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56 Sociedad SÁBADO 11 12 2004 ABC Australia, como Estados Unidos, también se niega a reducir sus emisiones contaminantes Las Maldivas y Bangladesh desaparecerían con una subida de las aguas de tan sólo un metro secuencia inevitable de la política de la Administración Bush que se resiste a tratar estos temas. No obstante, Greenpeace ofreció un informe con pruebas gráficas sobre los efectos del calentamiento de la tierra en los glaciales. En el mismo explica que, como efecto inmediato, en los último treinta años se ha observado cómo se producía el deshielo de sesenta y tres glaciares en la Patagonia argentina, lo que ha contribuido al aumento del nivel del mar en 0,042 milímetros al año. Glaciares emblemáticos Un globo de Greenpeace subrevuela un glaciar de la Patagonia argentina REUTERS La Cumbre del Clima abre la brecha entre EE. UU. y el resto del mundo Evita discutir sobre el futuro de los países insulares en riesgo de desaparición b Greenpeace aporta pruebas del deshielo producido en más de sesenta glaciares de la Patagonia argentina, debido al calentamiento del planeta C. DE CARLOS. CORRESPONSAL BUENOS AIRES. No somos los malos de la película Harlam Watson, el enviado especial de Estados Unidos para la décima edición de la Cumbre del Cambio Climático (COP 10) trató de defenderse con esta popular expresión del presunto papel de culpable que le han asignado a Washington. Los países miembros, con Europa al frente y con especial virulencia el más de centenar de ONG presentes en Buenos Aires, censuraron a la primera potencia del mundo y emisor del 25 por ciento de gases de efecto invernadero. A lo largo de una semana de convención, las críticas han apuntado a la terquedad y falta de responsabilidad por no suscribir el protocolo de Kioto, compromiso para reducir las emisiones dañinas. En el mismo plano se ha expuesto lo que se ha denominado como mala fe del Gobierno de George Bush para bloquear discusiones de enorme trascendencia como el futuro de los países insulares que, físicamente, corren el riesgo de desaparecer con el aumento del nivel del mar. No somos los malos de la película. He dicho que en Estados Unidos esta- mos entregados y desarrollamos acciones ambientales mucho más ambiciosas que otros países que siguen el Protocolo de Kioto pero por diversas razones técnicas y económicas no consideramos apropiado el momento para suscribirlo Las declaraciones de Watson, acompañadas de números, 23 millones de dólares desde 1990 destinados a programas relativos al cambio climático, no convencieron ni a países ni a organismos internacionales no gubernamentales. La ONG estadounidense Climate Action Network replicó de inmediato que, pese a ello, entre 1990 y 2012 Estados Unidos habrá aumentado un 32 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero. Consecuencias inevitables Acostumbrados ya al rechazo de Kioto, únicamente respaldado por Australia que también se niega a suscribir el compromiso de reducir los gases invernadero- -al menos un 5 por ciento entre el 2008 y el 2012- -la Cumbre de Buenos Aires no pudo hasta ahora meter el bisturí a fondo en el debate sobre los pequeños estados insulares en desarrollo y sobre los desastres naturales, con- Según esta ONG, el aumento de la temperatura en el sur de Argentina (de 0,4 grados centígrados a 1,4) está comenzando a afectar de manera preocupante a glaciares emblemáticos como el Upsala (provincia patagónica de Santa Cruz) que entre 1997 y 2003 ha perdido 13,4 kilómetros cuadrados de extensión. Vecino al de Perito Moreno, la joya helada de Argentina, la comparación entre una fotografía de 1997 y otra del pasado año alerta del peligro. Según las mismas estimaciones se calcula que otras masas de glaciares perdieron una media de 2,63 kilómetros cuadrados por año. En este contexto, resulta dramático el efecto en la otra punta de la tierra. En el hemisferio norte, según un estudio del Hadley Centre (Gran Bretaña) divulgado durante la Cop 10, si la totalidad de la capa de hielo de Groenlandia se derritiera, el nivel de los océanos subiría siete metros y anegaría ciudades como Londres y Los Ángeles mientras que a las Islas Maldivas y a gran parte de Bangladesh les bastaría con un cremiento de un metro para desaparecer de la faz de la tierra. La UE se compromete a que el sistema Galileo empiece a funcionar en 2008 EFE BRUSELAS. Los veinticinco Estados miembros de la UE expresaron ayer su compromiso irrevocable con el desarrollo del sistema de navegación por satélite Galileo, que se pondrá en marcha en 2008 y que será compatible con el estadounidense GPS, actual dominador del mercado. Los ministros de Transportes de la UE acordaron por unanimidad el paso a las fases de despliegue y explotación de Galileo, que se desarrollarán durante 2006 y 2007, lo que permitirá culminar este proyecto. Este sistema de navegación tiene un presupuesto global de alrededor de 3.200 millones de euros. La inversión privada asumirá dos tercios del presupuesto de la fase de despliegue y explotación (unos 2.100 millones de euros) y la UE el resto, hasta 1.000 millones. El comisario europeo de Transportes, Jacques Barrot, aseguró ayer que es el primer gran proyecto europeo de este comienzo de siglo El sistema Galileo, que será enteramente civil frente al uso militar del GPS, es una revolución tecnológica y un gran logro europeo Además, Barrot consideró que la inversión total que se realizará es re- lativamente modesta si se ven las consecuencias que tendrá para la competitividad de la UE, su contribución al Producto Interior Bruto o los puestos de trabajo que generará. Según los cálculos de la Comisión, sólo en Europa se crearán 150.000 puestos de trabajo y los ingresos directos que ofrecerá superarán los 9.000 millones de euros. El sistema Galileo provocará la puesta en órbita de 30 satélites, que permitirán una vida europea más segura con servicios de protección civil, como prevención de inundaciones o información para el traslado de equipos de socorro en casos de catástrofes. Dispondrá también de servicios de acceso libre, comerciales, regulados, codificados, de salvamento y un servicio gubernamental, todos de carácter civil.