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68 Los domingos DOMINGO 12 12 2004 ABC RELIGIÓN Algunos conventos de Castilla y León- -Lerma y Belorado, por ejemplo- -están conociendo un renacer sorprendente Epidemia de vocaciones ndo se abre la puerta del pequeño locutorio, ocho jóvenes atraviesan el umbral ataviadas con unos amplios hábitos en los que el color del velo (blanco o negro) delata su antigüedad en el convento, ya sea novicia o monja. La primera impresión, la del espectador que se encuentra al otro lado de la reja, es la de un grupo de jóvenes vitales, que irradian felicidad. La expresión de sus rostros risueños contrasta con las alpargatas que dejan ver los pies, que en estas fechas no parecen el calzado más adecuado para el común de los mortales. Son monjas de clausura del Monasterio de Santa Clara de Belorado (Burgos) Dieciocho hermanas conviven bajo los techos de un edificio que hace sólo nueve años tuvo serias dificultades por falta de vocaciones. Entonces, ocho hermanas, ya mayores, lucharon con todas las fuerzas de que fueron capaces para evitar que el monasterio tuviera que ser abandonado. Y mientras trataban de mantener el convento en las mejores condiciones posibles para frenar su deterioro, pidieron ayuda a otro monasterio de la misma orden, el de Lerma, también en la provincia de Burgos, en el que se había producido una especie de boom vocacional con la llegada de un elevado número de jóvenes, muchas de ellas procedentes de Madrid. Curiosamente, también el convento había padecido años atrás la falta de nuevas postulantes, pero la situación cambió hasta tal punto que hoy son ya 92 las hermanas que viven en el Monasterio de Lerma, con evidentes Cua TEXTO: MONTSE SERRADOR FOTOS: F. VILLAFRANCA dificultades de mero espacio físico. Por eso no es de extrañar que, ante semejante abundancia, cuatro hermanas de esta localidad de la ribera del Arlanza decidiesen trasladarse a Belorado, la capital de la piel, con este propósito: Si Dios bendecía nuestra intención, bien, y si no, acompañar a las hermanas hasta que el convento se cerrase asegura la actual madre abadesa, Sor María Victoria. Y Dios bendijo, porque nueve meses después ingresaron dos jóvenes. El arreglo de la iglesia, en buena parte gracias a donaciones y con voluntarios llegados de toda España, supuso un nuevo aliciente para la comunidad de religiosas, ya que algunas de las jóvenes que llegaron para trabajar en el templo acabaron por ingresar en el monasterio. Así, hasta conseguir que hoy haya 18 monjas en el convento, de ellas tres novicias y cuatro procesas temporales. La más joven está a punto de cumplir los 22 años (ingresó con 18) las dos mayores, Sor Inés (que ingresó con 14 años) y Sor Presentación, tienen 95. Diferentes procedencias Las 32 celdas con que cuenta el monasterio pueden acoger todavía a un buen número de postulantes y, como reconoce la madre abadesa, hay muchas probabilidades de que entren más jóvenes Son chicas que proceden de diferentes puntos de España y que, en la mayoría de los casos, tienen una profunda convicción cuajada en diferentes grupos parroquiales. A Belorado llegan, sobre todo, para hacer oración. Una de sus principales actividades, además de atender el huerto, del que se abastecen, y la que les permite la autofinanciación es la elaboración de trufas, unos exquisitos dulces que venden directamente a los establecimientos comerciales y cuya fama sobrepasa ampliamente la frontera de Burgos. La clausura no supone ningún inconveniente para sus vidas, sino, al contrario, el problema es tener que salir, porque nosotras somos muy felices aquí afirma otra hermana, Sor Getsemaní, quien reconoce que antes era más estricta y ahora salimos siempre El Convento de Santa Clara de Belorado ha sido completamente restaurado, en parte gracias a las aportaciones de la Junta de Castilla y León y a las donaciones, muchas de ellas anónimas, que se hicieron para rehabilitar la iglesia del monasterio. que sea necesario para ir al médico o hacer gestiones Lo cierto es que la reja que en el locutorio separa a las hermanas de los visitantes también ha dejado de tener el sentido que tenía hace años. Esta reja no es nada cerrada- -dice la madre abadesa- Es simbólica porque esto no es una cárcel, es decir, aquí estamos por una opción personal, una llamada de Dios Nadie consigue explicar por qué chicas jóvenes, con amplia formación académica e incluso una floreciente vida profesional, un buen día deciden orientar sus pasos hacia un convento de clausura. De forma mayoritaria, esta elección se concreta en la orden de las clarisas y, más aún, en sus monasterios de Lerma y Belorado. Es un misterio, un pequeño milagro, un capricho de Dios dice la madre abadesa de Belorado, aunque reconoce que jóvenes llaman a jóvenes Estas mujeres se esfuerzan en transmitir sus sentimientos y su experiencia monacal. Se experimenta tal plenitud interior que no sientes la necesidad de salir, a pesar de que hay una renuncia real dice Sor Isabel, una monja burgalesa de 38 años que ingresó en el convento con 18 porque tuve una experiencia de Cristo muy personal y en un año cambió mi vida Isabel recuerda cómo entonces, siendo una jovencita, yo no iba mucho por la parroquia porque no era de rezar; además, buscaba muchas cosas, pero no a Dios Fue precisamente en la parro-