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ABC SÁBADO 11 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY ¿Pero queda por ahí alguna niña en edad de parir que pueda ocupar en el belén, sin desvergüenza, el puesto de la Virgen? EL BELÉN DE LOS BECKHAM O sé qué autoridad eclesiástica es la que ha condenado, aunque sin anatema ni excomunión, el belén de Madame Tussaud donde el famoso futbolista David Beckham y su mujer, la también famosa ex Spice Girl representan las figuras de José y María. Otros muchos personajes notorios aparecen en los diversos papeles de este nacimiento del Museo de Cera. Por ejemplo, los Reyes Magos toman las facciones de George W. Bush, Tony Blair y el príncipe Felipe, no el nuestro, sino el esposo de la Queen. Sobre la cabeza de los Beckham, ensaya un vuelo inmóvil la cantante australiana Kylie Minogue en forma de ángel, que casi lo es. Y una selección de políticos y de actores hacen de aquellos pastorcillos que llevaron a Belén leche, miel y canciones de júbilo. La ocurrencia ha sido considerada irreverente, frívola y broma de mal gusto por algún clérigo notable. Hombre, alguna objeción se puede oponer a la figura de San José, porque en lugar de la habitual barba florida, propia de un anciano y venerable patriarca, Beckham asume un San José jovencísimo y atildado, más bonito que un San Luis, y eso rompe irremediablemente la idea tradicional de la Sagrada Familia. Y hay santas mujeres a las que desagrada que una spice girl aparezca en el papel de la Virgen María. ¿Pero queda por ahí alguna niña en edad de parir que pueda ocupar en el belén, sin desvergüenza, el puesto de la Virgen? Quedan vírgenes de la píldora del día después. El hecho de esta historia que en principio resulta más llamativo es que personajes populares pongan el rostro a las figuras del belén. Pero eso lo estamos viendo todos los días en la pintura y en el teatro. En muchas ilustres pinturas religiosas, el artista se divertía poniendo a personajes famosos de su tiempo en la Gloria junto al Padre o el Hijo o mezclados con los santos. O al revés, metiéndolos en el Infierno como réprobos o en el Purgatorio como almas en pena. Al pintor murciano Pedro Flores le encargaron unos frescos para decorar el santuario de la Fuensanta, y yo me entretenía de joven en reconocer a los murcianos ilustres que, todavía vivos, habitaban ya en la corte celestial. Pedro Flores copiaba así una costumbre de muchos grandes pintores del Renacimiento. En muchas representaciones de la Pasión que se hacen en los pueblos de España salen cristos o apóstoles que resultan ser unos golfales, unos borrachuzos o unos blasfemos. El actor Doroteo Martí se hacía crucificar en escena a teatro lleno, y cuando ya había fingido exhalar el último suspiro, recobraba la vida y anunciaba desde la cruz: Mañana, tres funciones, a las cuatro, a las siete y a las once A mi llorado vecino de página Pedro Rodríguez le dimos el Cavia por un precioso artículo que se titulaba Los españoles del belén Lo peor no es lo de Beckham. Lo peor es saludar a la gente en Navidad con palabras como serpiente canuto o estupro Ese gramático laico merece masculillo. Al menos, que hubieran puesto otras palabras: azulejo jacarandá arcángel pintacilgo o alhábega Incluso raboalcalde N JUAN MANUEL DE PRADA Tres cuartas partes de los padres de nuestros alumnos reclaman para sus hijos una formación religiosa católica; con ello no hacen sino exigir un derecho que la Constitución les reconoce en su artículo 27 LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN ÁS de millón y medio de españoles reclaman con su firma que la asignatura de Religión sea evaluable y computable en el expediente académico. La cifra, que quizá aún se incremente en las próximas semanas, refleja una demanda colectiva que cualquier Gobierno sensato debería atender; pero uno empieza a sospechar que la sensatez se ha convertido en virtud desacreditada en una época que atiende con solicitud las reivindicaciones de las minorías más variopintas, siempre que estén aderezadas con los ribetes del estrépito y el victimismo, pero considera fútiles o reaccionarios los anhelos de un amplio sector social, al que de forma sibilina se margina y enmudece. Tres cuartas partes de los padres de nuestros alumnos reclaman para sus hijos una formación religiosa católica; con ello no hacen sino exigir un derecho que la Constitución les reconoce en su artículo 27. Resulta incuestionable, aunque la letra de la ley no lo recoja expresamente, que esa formación religiosa y moral que los padres demandan no puede ofrecerse en condiciones precarias o subalternas respecto a otras disciplinas, sino en condiciones de estricta igualdad; pues, de lo contrario, la enseñanza de la Religión se convertiría en una especie de excrecencia cansina dentro del sistema educativo, lo cual contradice el mandato constitucional. Nuestras autoridades educativas saben perfectamente que cuando se niega valor académico a una determinada disciplina se la está condenando a la insignificancia. En los últimos años ha triunfado cierta propaganda demagógica que trata de igualar la asignatura de Religión con una catequesis más propia del ámbito pastoral que del estrictamente educativo. Pero convendría recordar que la asignatura de Religión es algo muy distinto a una catequesis en la que se transmiten conocimientos doctrinarios. Así lo interpretan muy sabiamente los millones de padres que, sin ser celosos católicos practicantes, en- M tienden que la educación integral de sus hijos exige incorporar el legado cultural y moral aportado por el cristianismo. Un legado que constituye la argamasa esencial sobre la que han crecido el arte y el pensamiento occidentales; un legado sin el cual serían incomprensibles algunas de nuestras conquistas más enaltecedoras, desde la abolición de la esclavitud hasta el respeto escrupuloso por la vida. Privar a nuestros jóvenes de este ingente legado equivale a extirparlos de su filiación genética. El cristianismo fundó un nuevo sistema de valores sustentado sobre el amor, la piedad y el perdón; valores humanistas que no sólo conservan plenamente su validez, sino que cobran ahora una preciosa y renovada vigencia en una época tan tentada por el relativismo moral. El cristianismo fundó, además, una nueva cultura que, asumiendo la herencia pagana- -la filosofía griega, el derecho romano- inspiraría las más altas creaciones. Quiero concluir este artículo citando a Thomas Mann (convendremos que no se trataba de un meapilas) quien en su Travesía marítima con Don Quijote nos recuerda que la obra cervantina no puede ser cabalmente entendida sino como producto de la cultura cristiana, de la psicología y humanidad cristianas, y de lo que el cristianismo significa eternamente para el mundo del alma, de la creación poética, para lo específicamente humano y para su audaz ensanchamiento y liberación Thomas Mann sostiene que la negación de este fundamento de nuestra moralidad y cultura supondría una inimaginable amputación de nuestro status humano Y tras lamentar esa manía o banalidad propia de los tiempos contemporáneos, que tienden a echarlo todo por la borda define la aportación del cristianismo a la cultura occidental con un conglomerado sintáctico de difícil traducción: Lo una vez logrado nunca enajenable Defender la asignatura de Religión es vindicar ese acervo nunca enajenable.