PP, CiU, IU y, desde luego, del PSOE. Los informes de la polémica Zapatero, quien llegó a la comisión con dos informes policiales desconocidos hasta ahora para acreditar la nula vinculación ETA- islamistas- -que fueron calificados por Zaplana como de encargo porque llevaban fecha posterior a la comparecencia de Aznar- negó que España haya perdido apoyo internacional para luchar contra el terrorismo- -tuvo un agradecimiento especial a Marruecos- anunció una reforma de la Ley Orgánica de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para fortalecer su estructura y su coordinación; una base de datos común; e inminentes reformas penales para castigar con más dureza el descontrol y tráfico con explosivos. Fueron, en fin, más de catorce horas de intercambio de acusaciones que dieron para mucho. O para poco, según se mire. MADRID. El mérito del presidente del Gobierno fue someterse a un auténtico interrogatorio. A diferencia de lo que ocurrió hace quince días, cuando Aznar se encontró con los puños blandos y las mandíbulas de cristal de sus interpelantes; Zapatero tuvo que afrontar las pesadas manos del diputado popular Eduardo Zaplana. El presidente estuvo a punto de perder el talante y salió tan aturdido de las interrupciones, trabas y agarrones de Zaplana que las acusaciones del engaño masivo y de que nunca hubo línea ETA emergieron por encima de la propuesta de pacto contra el terrorismo internacional islamista radical por encima del talante. Zaplana rompió el equilibrio del presidente, le dejó fuera de distancia tanto al aproximarse como al alejarse de la cuestión y provocó constantes lapsus en la prédica presidencial. El acto fallido de aludir a la masacre del 11- M como el atentado electoral fue uno de los múltiples defectos de forma en la exposición de Zapatero, que recobró ánimo y talante en los turnos de CiU, ERC, PNV, IU y Grupo Mixto, en algunas fases tediosos, afectados y por momentos hasta reverenciales. Sin embargo, la simbólica comparecencia- -la primera de un presidente ante una comisión de investigación- -no pasará a la historia parlamentaria por la envergadura de lo sustanciado. Para empezar, la propuesta de gran acuerdo topó con las aparentemente insuperables condiciones de ERC y PNV: la extinción del pacto que en su día promovió Zapatero junto al PP para luchar contra ETA. En cuanto a sus aportaciones al esclarecimiento de los hechos, en el aire quedó que el presidente insiste en la relación entre la guerra de Irak y el 11- M- el aumento del riesgo de la amenaza que ETA no tuvo nada que ver ni por lo más remoto en la masacre; que Az- Zapatero pasó de los pactos a las acusaciones en una intensa sesión nar y sus ministros idearon una operación de engaño masivo y que él, Zapatero, ni recibió información privilegiada de fuentes policiales ni su partido tuvo nada que ver en la convocatoria de manifestaciones frente a las sedes del PP. IGNACIO GIL Aznar, Aznar, Aznar Hubo, no obstante, un apunte inédito: Zapatero reveló un comentario de Rajoy sobre una tercera persona, circunstancia que no se ajusta exactamente a la urbanidad, ni siquiera a la parlamentaria. Zapatero le contaba a Rajoy que había hablado con Aznar sobre la gran manifestación contra los atentados y que el entonces presidente se negó a una convoctoria conjunta. Ya sabes cómo es dice Zapa- El acto fallido de aludir al 11- M como el atentado electoral fue uno de los múltiples defectos de forma en la exposición de Zapatero tero que le dijo Rajoy sobre Aznar. Poca cosa, pero indiciaria del nivel de la política. Relevante también fue la duración del acto. A la hora de redactar estas líneas, la sesión llegaba a las catorce horas sin que a Zapatero se le moviera un cabello, sin desfallecimiento, a la cubana, por encima de Acebes y Aznar, con el martilleo final de Zaplana, que también dijo que el Gobierno, pero este, miente. Este alegato se encaramó sobre las peticiones del diputado Joan Puig, de ERC, que aludió insistentemente- -y sin réplica por parte de Zapatero- -a la posibilidad de un cambio de régimen con el nuevo talante. Se encaramó también la persistente sesión sobre la fijación de todos los grupos por ajustar cuentas con Aznar y su Gobierno, por excluir al PP de la razón democrática, por responsabilizar a la política internacional de Aznar del atentado y a la presunta manipulación de la derrota electoral. A Rubalcaba le faltó tiempo. Queda por escuchar a las víctimas, pero primero habrá que discutir quién las representa. Así de chusco.