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ABC DOMINGO 12 12 2004 Internacional 35 Cuando se aproxima la decisiva cumbre europea del día 17, el Gobierno turco trata como nunca de mostrarse como un país actual. Un ejemplo es la inauguración ayer del ambicioso museo Istanbul Modern a la que asistió el primer ministro Erdogán y su esposa, cubierta con un pañuelo Arte moderno, la otra cara de Turquía TEXTO: ENRIQUE SERBETO ENVIADO ESPECIAL ESTAMBUL. El Gobierno turco multiplica en estos días todos los gestos para mostrarse como un país moderno y vinculado a la civilización occidental. Con inauguraciones en serie de monumentos emblemáticos, desde un centro religioso que igual sirve como mezquita, como iglesia o como sinagoga, al ambicioso Museo de Arte Moderno de Estambul, que quiere estar a la altura del famoso Centro Pompidou de París. La proximidad de la cumbre europea del 17 de diciembre ha hecho que Turquía decida echar toda la carne en el asador de su candidatura, con la mirada puesta en una reunión de la que depende su futuro. En un viejo almacén de la orilla europea del Bósforo se inauguró ayer el fastuoso museo de arte moderno Istanbul Modern que se supone ha de convertirse en uno de los atractivos culturales de la región. Un cubo gigante de cristal blindado perforado con múltiples disparos, una escalera rodeada de cadenas... los artistas turcos contemporáneos son capaces de llegar a las soluciones extravagantes que se pueden encontrar en las producciones de sus colegas occidentales. Y para satisfacción del Gobierno de orientación conservadora y religiosa, ahora tienen un espacio similar al que podrían aspirar en cualquier ciudad europea. El todo Estambul asistió a la ceremonia de la inauguración, incluyendo al primer ministro, Tayip Erdogán, y el Gabinete en pleno. Vino, cava, sin olvi- darse del zumo de naranja, porque pese a todo, Turquía es un país musulmán. La presentadora del acto, como muchas de las mujeres presentes, lucía un escote de campeonato, mientras que en primera fila, la esposa del primer ministro, Emine Erdogán, escuchaba cubierta con un pañuelo atado de una forma que hubiera parecido rigurosa en el interior de una mezquita. Monumento a la tolerancia El factor religioso es, en efecto, muy importante, y por ello el miércoles, Erdogán había inaugurado una especie de jardín de las religiones en la ciudad de Belek, un balneario al sur del país, como un monumento a la tolerancia intercultural en un momento en que este se ha convertido en uno de los factores clave de la percepción de las relaciones entre Turquía y la UE. Turquía sabe que no todo el trabajo está hecho en materia de convergencia sociopolítica con Europa y se dispone a mostrar por todos los medios que están decididos a tomar las medidas necesarias para convencer a los miembros de la UE. Y así lo hizo el jueves en su inesperada visita a Bruselas para Erdogán escuchó con atención el mensaje de Chirac, el que más reticencias impone al inicio de negociaciones entrevistarse con el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y el primer ministro holandés, Jan Peter Balkenende. En este empeño, ni el Gobierno de Tayip Erdogán ni los militares han puesto impedimentos ni siquiera al alcalde de la capital kurda, Diyarbakir, el nacionalista Osman Baydemir, para que también viaje por las capitales europeas con el fin de llevar el mensaje de que para ayudar a este pueblo todavía mal encajado en las instituciones de la República, el mejor remedio sería hacer de Turquía un país occidental. Pero en este campo, sigue habiendo límites imposibles de franquear. Un grupo de militantes, encabezado por Leyla Zora, premio Sajarov a los derechos humanos, pagaron este miércoles la publicación en el International Herald Tribune de una página de publicidad, en la que le dicen a los europeos y al Gobierno de Ankara que lo que quieren ellos para los kurdos es lo mismo que Erdogán exige para los turcos de Chipre Lo que ha sido rápidamente contestado por el poderoso ministro de Estado, Mehmet Ali Sahin, al decir que estas declaraciones contradicen los principios constitucionales sobre la unidad del país Erdogán, este jueves en Bruselas AFP Telegramas La inauguración del museo de arte moderno- -8.000 metros cuadrados de espacio para los creadores- -es uno de los gestos que quieren hacer más visible la otra cara de Turquía, que lucha por hacerse oír en Europa y anclar en Occidente su destino. El presidente francés, Jacques Chirac, el primer ministro británico, Tony Blair, o el canciller alemán, Gerhard Schröder, fueron invitados a la ceremonia, pero seguramente no han querido lanzar una señal tan evidente de apoyo cuando solamente faltan cuatro días para que tengan que decidir en qué condiciones y cuándo empiezan las negociaciones de adhesión. Pero los tres han enviado telegramas, que sus respectivos embajadores se prestaron a leer en la ceremonia, porque de otro modo habría parecido demasiado hostil. Erdogán escuchaba atentamente el mensaje de Chirac, que es de los tres el que más reticencias impone al inicio rápido de las negociaciones, y aplaudió cuando escuchó calificar al museo como un logro que exalta las dimensiones universales y particularmente europeas de Estambul Efectivamente, al menos Estambul está en Europa.