Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 12 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Los socialistas tienen la fijación de igualar por abajo y desmochar la excelencia, y ahora van a desmocharla hasta en el tratamiento EXCELENTÍSIMOS SEÑORES L poeta Rafael Alberti, cuando escribía sonetos contra algún político de su tiempo, en vez de llamarle Excelentísimo le llamaba Excrementísimo A cierto político, cuyo nombre callo para que no se escueza su nieto, le llamaba Excrementísimo y Alcayata Señor En aquellos años de la guerra, Alberti era peor que Quevedo, repartía mandobles y dicterios por toda la geografía política, y sus sátiras eran más dañinas que los morterazos de la guerra. Ahora, los altos cargos- -ministros y similares- -dejarán de llamarse excelentísimos y los de la fila segunda ya no se llamarán ilustrísimos Ni siquiera serán excelentes e ilustres así sin superlativo. A los altos cargos se les llamará Señor Don y van que pedalean. Esta idea se les ha ocurrido a los socialistas. Ya se sabe que los sociatas tienen la fijación de igualar por abajo y desmochar la excelencia, y ahora van a desmocharla incluso en el tratamiento. Tienden a la igualación en lo mínimo, y es que creen que la igualdad consiste en eso, en borrar los tratamientos distinguidos a quien se ha distinguido, en vez de aplicar la verdadera igualdad, que consiste en algo más difícil: que todos seamos iguales ante la ley y tengamos las mismas oportunidades. Naturalmente, a mí tiene que parecerme de perlas que los cargos públicos expliquen al gentío contribuyente y currante las cifras de su patrimonio, y que no cobren del Estado y se vayan unas horas a trabajar a otro sitio donde también les paguen. ¿A quién pueden parecerle mal esa transparencia y esa honestidad en los conciudadanos que gestionan nuestro dinero y, lo que es más importante, aseguran nuestras libertades y nuestra seguridad? Pues, hombre, si en esa dedicación tan noble y sacrificada que es la política ha llegado alguien, hombre, mujer o mediopensionista, a un puesto destacado, no pasa nada por reconocerle en el tratamiento la excelencia o la ilustreza. Es evidente que ha decaído mucho la solemnidad en los tratamientos, y que ahora, excepto en los documentos oficiales, nadie usa el excelentísimo ni el ilustrísimo. Los periodistas, cuando nos referimos a un alto cargo público, lo nombramos por el apellido y santas pascuas. Y lo mismo empezamos a hacer con ellas, las ministras de cuota y del Vogue Todo lo más las citamos, y nosiempre, con elnombre de pila antes delapellido. Yo me acuso de haber caído en esa costumbre que, en cierto modo, se puede considerar falta de respeto. Me lo reprochó en una ocasión Augusto Assía. Yo nunca he citado en mis crónicas a un político sin poner el señor por delante del apellido, y tú dices Guerra, Suárez, Fraga o Felipe y te quedas tan ancho Y así sigo. Al presidente del Gobierno lo despacho habitualmente con un Zapatero Pero suprimir también el tratamiento de los documentos y actos oficiales me parece una exageración de la falsa igualación socialista. Sólo nos faltaba eso a los confianzudos periodistas. Terminaremos por interrogar a los ministros o por hacerles alguna observación comenzando el famoso diálogo de esta manera: Oye, tú, tronco, ¿por qué te has quitado el tratamiento, macho? Hay una consecuencia positiva: Pierde gracia el excrementísimo E EL RECUADRO ANTONIO BURGOS Es lógico que en este Gobierno de desatinadísimos señores, de malvadísimos señores, de ineficacísimos señores, el nada excelentísimo señor ministro don Jorge Sevilla Segura haya anunciado: Pasó la época del excelentísimo NI SON NI SERÁN EXCELENTÍSIMOS I excelente es lo que sobresale en bondad, mérito o estima, y excelentísimo quien lo es en grado sumo, hace muy bien el Gobierno apeando ese tratamiento a los altos cargos. Sobre todo a algunos, para los que el excelentísimo, más que un tratamiento, era una ironía. Proclamar a Moratinos como más que sobresaliente en méritos era una contradicción; llamar a Carmen Calvo dechado de estima, un chiste de leperos. Nada digo de llamar a Pérez Rubalcaba excelencia Si excelencia es bondad, grandeza, virtud, nos encontramos justamente con el antónimo de Pérez Rubalcaba. Es lógico que en este Gobierno de desatinadísimos señores, de malvadísimos señores, de ineficacísimos señores, de derrochonísimos, rencorosísimos, desastrosísimos, mendacísimosseñores, el nada excelentísimo señor ministro don Jorge Sevilla Segura haya anunciado la habitual igualación por abajo y haya mandado los tratamientos a lo que rima: Pasó la época del excelentísimo Pasó cuando llegaron ustedes precisamente. Lo mismo que se ha hecho una revisión no sexista del DRAE, han debido de hacer una lectura lógica del Diccionario y se han preguntado: ¿Altos cargos y excelentísimos? Si no llegan a excelentes, ¿cómo vamos a llamarlos excelentísimos? Señor o señora, y van que chutan... Hasta lo de señor me parece excesivo en algunos casos. Por señor, nobilísima palabra, entendemos algo muy distinto a lo que son y hacen quienes son señores únicamente en el membrete de las cartas. Han hecho como siempre. Mandan cada día más, pero gobiernan cada día menos. Y la vicepresidente del Gobierno ha presentado el Código para el buen gobierno del Gobierno como Moisés mostró las tablas de la ley. No hay mejor Código para el buen Gobierno que el Código Penal, donde recibir regalos es cohecho, y estamos en tiempo de cohecho de Navidad en forma de cesta con un par de cinco jotas. Anuncian esa nueva tabla de los mandamientos progresistas y en la de toda la S vida borran el no matarás y el no robarás y ponen barra libre de aborto o Rafael Vera. Con la misma alegría que si anunciaran que han dado un puesto de trabajo al último parado que quedaba, o un piso al último matrimonio joven que tenía que vivir con los padres, hacen lo de siempre: anunciar las mayores tonterías con la máxima solemnidad. Cuando los usos de la lengua están por encima de toda norma, académica o política, y en cuestión de tratamientos ponen a cada uno en su sitio. Yo no he escuchado a nadie que le llamara excelentísimo señor al presidente Rodríguez, y sí en cambio estoy harto de escuchar que le digan cosas peores, pero más ciertas. Toda España sabía que Pujol era el honorable y se lo decían hasta en Madrid. Teniendo el mismo cargo catalán, creo que regalan un fin de semana en Baqueira Beret, todo pagado, a quien demuestre que ha oído a alguien llamar honorable a Maragall. Porque no lo es, en la misma medida que los otros no son en absoluto excelentísimos. ¿Qué vamos a hacer ahora con tanto jefe de protocolo pagado por todos nosotros? Y quedan las Diputaciones, los Ayuntamientos, en los que no han caído. ¿Les apearán también el tratamiento? A las Excelentísimas Diputaciones que no lo son, ¿podremos llamarlas Inútiles Diputaciones? A los Excelentísimos Ayuntamientos que ponen las palabras estupro y muerte en las iluminaciones de las Pascuas de Navidad, ¿podremos llamarlos Impresentables Ayuntamientos? Por la vía del progreso habremos vuelto a los tristes tiempos del Movimiento Nacional, donde los falangistas llamaban a los altos cargos de camarada y de tú. El excelentísimo quedará sólo a efectos de peloteo epistolar. Como aquella madre que escribió al Rector Magnífico de la Universidad recomendando a su hijo en los exámenes y puso en el encabezamiento: Estupendo Señor Rector