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12 Nacional CONSEJO DE MINISTROS SÁBADO 11 12 2004 ABC El Gobierno obligará a los altos cargos a hacer públicos sus bienes, a no recibir regalos y a no ser ostentosos El ministro Sevilla advierte que a quien incumpla el código ético se le sacarán los colores Ley de Incompatibilidad de los altos cargos incorporará sanciones efectivas- -hasta diez años de inhabilitación- -para quien la infrinja MANUEL MARÍN MADRID. Habrá quien piense que los altos cargos de la Administración del Estado están de enhorabuena. Y habrá también quien opine lo contrario. Dependerá, como siempre, del color del cristal con que se mire el informe que el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, sometió ayer al Consejo de Ministros como base de lo que será una futura reforma de la ley de incompatibilidades de los altos cargos, transformada en un Código para el bueno gobierno del Gobierno El Ejecutivo quiere desmitificar la imagen que a menudo se percibe del alto cargo como un privilegiado que graciass a su puesto vive a cuerpo de rey y que, incluso, al abandonar sus labores en las esferas del poder, puede aprovecharse de las sinergias para hallar un retiro dorado en su vida no pública. Si bien es cierto que este código supone una extensión de la vigente Ley de Incompatibilidades, que ya es elocuente al respecto, la pretensión del Gobierno es dar un paso más habilitando un régimen sancionador efectivo para quien incumpla ese código. Sevilla habló ayer de ética de los altos cargos, de transparencia en su gestión, de austeridad, de autorregulación, de evitar manifestaciones ostentosas y de publicitar, por la vía del Boletín Oficial del Estado, el registro de bienes y actividades- -el patrimonio- -de los altos cargos públicos para que sea conocido por todos los ciudadanos. Se trata, según dijo Sevilla, de trasladar a la Administración pública la práctica habitual en muchas grandes empresas privadas de desarrollar códigos éticos vinculantes para sus directivos. Sevilla, quien en cualquier caso quiso ayer dejar claro que son mayoría los altos cargos que no necesitan un código ético reglado para cumplir su función sin gozar de privilegios, resumió su proyecto en dos frases muy expresivas: el alto cargo debe- -como la mujer del césar- -no sólo ser honrado, sino también parecerlo y quien no respete los principios de ese código verá cómo se le sacan los colores El informe que Sevilla presentó ayer al Consejo de Ministros consta de tres partes: el desarrollo del Código de buen gobierno del Gobierno la modificación del actual régimen de incompatibilidades de altos cargos; y el establecimiento de requisitos previos para los candidatos a ser nombrados miembros de diversos órganos constitucionales y reguladores del Estado. En primer lugar, el Código promoverá la imparcialidad e independencia b La reforma de la Jordi Sevilla quiere imponer un código ético a los altos cargos CHEMA BARROSO de los altos cargos del Gobierno, la austeridad en el uso del poder y la transparencia e igualdad ante la ley Por ello, se abstendrán de aceptar cargos y puestos directivos en organizaciones que resten tiempo a su función pública; evitarán toda manifestación externa inapropiada u ostentosa que pueda menoscabar la dignidad con que ha de ejercerse el cargo público tendrá prohibido aceptar regalos, favores, préstamos, servicios u otras prestaciones económicas en condiciones ventajosas más allá de lo que la cortesía impone; verán suprimido el tratamiento protocolario oficial que ahora se les dispensa para resultar más cercanos al ciudadano y tendrán la obligación de promover la protección del entorno cultural y de la diversidad lingüística así como la igualdad de género. Estas medidas afectarán a los miembros del Gobierno; a los altos cargos de la Administración del Estado; y a los presidentes, directores y gerentes de las empresas y fundaciones públicas, así como de los órganos reguladores y de supervisión (la CNMV, por ejemplo) Buen gobierno del Gobierno El código que prevé implantar el Gobierno establecerá la austeridad en el uso del poder Las medidas serán: