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40 Madrid DOMINGO 12 12 2004 ABC MADRID UNA Y MEDIA PASO A LA ALEGRÍA JESÚS HIGUERAS uando Juan el Bautista presiente su final, lleno de fragilidad y de ilusión, pide a Jesús una señal: ¿Eres Tú el que has de venir o tenemos que esperar a otro? Y Jesús, lleno de gozo, contesta a su primo que las profecías se están cumpliendo, que los cojos andan, que los ciegos ven y que a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Dios no se puede quedar en la pura teoría, Él sucede realmente. Dios no se queda en promesas incumplidas, Él ocurre en cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces nuestra fe se queda en cuatro palabras! Cuantas veces nuestra vida de cristiano es un conjunto de doctrinas muy bonitas, incluso muy coherentes, pero que luego nos parecen casi imposibles de llevar a la práctica. Nosotros no podemos reducir a Jesucristo a una doctrina, ni siquiera lo podemos reducir a un acontecimiento histórico que sucedió hace dos mil años que ya no tiene que afectar para nada en mi quehacer cotidiano. Jesucristo sigue ocurriendo y sigue sucediendo en el corazón de cada uno de nosotros, sigue siendo una promesa cumplida, una realidad práctica. La vida del Evangelio va siempre acompañada de la alegría, porque la alegría es la consecuencia lógica de la llegada de Dios al corazón del hombre. El estado habitual del cristiano ha de ser la alegría. La tristeza es un veneno que va paralizando el alma, es un daño que ocurre en nuestra alma cuando perdemos la esperanza, cuando declaramos que Dios es impotente y que no es capaz de llevar a término todas nuestras ilusiones y todos nuestros sueños. Es verdad que en esta vida terrenal no se cumplirá todo, pero no es menos cierto que tenemos otra vida en la que todo se realizará en plenitud. El tiempo de Adviento es un tiempo de esperanza y sobre todo de alegría del que sabe que Dios cumple sus promesas. La misma señal que recibió Juan el Bautista la podemos recibir nosotros. Abramos nuestro corazón a la gracia y dejemos que la Buena Noticia llegue a todos los rincones y dejemos que Dios sea verdad dentro de nosotros. C DIMES Y DIRETES PEDRO NÚÑEZ MORGADES DEFENSOR DEL MENOR UN HALO DE LUZ Los psicólogos conseguirán que los niños asuman lo que ha ocurrido, hablándoles poco a poco del hecho, sin mentirles, intentando que verbalicen sus emociones l dramatismo del suceso ocurrido en Madrid, en el que dos niños han sobrevivido a un accidente de tráfico mientras veían a sus padres morir abrasados, no puede ocultar a nuestros ojos algunas circunstancias esperanzadoras que se han ido encadenando: la valentía y entrega de Santiago, el camionero que, a riesgo de su propia vida, consiguió sacar del coche a los pequeños cuando ya les alcanzaban las llamas; las actuaciones coordinadas y altamente eficaces de los sanitarios y de las personas que trasladaron y auxiliaron a los heridos, los ciudadanos que avisaron, de forma masiva, de la presencia del conductor suicida y de aquellos que intentaron frenarle y el ejemplar comportamiento de unos familiares que, llenos de cariño, con una gran entereza y unidad, están arropando a estos dos pequeños desde el primer momento. ¿Qué sucede a partir de ahora? Esta es la pregunta que se hace la sociedad al observar la situación en la que han quedado estos menores y pa- E ra la que hay dar respuestas. Inicialmente, la excepcional atención médica y humana curará los daños físicos; después, los psicólogos infantiles conseguirán que los niños asuman lo que ha ocurrido: hablándoles poco a poco del hecho, sin mentirles ni generarles fantasías irreales sobre lo sucedido, intentando que ellos verbalicen también sus emociones. Es fundamental que ahora perciban seguridad en los adultos que les rodean, que deberán transmitirles apoyo, cariño y protección. Siempre que se produce la pérdida de los dos progenitores, las instituciones judiciales actúan nombrando un tutor para los menores que asumirá, a partir de ese momento, el rol que por vía natural desempeñan los padres. Y en el caso de no existir familiares, es la Comunidad de Madrid la que asume la tutela de estos niños, por lo que los menores nunca quedan desprotegidos. Afortunadamente, en este caso existe una familia extensa dispuesta a hacerse cargo de ellos, con la misma dedicación, el mismo amor y el mismo compromiso que tenían sus padres. Seguramente al Juez le resultará sencillo atribuir la tutela porque la propia familia consensuará aquello que resulte más beneficioso para los niños. No siempre es así. Hay muchos casos en los que es el Juez el que debe determinar quién es el tutor del niño o niña que ha quedado solo. Existe para ello un orden de prelación, establecido en el artículo 234 del Código Civil, que sitúa, salvo que los padres hayan determinado alguna otra persona y en el caso de que ambos hayan desaparecido o perdido la tutela, al descendiente, ascendiente o hermano, atendiendo siempre al interés superior del menor. Lo que sí es muy importante es que la sociedad perciba que las instituciones funcionan de manera adecuada a todos los niveles, desde los servicios policiales y de emergencia hasta los judiciales y que, frente a hechos tan terribles como los que se han vivido, los dispositivos se ponen en marcha para garantizar a los niños el máximo de bienestar posible. Su corta edad y el incondicional apoyo de esos familiares permitirán a estos niños superar esta dramática circunstancia y desarrollar sus vidas tal como sus padres hubieran deseado. En su día, sabrán que viven gracias al coraje de Santiago, que no sólo les ha ayudado a ellos, sino también a todos nosotros, haciéndonos reflexionar sobre el sentido de la entrega y la solidaridad, y planteándonos que, sin llegar a ese grado de heroísmo, todos, cada día, podemos hacer algo por los demás.