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76 Cultura DOMINGO 12 12 2004 ABC Los herederos de la familia judía Cassirer vuelven a reclamar un pissarro supuestamente expoliado por los nazis: Rue Saint- Honoré après- midi. Effet de pluie de la colección Thyssen- Bornemisza El cuadro maldito del Thyssen TEXTO: BLANCA TORQUEMADA MADRID. Rue Saint- Honoré après- midi. Effet de pluie Impresionismo húmedo de Camile Pissarro. Un cuadro más, quizá, en el sublime y riquísimo triángulo museístico madrileño, pero también una obra llamada a dar quebraderos de cabeza a la Fundación Thyssen- Bornemisza, de cuya colección permanente forma parte. Los herederos de la familia judío- alemana Cassirer, que reclamaron la devolución del óleo en 2001 por considerar que cumple las condiciones fijadas en diversos tratados internacionales de restitución del patrimonio expoliado por los nazis, han reanudado su ofensiva. Nunca han dado por buenos los argumentos jurídicos ofrecidos por la Fundación en su día para retener la obra y han movilizado otra vez a sus abogados, ahora que el cambio de Gobierno en España determina nuevos interlocutores y quién sabe si mayor permeabilidad ante su reclamación, basada en la supuesta obligación del Estado español (o de cualquier otro Estado) de reparar un acto supuestamente vinculado al Holocausto, en este caso en su vertiente cultural y patrimonial. No todos los países han dado el paso de legislar expresamente sobre esta cuestión, pero España sí: el Código Civil enuncia en su artículo 131.4 que Los delitos de lesa humanidad y de genocidio y los delitos contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado no prescribirán en ningún caso De momento, los primeros movimientos del engranaje se han puesto en marcha en los Estados Unidos, donde los Cassirer se acaban de personar como parte en un proceso judicial contra el anticuario que vendió el cuadro al barón Thyssen en 1976, si bien en ese juicio se le acusa por otras compraventas y no por ésta. Desde otro flanco, los nuevos contactos con las instituciones españolas ya están en trámite, según ha podido saber ABC. Claude Cassirer, alemán de nacimiento convertido en ciudadano norteamericano tras la segunda guerra mundial, es hoy un anciano de 85 años afincado en San Diego (California) y dispuesto a seguir batallando por recuperar el óleo que hace más de siete décadas colgaba en el salón de su casa de Alemania y formaba parte del paisaje de su infancia. Su bisabuelo Julius Cassirer, un destacado galerista y editor judío de Berlín, lo había adquirido del marchante de Pissarro, DurandRuel, en 1900, dos años después de su ejecución por el maestro impresionista. A la muerte de Julius, la obra pasó a su hijo Fritz y la esposa de éste, Lilly, quienes, de haber conservado la propiedad del óleo, lo habrían transmitido a su nieto, el mencionado Claude. Comprado por 900 marcos El cuadro fue retirado en 1938 del domicilio familiar de Munich, según relató Lilly Cassirer- Neubauer: so pretexto de que se trataba de una falsificación, el marchante pronazi Scheidwimmer abonó por él la cantidad insignificante de 900 marcos alemanes, pura calderilla, y se lo llevó, bajo coacción y amenazas. Después, ese galerista lo entrega a cambio de otras obras a un comerciante judío, Julius Schulzbacher, quien igualmente acosado, huyó a Holanda con el pissarro, hasta que los nazis invaden aquel país y confiscan la obra, de la que nada vuelve a saberse hasta que reapare- Los nuevos contactos de la familia Cassirer con las instituciones españolas ya están en trámite El marchante pronazi Scheidwimmer se lo llevó bajo coacción y amenazas por una cantidad insignificante ce en 1943 en una sala de subastas de la Alemania de Hitler y es adquirida por un postor anónimo. Más adelante, el óleo queda envuelto en la bruma del paradero desconocido hasta que en 1976 Hans Heinrich Thyssen lo compró al galerista parisino Joseph Hahn. La posibilidad de que ese relato de la extorsión nazi esgrimido por los Cassirer no se ajuste a la realidad (imaginemos que la obra fue vendida voluntariamente y no hubo extorsión) sería irrelevante, en términos jurídicos, por la ley alemana de restitución patrimonial de 1949 (BRÜG) en la que se estableció que todas las transmisiones de propiedades judías que tuvieron lugar entre el 1 de septiembre de 1935 y el 8 de mayo de 1945 se consideran nulas a todos los efectos, para dar un paraguas legal a quienes se habían desprendido de ellas bajo una insoportable presión quizá difícilmente demostrable. Lilly Cassirer- Neubauer no parece un personaje dudoso en ese sentido, pues su hermana fue asesinada en el campo de concentración de Theresienstadt. Por eso los pretendidos herederos consideran que el hecho de que el barón la adquiriera de forma impoluta en el mercado internacional del arte no anula los anteriores atropellos ni, en última instancia, sus derechos sobre el óleo. Además, España es uno de los países firmantes de la resolución 1205 del Consejo de Europa para la restitución del patrimonio judio expoliado, fechada en noviembre de 1999, que especifica en su punto doce que las entidades receptoras de fondos estatales que posean propiedades judías expoliadas deberán devolverlas. En aquellos casos en que las obras hayan sido destruidas, dañadas o estén desaparecidas, o en otros casos en que la restitución no sea posible, dichas entidades deberán ser obligadas a pagar compensaciones al actual valor de mercado Aunque es obvio que Thyssen actuó de buena fe, también resulta evidente que si el cuadro formó parte de los sa- queos sistemáticos del Tercer Reich, fuera cual fuere su trayectoria posterior, puede parecer razonable la obligación moral de devolverla a sus primitivos propietarios. Los términos en que se manifiesta el Consejo de Europa son claros al tratar de evitar que bienes procedentes de los saqueos nazis se camuflen en el parapeto de fundaciones privadas, a las que también se considera expresamente obligadas siempre que reciban dinero público, como sería eventualmente el caso del Thyssen, cuyo Patronato está controlado por el Ministerio de Cultura. Igualmente, es notorio que el Estado financió en su momento la compra de la propia colección. Pero también resulta obvio, según aclara la Fundación Thyssen a ABC, que la Resolución 1205 de la Asamblea del Consejo de Europa es una simple recomendación del Consejo a sus Estados miembros que no tiene ningún carácter vinculante. No existe, a fecha de hoy, ninguna norma internacional ni española que ampare la petición