Plena dedicación al trabajo. Los altos cargos se abstendrán de aceptar cargos y puestos directivos en organizaciones que limiten su disponibilidad y dedicación al puesto político. Austeridad en el poder. Evitarán todo tipo de manifestación externa inapropiada y ostentosa que pueda menoscabar la dignidad con que ha de ejercerse el cargo público Se acabaron los regalos. Los altos cargos deben rechazar cualquier regalo, favor, préstamo, o cualquier servicio que se le ofrezca por su cargo y más allá de los usos habituales y de cortesía Supresión del actual tratamiento. También se pondrá fin al tradicional tratamiento oficial protocolario que distingue a los altos cargos en función de si son ilustrísimos o excelentísimos. Pasarán a la historia y será n sustituidos por el más popular Sr. D. seguido del cargo que ostente. Los bienes, en el BOE. El Registro de Actividades y de Bienes y Derechos Patrimoniales de los altos cargos será público y conocido a través del BOE. Sanciones a quien no cumpla. Una de las novedades será la introducción en la Ley de Incompatibilidades de medidas sancionadoras que impidan que un ex alto cargo se beneficie de él para lograr un puesto en una empresa privada relacionada con su anterior labor. Si ello ocurre, el alto cargo podría ser inhabilitado hasta diez años para ejercer de nuevo como tal. No afectará a familiares En segundo lugar, la actualización del régimen de incompatibilidades impedirá, bajo sanción, que los cargos cobren dinero por actividades ajenas a su cargo; además, verán cómo el registro de sus actividades, bienes y derechos patrimoniales se hace público sin necesidad de que el ciudadano así lo reclame; y se instauran sanciones como la apertura de expedientes y la comunicación a una empresa privada que contrate a un ex alto cargo cuyo ejercicio público haya estado relacionado con la actividad de esa sociedad. Quien infrinja esta normativa será inhabilitado para ejercer de nuevo como alto cargo en diez años. Además, verán cómo sus bienes en valores mobiliarios se administrarán en un fondo ciego sin conocimiento del interesado, y se creará un Observatorio de Conflicto de Intereses que vigilará. Finalmente- -y aunque ya ocurre en la actualidad con algunos casos- los miembros del CGPJ, del TC, el fiscal general, el Defensor del Pueblo y su adjunto, el presidente del Consejo de Estado y los consejeros del Tribunal del Cuentas estarán obligados a comparecer en el Parlamento con carácter previo a su nombramiento para ser examinados sobre su idoneidad. También habrán de comparecer los que vayan a ser máximos responsables en los órganos reguladores y de supervisión, en la Agencia de Protección de Datos, en el Consejo Económico y Social y en RTVE. Sin embargo, el proyecto de Sevilla no prevé, por el momento, extender el régimen de incompatibilidades a familiares directos de altos cargos que abandonen la Administración y, en todo caso, el código no vinculará a los altos cargos de las Comunidades autónomas. No habrá Ilmo. ni Excmo. con un simple Sr. D. será suficiente M. M. MADRID. Enviar cartas oficiales dirigidas a altos cargos de la Administración será ahorá más fácil para las secretarias... y para el resto de los mortales. Se acabaron las dudas y aquello tan engorroso de confirmar, por mor del protocolo, si una misiva va dirigida a un Excmo. o a un Ilmo Se acabó aquella triquiñuela de escribir Excmo. a un Ilmo. si no se sabe con exactitud que, en efecto, es un Ilmo. porque, a fin de cuentas, escribiendo Excmo. aunque nuestro cargo en cuestión sea Ilmo. no se va a quejar. Total... lo hemos elevado de categoría, ¿qué va a pasar? Aunque también es verdad que en ocasiones ocurre lo contrario y tratar de Ilmo. a un Excmo. sí puede acarrear alguna que otra queja viciada por la vanidad... del rango. En fin, que dando por superado este galimatías, bastará para dirigirse a un alto cargo con el simple Sr. D. seguido del cargo o empleo, según el proyecto que prepara el Gobierno para suprimir el ya centenario tratamiento oficial para los altos cargos. Malos tiempos para la lírica, que diría aquel y pa lo que hemos quedao que dirá el otro.