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4 Opinión DOMINGO 12 12 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO EUROPA, A PESAR DEL GOBIERNO IZQUIERDA INCOHERENTE L A cuenta atrás para el referéndum sobre el Tratado Constitucional de la Unión Europea ha empezado en unas condiciones muy preocupantes. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el 84 por ciento de los españoles desconoce el texto del Tratado y los partidarios del voto afirmativo se han reducido en 20 puntos desde febrero (del 62 al 42 por ciento) Los indecisos han aumentadoen la misma medida, hasta el 32 por ciento de los encuestados. El Gobierno, que va a ser el que, en lospróximos años, cobre las rentas del trabajo de Aznar en Niza, tiene que tomar nota de estos datos y asumir errores directamente imputables a su gestión. En primer lugar, el referéndum se ha convocado con precipitación y por razones puramente propagandísticas para hacer un alarde de europeísmo vacío, del que España no va a extraer ningún valor añadido en la nueva Europa a 25 ni en la aproximación a sus aliados de referencia, París y Berlín. En segundo lugar, el Gobierno no está haciendo la campaña informativa que requieren la complejidad interna del Tratado y la trascendencia de su futura entrada en vigor. No estamos hablando de una ley más que se sume al marasmo normativo de Bruselas, sino de un Tratado que codifica todos los anteriores, enumera los principios y valores- -entre ellos, los religiosos- -de la Unión e incorpora al derecho comunitario la Carta de Derechos Fundamentales, las políticas exterior y de seguridad común y los espacios de libertad, seguridad y justicia. Si el éxito de esta iniciativa depende de la implicaciónde los europeos, elGobierno españolparece estar trabajando en sentido contrario. En tercer lugar, el Ejecutivo está desmotivando la participación al generar un estado de crispación y enfrentamiento con el Partido Popular, su aliado natural en el éxito del referéndum, y al acentuar día a día su coalición parlamentaria con Esquerra Republicana de Catalunya e Izquierda Unida, partidos que, según el CIS, aportan los indicadores más altos de voto negativo, abstención e indecisión. Además, resulta una contradicción que siendo éste el principal proyecto de política exterior que interesa a España a corto plazo, la más grave crisis con el PP la haya provocado precisamente el ministro de Asuntos Exteriores. Así no se hace consenso alguno. El Gobierno se está curando en salud echando en cara al PP que no se movilice por el voto afirmativo, a pesar de que Mariano Rajoy se manifestó a favor delsí desde el primer momento, zanjando cualquier tentación interna en su partido de golpear a Rodríguez Zapatero castigando al Tratado constitucional. Existen motivos suficientes para dar a este Tratado una valoración global favorable y para respaldar el voto afirmativo en el referéndum del 20 de febrero. Un sí, pero no a ciegas, con conocimiento de lo que se está votando, que, sin ser una constitución en sentido estricto, tiene una clara finalidad constitucional, porque afianza la Unión Europea como un poder político cada vez más integrado y se adentra en el estatuto jurídico de los ciudadanos europeos. Los estados no sólo no se diluyen, ya que la Unión Europea será sólo lo que sus gobiernos y parlamentos quieran que sea, sino que se refuerzan por el respeto a la intangibilidad de sus fronteras. Las cesiones de competencias en materia de seguridad exterior e interior refuerzan la solidaridad europea frente a agresiones externas y ataques del terrorismo, y se garantizan los mecanismos de cooperación en materia de inmigración, asilo, justicia penal y civil y acción policial. Sin información a los ciudadanos, el Gobierno no puede exigir participación. Sin una actitud constructiva en el diálogo general con la oposición, no puede esperar del PP una adhesión a su campaña. No obstante, el PP tiene la responsabilidad de marcar su propia apuesta favorable por el Tratado y demostrar que su europeísmo no está a expensas de la tensión con el Gobierno, que empieza a endosar a la oposición un posible fracaso. L EXTREMADURA DIGITAL IN mucho ruido ni anuncios a la andaluza ¿dónde está la segunda modernización de Manuel Chaves si aún no concluyó la primera? -paso a paso y siguiendo un plan perfectamente definido, Extremadura se ha colocado, casi a solas, en la rampa de lanzamiento de la sociedad de la información. Con hechos, y no con promesas, y a pesar de estarlo haciendo desde un punto de partida claramente desfavorable. No en vano es, sigue siendo, una de las regiones más deprimidas de toda Europa. Hace ya varios años, en pleno estallido de la burbuja digital el Gobierno presidido por Juan Carlos Rodríguez Ibarra decidió tomar un atajo para llegar al futuro, si bien la tecnológica es la cara positiva de una autonomía marcada en parte por un régimen clientelar que lastra su capacidad de pro- S yectarse plenamente hacia adelante. Lo primero fue construir una red de datos de alta velocidad, autopistas digitales que garantizaran la fluidez de las comunicaciones imprescindibles para alcanzar la tan ansiada meta. Después hubo que llenar esa red de contenidos, y también de usuarios que aprovecharan sus posibilidades. Todos los estudiantes extremeños usan ordenador en clase. Todos los centros sanitarios compartirán pronto los historiales y las pruebas clínicas de toda la población. 640.000 extremeños, de un total de 1.070.000, han recibido ya algún curso de internet en cualquiera de los numerosos centros públicos puestos a disposición de todos. Extremadura ha dado un paso más allá de la sociedad de la información, y avanza ahora con firmeza hacia una sociedad del conocimiento. A probable supervivencia de Gaspar Llamazares al frente de Izquierda Unida debe interpretarse en función de los equilibrios internos y no del respaldo a una gestión que puede calificarse de fracaso. Hace años ya que esta coalición, simple envoltura para la maltrecha continuidad del Partido Comunista, se ha convertido en correa de transmisión del socialismo hegemónico en la izquierda española. Carente de señas de identidad propias, Llamazares y los suyos buscan con escasa fortuna un espacio político propio a la vera de un Partido Socialista que lanza guiños permanentes hacia el electorado radical, siempre sensible ante los gestos de aparente progresismo. Se trata, aquí y allá, de adaptarse al paisaje lo mejor que se pueda para arañar un número significativo de votos que se traduzcan en cuotas de poder local y autonómico. Lejos queda ya la etapa en la que, de la mano de Julio Anguita, IU supo cubrir las lagunas de su adaptación ideológica con un discurso coherente que se convirtió en referente de una parte sustancial de la izquierda. Ahora se mueve en posiciones que van desde la firmeza de Rosa Aguilar respecto de la organización territorial de España hasta el apoyo a las aventuras soberanistas en el País Vasco, pasando por la alianza con todo el que se deja en Cataluña o cualquier otra fórmula que permita completar mayorías inciertas. De este modo, es fácil comprobar que la coherencia ideológica deja paso al oportunismo. Cada cual busca su interés particular y la coalición apenas resulta ser un nombre colectivo que encubre la yuxtaposición de grupos independientes unos de otros. Más allá de circunstancias coyunturales, la crisis de IU es fiel reflejo de la decadencia de las ideologías de inspiración marxista en las democracias contemporáneas. El fracaso histórico del llamado socialismo real está demasiado cerca. A su vez, el eurocomunismo significó en su momento una tibia puesta al día, pero la retórica al uso sigue lastrada por viejos tópicos, en particular por la apelación a una clase proletaria que ya nada tiene que ver con la dinámica revolucionaria. Los electores tienen buena memoria y muestran escasa simpatía por los herederos de aquella tradición anquilosada. Aunque Llamazares logre sobrevivir a los conflictos internos, nadie espera que sea el hombre capaz de encabezar la imprescindible modernización de un proyecto político que mira al pasado. El futuro de Izquierda Unida depende en exceso del apoyo- -condicionado, como es lógico, a sus intereses propios- -de sus aliados socialistas, porque ni siquiera le favorece un sistema electoral que ofrece pocas oportunidades a la opción de un tercer partido de ámbito nacional.