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108 Los sábados de ABC SÁBADO 11 12 2004 ABC COLECCIONISTAS DE TIEMPO (Viene de la página anterior) Bulgari en aluminio y acero con esfera de fibra de carbono, 2.700 Longines dolce vita 740 Humphrey Bogart siempre llevaba un Longines sión que crece con los años. Porque para el hombre el reloj es el complemento ideal de su atuendo y el objeto que le marca como persona. Dime qué reloj llevas y te diré quién eres parece insinuar la incesante y avasalladora publicidad, sobre todo en los preámbulos de la Navidad. Basta con echar un vistazo a los escaparates de las joyerías para ver que los relojes son como las setas, que marcas y modelos proliferan en otoño, de cara a la Navidad. Aunque el sector relojero se niega a dar cifras- -por aquello de no dar pistas- el mercado de la relojería- -normal y de lujo- -mueve miles de millones de euros en todo el mundo, especialmente en estas fechas. Dicen los relojeros consultados que el 60 por ciento de las ventas se realiza de septiembre a diciembre. Y más que aumentará, porque si ya no podemos salir a la calle sin reloj, porque estamos un poco perdidos, algunos no conciben su vida, y mucho menos el punto final de su vestuario, sin una docena de modelos en el joyero. Y a ser posible de marca. Las grandes marcas hacen en platino unos modelos muy discretos, que son el no va más en relojería Hamilton, el reloj americano de las estrellas de cine (250 ahí empezó también la guerra de la relojería, de Oriente contra Occidente, con millones de modelos muy similares en precios y diseños, que hicieron temblar al mercado. Fue en los 70, con la invasión mundial de relojes orientales, cuando los que se echaron a temblar fueron los suizos. Pasaron una auténtica crisis. Menos mal que reaccionaron con un producto nuevo, único e igual de barato. La Unión de Relojeros Suizos juntó esfuerzos y en los años 80 creó el Swatch, un reloj de plástico, pero con innovación tecnológica que conmocionó al mundo. Movimiento de cuarzo, impermeabilidad a 30 metros, resistencia a los golpes, diseño y bajo precio. ¿Se podía pedir más? Imposible. Ningún fenómeno en la historia de la relojería ha supuesto una revolución mayor que la creación del Swatch. Con el tiempo, a los modelos les han ido dando personalidad hasta conseguir los relojes más populares, originales y vendidos del mundo. Esta Navidad ha salido al mercado una edición limitada de 4.000 piezas numeradas, con una esfera cubierta por 174 diamantes, que equivalen a unos 0,7 quilates, que cuesta 1.150 euros, cifra astronómica tratándose de un Swatch. Esta casa ha hecho algunas colecciones limitadas que, en subastas y en internet, alcanzan cifras astronómicas, porque este reloj ha generado en Suiza una Asociación de Omega tiene, según la NASA, la maquinaria más precisa. Por eso fue a la Luna (2.550 dieron, al ser cronometrados todos sus tiempos por la casa Seiko, que pronto se preparó para invadir el mundo con sus revolucionarios relojes de cuarzo. Ahí cambió el concepto de reloj tradicional, caro, único y un lujo, que pasaba de padres a hijos. En Japón nació uno nuevo, barato, asequible y al alcance de las masas. Y Relación de afecto La relación del hombre con el reloj es de afecto. A los relojes de pulsera se les empieza queriendo (sobre los seis o siete años) y se les termina coleccionando, e incluso sabiendo de técnica y maquinaria. Pasó en los años cuarenta, que fueron tan importantes para los relojes de pulsera (algunos aseguran que nacieron en 1905, en la casa Rolex) y seguirá pasando. La clave está tanto en su nueva estética como en sus incorporaciones, llámense cronógrafos, calendarios... Hasta el siglo XIX los mejores relojes del mundo eran los alemanes (siguen siéndolo, con algunas marcas desconocidas para los españoles, como la Glashütte) y los franceses, y si los suizos tienen fama ha sido porque en el último siglo y medio han hecho grandes piezas. El suizo Abraham Breguet está considerado por muchos como el padre de la relojería moderna. Su estilo ha permanecido con el tiempo y hoy sigue siendo un mito. Suiza, que permaneció neutral en medio de los vientos de la guerra mundial, no perdió el tiempo. Lo dedicó, entre otras cosas, a la industria relojera, hasta el punto de que en los años 60 logró realizar la mitad de la producción de relojes del mundo. Pero Oriente le salió al paso y, sigiloso y paciente, esperó su oportunidad para tener su momento de gloria. Fueron los Juegos Olímpicos de 1964, en Tokio, los que se la Los materiales Los grandes relojes del mundo se hacen en manufactura, es decir, que desde el primer tornillo hasta el último cierre se realizan en el mismo sitio. Esto es lo que los diferencia de los de marca, cuya mayoría de piezas se compra a la industria suiza, pues no se fabrican en la casa relojera. Aunque el acero es el material más común, a la hora de fabricar un reloj hay otros, como el platino, que representan el no va más tanto por el valor en sí mismo como por su discreción, pues sólo lo aprecian los entendidos. Con los otros materiales nobles, como el oro (en sus tres colores) y la plata, se hacen relojes de alta gama y a precios elevados. Pero desde hace unos años el titanio, el aluminio y el plástico se han incorporado a los relojes, incluso la piedra. Marcas como Tissot han ido más lejos y han realizado algunos en granito. Otro de los materiales que se han incorporado recientemente a la relojería ha sido la cerámica de alta tecnología high tech que, por su gran Rado con brazalete de cerámica high tech 1.710 Tissot modelo Atenas 2004, a partir de 200 euros resistencia, es un material que se utiliza en la NASA. También el carburo de tungsteno, con el que la marca de relojes Rado ha realizado algunos de sus modelos. Otras marcas han hecho hasta relojes de madera, pero ahora lo que se lleva es mezclar entre sí algunos de estos materiales. El futuro está en hacer más complicado lo ya existente, sobre todo en la alta relojería. Lo demás es moda.