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24 Nacional LAS CARRERAS ILEGALES DE COCHES DOMINGO 12 12 2004 ABC Un día en las carreras: el riesgo... Las carreras ilegales son ...el accidente... La gran velocidad provoca muchos accidentes. En la imahabituales en Sevilla desde hace años. ABC realizó en noviembre de 2002 un reportaje sobre competiciones ilegales bajo el puente del Alamillo. En la imagen, una de ellas. gen, el público acude a ayudar a los ocupantes de un coche que acaba de volcar, que además había sido robado poco antes a una familia que fue a esa zona. ...Los heridos... Sólo unos minutos después un motorista perdía el control de ...y, por fin, la autoridad. Sólo al final apareció una dotación de la su vehículo y provocaba 20 heridos de distinta consideración. En la fotografía, la llegada a la zona de una ambulancia para atender a las víctimas. Policía Local y otra de la Nacional. Fueron recibidos con una pitada general y las burlas de los pilotos desde sus motos. Pero las carreras han continuado en otros puntos. Las compañías de seguros no cubren los daños ocasionados en una carrera ilegal, que a efectos económicos se considera una prueba deportiva y exige unos requisitos determinados; la ley ampara a las aseguradoras Conductores rápidos y furiosos TEXTO: CRUZ MORCILLO FOTOS: ROCIO RUZ MADRID. Sevilla, Madrid, Gijón, Pamplona, Vitoria, Toledo, Granada, Palma, La Coruña, la costa mediterránea... Todas estas ciudades han vivido en sus calles y carreteras competiciones ilegales de coches en los últimos años, protestas vecinales por el peligro que les acechaba y vigilancia policial esporádica hasta que pasaba el aluvión. En sus orígenes, copiadas de las cannon ball americanas, se celebraban en polígonos industriales y carreteras secundarias, pero, poco a poco, los conductores se envalentonaron y trasladaron sus lunáticos rallyes a autopistas y calles del centro de los núcleos urbanos. El domingo un niño de nueve años moría en Sevilla, en el antiguo aeródromo de Tablada, entre las ruedas de dos de estos locos del volante, que han ingresado en prisión por orden judicial. Los dos detenidos, de 20 años, han negado los hechos que se les imputan. A finales de agosto un vecino del barrio madrileño de San Cristóbal de los Ángeles perdía la vida tras ser atropellado en otra carrera ilegal. Quienes viven en esta zona del sur de Madrid se niegan a acostumbrarse al bramido de los motores invandiendo sus calles, a plena luz del día y sin cortapisas. Antes les precedieron los residentes de Pan Bendito, Usera, los del extrarradio de Móstoles y Alcorcón. Pero no hay ni datos ni sanciones. El pasado octubre durante las pruebas del Gran Premio de Motociclismo un hombre de 39 años y una mujer de 20 murieron en la localidad valenciana de Cheste cuando un aficionado a las motos hacía un caballito el motero perdió el control y el vehículo cayó sobre las víctimas. No tenía ni seguro ni la documentación de la motocicleta y además abandonó el lugar, aunque fue detenido poco después. En esos días, algunos aficionados esquivaron la abultada vigilancia policial y se dedicaron a cometer tropelías sobre dos ruedas en carreteras valencianas. La historia de las correrías de estos conductores rápidos y furiosos no es nueva, pero tampoco fácil de seguir. En muchos casos median cuantiosas apuestas con lo que las razzias adquieren un carácter doblemente clandestino. Los foros de Internet, revistas especializadas y mensajes a través de teléfonos móviles han multiplicado la facilidad y rapidez de las convocatorias, que llegan a reunir a un centenar de jóvenes. Precisiones semánticas Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados, confirma la existencia de estas carreras, aunque no hay ni denuncias ni cifras oficiales por lo que no se puede actuar. Precisamente, fue la proliferación de kamikazes y apuestas en la década de los 80 la que motivó el endurecimiento del Código Penal para castigar este tipo de conductas. La raya entre una sanción administrativa por un exceso de velocidad y una pena de prisión de seis meses a dos años es difusa; se centra en la temeridad y el peligro al que el sujeto exponga a otras personas. Quien además de conducir de forma temeraria lo haga con consciente desprecio por la vida de los demás se enfrenta a una pena de uno a cuatro años de cárcel. Si no se pone en concreto peligro la vida o la integridad de las personas, la condena se rebaja de uno a dos años. Dado que estas precisiones semánticas no pueden sustentarse a veces en pruebas concretas, muchos casos quedan expuestos a la decisión judicial, primero, y a la polémica, después porque las víctimas de los suicidas del volante suelen sentirse insatisfechas con las condenas.