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ABC MARTES 14 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Ante las preguntas sobre el atentado del 11- M, nuestro Bambi presidencial discurría por los cerros de Úbeda POR LOS CERROS DE ÚBEDA UENTAN que hubo en tiempos un alcalde de la ciudad de Úbeda que tenía amores con una moza garrida de buen ver y mejor palpar que diría Camilo José Cela. Vivía la lozana zagala en alguna casita de los cerros cercanos a la ciudad, y el aplicado alcalde visitaba con frecuencia aquellos parajes de los cerros para encontrarse con lo que entonces llamarían su mozcorra o querindanga. Una tarde de sesión municipal, habiéndole preguntado un concejal por algún negocio o actividad del Consistorio, el alcalde no sabía cómo contestar, o no quería hacerlo con la precisión debida, y se perdió en explicaciones fuera de razón, extendiéndose en circunloquios y vaguedades. En ese momento, el concejal, que seguramente era hombre de ingenio y segundas intenciones, le advirtió: No se vaya usía por los cerros de Úbeda Desde entonces, echar, irse o andarse por los cerros de Úbeda es frase que sirve para advertir a alguien que no tome en lo que diga camino torcido o no se vaya en el discurso por parajes extraños al caso que se debate. Pues bien. Nuestro Bambi presidencial anduvo durante el día de ayer, en su comparecencia ante la Comisión del 11- M, por los cerros de Úbeda. Imitó tan reiteradamente al alcalde del cuento que no dejó cerro sin visita ni camino entre los cerros sin tránsito. Unas veces se iba por las retóricas sendas de la lírica. Otras veces por las cómodas praderas de negar la evidencia. En alguna ocasión ensayaba algo así como la epístola moral a Fabio, y daba consejos al Partido Popular y a su representante allí, Eduardo Zaplana, quien intentaba inútilmente centrar al compareciente en alguna pregunta concreta para obtener una respuesta concreta. Nuestro Bambi presidencial discurría graciosamente, una vez y otra vez, por los cerros de Úbeda. En realidad, el presidente Zapatero es un virtuoso de la elisión y recita muy bien aquello del bulibulibú de la bulibulibancia. Le escucha uno atentamente y al final de una oración saca en conclusión que lo que ha dicho es más o menos que yo mayormente te digo mi verdad, que no hay mejor cosa que lo demás es tontería y que siempre que ocurre lo mismo pasa igual Fabrica en serie el buñuelo de viento gramatical. Intentar arrancarle una afirmación clara y concreta es empresa fracasada de antemano. Y cuando dice algo preciso, que lleva a ojos vista la marca Rubalcaba, es para indicar que no debemos afirmar que el atentado del 11- M produjo un vuelco electoral porque con ello le hacemos un favor al terrorismo. Eso es todo lo que ha aportado Zapatero a la investigación de la famosa Comisión parlamentaria. Eso y una serie de informes que le han preparado los servicios policiales y de inteligencia para responder con lecturas interminables a preguntas concretas. Zapatero sólo quiso dejar claras dos cosas: una, que el atentado no influyó en el resultado de las elecciones; otra, que el Partido Socialista nada tuvo que ver en las manifestaciones de la jornada de reflexión. Y para defender eso hace falta un sofista de más talento, más erudición y más elocuencia que el pequeño Bambi C IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA En contra de lo sucedido hasta ahora con el terrorismo, y en contraste con lo que es usual en los países democráticos, ni la sociedad ha cerrado filas unida ante el terror ni, sobre todo, los dirigentes de los dos principales partidos han logrado la necesaria concordia DISCORDIA NACIONAL OS atentados del 11 de marzo han producido una profunda quiebra de la concordia nacional. Así lo confirma, entre otros muchos síntomas, el desarrollo de la Comisión parlamentaria de Investigación. En contra de lo sucedido hasta ahora con el terrorismo, y en contraste con lo que es usual en los países democráticos, ni la sociedad ha cerrado filas unida ante el terror ni, sobre todo, los dirigentes de los dos principales partidos han logrado la necesaria concordia. Bien es verdad que la responsabilidad dista de repartirse equitativamente y es, si no me equivoco, muy superior la que corresponde al Gobierno socialista. Mientras que una parte del PP, no todo, con el correspondiente apoyo mediático, se apunta a la teoría de la conspiración o desliza insinuaciones y sospechas, todo el PSOE defiende la tesis de que el Gobierno de Aznar mintió. Ninguna de las dos cosas está probada, pero mientras que, sobre la primera, las medias verdades, las ocultaciones y los cabos sueltos no se han desvanecido, la segunda se ha hundido en el descrédito, salvo para quienes no están dispuestos a que la verdad les destruya una interesada falacia. La opinión más sosegada sólo reconoce la mala gestión de la crisis por parte del Gobierno de Aznar, mas nunca la mentira. Esta ruptura de la concordia nacional es el hecho más grave ocurrido durante el actual período democrático. El 23- F generó una reacción casi unánime y las agrias disputas pasadas entre Gobiernos y oposiciones no amenazaron nunca a la concordia fundamental ni al espíritu de reconciliación nacional. Hoy, la sombra de las dos Españas, aunque atemperada por la situación general que vive España, tan diferente de la de hace setenta y cinco años, planea de nuevo sobre nuestra convivencia nacional. Pero su superación no puede depender de la autoinmolación L de la derecha, que, con razón, se siente agredida por las falsas acusaciones contra Aznar y por la utilización del terrorismo en la víspera de las elecciones. Y no es poco lo que ha hecho el Gobierno, la verdad bastante accidental y azaroso, de Zapatero para hurgar en la herida de la discordia. En lugar de reconocer la anomalía de su llegada al poder, que no es lo mismo que ilegitimidad, y de tender puentes con la etapa anterior, se ha venido obstinando en una especie de política de tierra quemada, en la que nada de lo anterior resulta servible y en el aislamiento del PP. El Gobierno se apoya en partidos que rechazan la Constitución y se ausentan de la celebración del aniversario de la Carta Magna; hostiga a los católicos y trata de eliminar toda influencia y presencia del cristianismo en la vida pública; encabeza un irresponsable y maniqueo revisionismo sobre la historia reciente de España y, concretamente, sobre la génesis y consecuencias de la Guerra Civil; abre el camino a la reforma constitucional sin contar con el partido al que votaron en las últimas elecciones alrededor de diez millones de españoles; y pretende deslegitimar a la oposición popular con acusaciones apenas veladas de ser la heredera del franquismo y con otras, más concretas, improbadas e irresponsables, como la vertida sobre Aznar y su presunto apoyo al golpe en Venezuela. Todo ello aderezado con una obsesión por airear su gestión en el pasado en asuntos como los accidentes del Prestige y el Yakolev. El Gobierno se convierte en una especie de oposición retrospectiva. Se trata de un camino equivocado. Ignoro si obtendrá rendimiento electoral, aunque creo que no. Pero aunque así fuere, jamás obtendrá la absolución de la historia, pues quien favorece la ruptura de la concordia no puede contribuir a la causa del bien público ni de la justicia.