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12 Nacional DESALOJO DEL BERNABÉU POR AMENAZA DE BOMBA LUNES 13 12 2004 ABC Los jugadores del Real Madrid y la Real Sociedad, en el momento en que abandonan el estadio IGNACIO GIL Los futbolistas, en pantalón corto, el móvil en la oreja y sin cobertura, buscaban a sus familiares en la calle. Muchos se marcharon del estadio sin ducharse y a la carrera. La Cruz Roja cubrió con mantas a los árbitros. El miedo nubló el ruido de las sirenas Media hora en la angustia POR JULIÁN ÁVILA MADRID. La señal fue el cuarto árbitro. Corriendo la banda como un poseso hacia el fondo Norte, allí donde atacaba el Madrid, los brazos en aspa, gesticulante, intentando avisar a Lizondo Cortés. En la parte alta del Bernabéu, en la zona nueva habilitada para la Prensa, comenzó a recorrer un escalofrío. Se levantaron los policías y enfocaron sus pasos hacia el túnel de vestuarios. El árbitro corrió hacia la zona sin pitar nada, tres minutos antes de los noventa reglamentados. ¿Qué pasa aquí? ¿Una muerte repentina? ¿Un aviso de bomba? En un abrir y cerrar de ojos, la respuesta menos deseada. La megafonía describió una parábola de desasosiego sin alterar el tono. Desalojen el estadio con tranquilidad Sin dudas se trataba de un aviso de bomba. La sensación creció hacia la incredulidad. Allí donde Salgado corría la banda y Beckham ponía los centros, había una marabunta de aficionados que buscaban con orden impecable una salida que aliviase esa angustia. El estadio vomitó la gente con una calma nerviosa en siete minutos interminables. Hubo calma general, aunque en los desfiladeros de los anfiteatros y en los vomitorios se mezclaron gritos, sollozos, carreras nerviosas y conversaciones en tono acusador. Los periodistas descendimos del antiguo gallinero El plan de emergencia prevé la salida de las gradas bajas por el césped buscando la calle machacando la duda de abandonar o perseguir la información. Bajo las escaleras con paso firme para evitar tropiezos. Me paro en el antepalco sin perder de vista el reloj. Faltan ocho minutos para la hora fijada, las nueve de la noche. Florentino Pérez sigue ahí. Aguantó el último junto a su mujer y su tropa. Está sereno, AP pero su rostro describe un gesto de angustia, el mismo que dibujaba la gente. Son las nueve menos cuatro minutos. Abandono el estadio al mismo tiempo que Florentino. La primera visión al poner los pies en la calle Padre Damián fue sobrecogedora, de las que no se olvidan así pasen los años. Los futbolistas del Real Madrid y la Real Socie- dad, en traje de faena, sudados y con escasa ropa de abrigo. Todos con el miedo en el cuerpo, preguntándose lo mismo que todos. ¿Qué va a pasar? Raúl, enganchado al teléfono, intentaba sin éxito localizar a su mujer, presente en el estadio. De forma compulsiva, marcaba y marcaba, repetía la llamada de forma estéril. La zona está saturada. Afloran los sentimientos más humanos. Apareció la novia de Pavón y se grapó a su cuello como si le fuese la vida. Lo mismo las mujeres de Helguera y Míchel Salgado. Gestos humanos, conmoción... Es una sensación extraña, ésa de estar a unos metros y unos segundos de distancia de una bomba. Allí estábamos todos esperando a que el Bernabéu estallase. Se forman corrillos con conversaciones informales. Estoy lo bastante acojonado para no contestar preguntas ahora se disculpaba Casillas. Cuando me han dicho que era una bomba se me ha venido el mundo encima comentaba Roberto Carlos. Los jugadores de la Real estaban cabizbajos. Nada de declaraciones oficiales, aunque un jugador comentó en petit comité que no creo que hayan puesto una bomba el día que venimos nosotros La confusión de los protagonistas, el constante ruido de las sirenas, el murmullo de la calle no hizo olvidar la sensación desapacible. Hacía