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56 Cultura LUNES 13 12 2004 ABC George Sand, Alfred Musset y Pietro Pagello, el médico que atendía al poeta en Venecia, conformaron un triángulo amoroso al borde del abismo. La correspondencia entre Sand y Musset desvela los rincones más oscuros de esa pasión amorosa Sand y Musset, amantes en Venecia TEXTO: SOFÍA SOLANO Cartas van y vienen. Cartas que tienen el sello del amor- ¡vivido en pleno Romanticismo! o lo que es lo mismo desde los más exaltados y clamorosos sentimientos hasta su caída hacia el abismo de la decepción y el dolor. Cartas de las que sus autores son míticos al igual que el lugar en el que aquel amor exhaló su último suspiro, Venecia. Los amantes de Venecia ofrece una recopilación de textos, hasta ahora inéditos en español, que se abren a un triángulo amoroso: George Sand, Alfred Musset y Pietro Pagello, el médico que atendía al poeta en Venecia y que terminó siendo amante de Sand. La correspondencia entre ésta y Musset abarca de 1833 a 1840, textos a los que se añade el Diario íntimo de la escritora. Desgarrada confesión escrita cuando Musset se aleja de ella- -la ruptura definitiva fue en 1835- -ya que tuvo la certeza de que lo había traicionado con Pagello. En la vida de la autora de Ella y él hubo diversos amores. Si del que sintió por Musset dejó constancia en palabras escritas, lo mismo hizo con la relación que mantuvo con Federico Chopin, en este caso en Un invierno en Mallorca Rompedora de corazones El libro que la liga a Musset aparece en un momento muy oportuno, ya que en este año se celebra el bicentenario de una mujer singular, una de esas que rompen los convencionalismos durante una etapa en la que hacerlo destrozaba los moldes establecidos e incluso, a no ser por la fuerza de la mujer que toma la decisión, ella misma caería en el empeño. No fue éste, por supuesto, el caso de George Sand (1804- 1876) Los amantes de Venecia (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) muestra cómo concibió la vida. Que vistiera con ropas masculinas y acudiera a lugares frecuentados por hombres no parece rimar a veces con una rompedora de corazones que no se limitó a este papel (nada más alejado de sus deseos) El amor tenía que ser compatible con unos cánones que no eran los establecidos. Y así, decidida a entregarse a la creación literaria, abandonó a su marido y salió al encuentro de París, llegando a comprometerse políticamente con la Segunda República francesa, un mundo del que pronto se desencantó. Alfred de Musset (1810- 1857) que no alcanzó la celebridad de su amada, es una de las grandes figuras del romanticismo francés, que primero amó y luego atacó sin remilgos a la amada, claro que ella tampoco fue ajena a este tipo de reacciones. Los amantes de Venecia amén de las cartas y del Diario íntimo que Sand escribió al sentirse abandonada por el poeta- -texto que por cierto destruyó, pero cuya desapa- otros a conocer la noche italiana; en la tercera, de abril a noviembre de l834, Musset regresa a París y mientras que sus cartas son de amor, las de Sand anhelan una amistad de la que se excluya el amor (deseo que nace de su estabilidad con Pagello) Pero cuando George regresa a la capital francesa, en compañía de Pietro en 1834, el triángulo vuelve a surgir, situación que lleva a cada uno de sus componentes a poner tierra de por medio. La cuarta época se inicia cuando a comienzos de 1835, Sand vuelve a la capital francesa y se reconcilia con Musset, aunque en marzo se aleja de él poniendo, otra vez, tierra por medio. Pero, en esta ocasión, su vida cambia radicalmente. Decidió irse a su casa de Nohant, donde como madre de dos hijos, se apoyará, sobre todo en el mayor, Maurice, con quien tiene múltiples afinidades y así cuando el muchacho decide escribir, ella corregirá sus textos y le encontrará editor. Desea, también, dejar a sus hijos un pasado sin complicaciones que den lugar a dimes y diretes, de modo que pide a Musset que le devuelva sus cartas con el fin de impedir que esparzan su veneno sobre los monumentos de su amor Consecuencia: tachó y reescribió como le vino en ganas. La posteridad era lo importante. La pérfida De gran interés son las epístolas de la autora de Cartas de un viajero a Pagello- -entregadas a veces cuando visitaba a su amante enfermo, al que llega a decir: Yo sé amar y sufrir; y tú, ¿cómo amas? o estas apasionadas palabras: Sólo Dios podría decir no volverás a amar y estoy segura de que no me ha retirado el rayo del amor y de que, cuando más ambiciosa en amor soy, también lo soy en capacidad de amar a quien satisfaga mi ambición Aunque la frase que llama la atención es una en la que hace alusión a Musset: Desde el día en que conocí a Alfred, no he dejado de pensar en suicidarme Sand conoce a Musset cuando éste comienza la veintena y como toda pasión entre dos seres diferentes alejados de lo anodino, despierta comentarios maliciosos o irónicos, en los que generalmente la autora de Léila es la pérfida, que hace daño al autor de Confesiones de un hijo del siglo Fueron criticados en vida y después de muertos. Charles Maurras, fundador de Acción francesa, en Los amantes de Venecia publicado en 1902 y repetidamente reeditado, se convirtió en el abanderado del antisandismo. El poeta era el celestial inocente y Sand la inaudita simuladora No anduvo a la zaga Baudelaire que escribe: Que algunos hayan podido enamoriscarse de esa letrina, prueba sobradamente la vileza de los hombres de este siglo George Sand rición no logró plenamente porque Musset tenía una copia- contiene también un apéndice documental que enriquece las cartas, ya que muchas fueron tachadas y destruidas. Faltan cartas de momentos clave, así no se cuenta con ninguna de las etapas en que están juntos desde la más feliz, aquella en la que compartieron la buhardilla que George tenía en París, ni de la de Venecia, la más desdichada. La correspondencia se divide en cuatro partes. La primera época reúne lo escrito entre junio de 1833 y diciembre del mismo año y es tiempo de comprensión y veladas literarias con amigos de los círculos artísticos, aunque ya aparecieron algunas manifestaciones de las neuropatías del poeta; la segunda, Venecia que abarca desde enero a marzo de 1834, aunque no deja de ser curioso que, a pesar de ser llamados los amantes de Venecia pasaran su primera noche en la ciudad en lugares distintos y que ella tuviera que reprocharle que salía a solas o acompañado por Sólo Dios podría decir no volverás a amar y estoy segura de que no me ha retirado el rayo del amor confiesa la autora Que algunos hayan podido enamoriscarse de esa letrina, prueba la vileza de los hombres de este siglo espeta Baudelaire Criticados en vida y después de muertos, Musset era el celestial inocente y Sand la inaudita simuladora