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74 Tribuna VIERNES 10 12 2004 ABC E L ocaso tiene tres acepciones, según la RAE, aunque podrían reducirse a dos en contraposición. Por una parte, significa puesta de sol y también occidente, como punto cardinal por donde se pone u oculta el astro rey en busca de su salida diaria por el horizonte del este u oriental, fenómeno conocido con el nombre de orto. Tanto el anochecer o puesta de sol como el amanecer a un nuevo día, originan situaciones anímicas de gran belleza, vista desde la nostalgia o el optimismo. La segunda acepción es figurativa y significa decadencia, declinación, acabamiento. La sinonimia del término, sin embargo, es amplia y de tono peyorativo, desde crepúsculo a debilidad, ruina, término, fin, muerte u óbito. El ocaso como encaminamiento hacia el fin, con un carácter muy general, cobra un significado especial y concreto cuando se refiere al hombre, a su origen y destino. Ninguna idea ha influido más en la cultura del Homo sapiens y en su evolución que la del ocaso y fin terrenal. Los monumentos megalíticos funerarios, las pirámides faraónicas y del nuevo mundo, las catedrales y templos modernos de toda índole, el sinnúmero de religiones y de credos, son fehaciente testimonio de una preocupación humana que no se extingue pese al avance de la Ciencia y la Técnica. Como cuestión antropológica, el ocaso puede ser absoluto, irreversible o parcial y recuperable, siempre con la vista puesta en el final del ciclo biológico. En definitiva, el temor a la muerte y a las incógnitas que plantea, ha sido el motor principal del progreso humano y gran atractor, alrededor del que gira incesantemente la apesadumbrada existencia del hombre. Es evidente que la idea del ocaso nos atrae dominando nuestra voluntad, obligándonos a dar vueltas y a girar en su entorno a lo largo del tiempo, de nuestro tiempo y el de nuestros antepasados. Precisamente la expresión en torno y rueda que conforma el título de este artículo, se debe a Francisco de la Reina, albéitar zamorano del siglo XVI, precursor muy principal de la aportación científica al descubrimiento final de la circulación de la sangre por Willian Harvery, ya en el siglo XVII. Dice De la Reina: la sangre anda en torno y en rueda por todos los miembros y venas: tiene por oficio de llevar el nutrimiento... hasta el emperador del cuerpo que es el corazón, al cual todos los miem- EN TORNO Y RUEDA AL OCASO GUILLERMO SUÁREZ FERNÁNDEZ Catedrático de la Universidad Complutense y Académico bros obedecen Genial frase de tono surrealista, del ilustre albéitar, experto traductor del latín, culto y conocedor de saberes, que nos complace recordar con admiración y respeto. Volviendo en torno y rueda al ocaso antropológico no dejan de sorprender, por su frecuencia, los casos provocados por la comisión de delitos, descubiertos y castigados por la ley, de forma incompleta. Si a quien es reo de una malversación o estafa no se le exige devolver lo sustraido, nada está perdido definitivamente. El ocaso, la decadencia, será sólo parcial y recuperable el bienestar. Todos a lo largo de la vida hemos conocido casos... sin salir del asombro. En torno y rueda a ocasos y cambios en la estructura política y social a nivel universal, próximos y lejanos, existen hitos fundamentales que no es ocioso seguir recordando, la caída del muro de Berlín, las atrocidades fundamentalistas del 11- S y 11- M, el ocaso final de Sadam Hussein, el imprevisto deceso de Yaser Arafat, los misterios en torno a Ben Laden y la organización terrorista Al Qaida, etc. De vez en cuando entran en rueda descubrimientos científicos que aportan ráfagas de optimismo al devenir de la existencia y su inexorable fin, que se alarga y postpone con la esperanza. Los dos ejemplos más notables y de actualidad son la secuenciación del genoma humano y los estudios con células madre. La aplicación de la Ciencia y la Técnica a la resolución de problemas concretos en las áreas de la salud, de la industria, requiere discusión, reflexión y paciencia, a la luz del estado actual de conocimiento en tan esperanzadores capítulos. En todo caso no se ve tan próxima la rentabilidad práctica de tan sensacionales hallazgos científicos. El ocaso no es todo sombra y tiniebla, declinación y decadencia, acabamiento al fin. El ocaso es también puesta del sol al trasponer el horizonte tal y como lo presenta el genial Antoinne de SaintExupery en Le Petit Prince El principito le decía al autor me gustan las puestas de sol vamos a ver una puesta de sol... y más tarde decía Antoinne en tu pequeño planeta te bastaba correr tu silla unos pasos. Y mirabas el crepúsculo siempre que te apetecía... y respondía el principito un jour, j ai vu le soleil se coucher quarante- trois fois! Et un peu plus tard: Tu sais... quand on est tellement triste on aime les couchers de soleil Respondía el interlocutor le jour des quarante- trois fois tu étai doncs tellement triste? Mais le petit princes ne réspondit pas. Belleza en la puesta de sol, maravilla literaria insuperable, tristeza por la precipitación del ocaso de Saint- Exupery. Un ejemplo también virtual, tan profundo como hermoso, es el final de Don Quijote de la Mancha, recordando el juicio ante la muerte próxima yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui D. Quijote de la Mancha, y soy agora como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda con vuesas mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mi se tenía y prosiga adelante señor escribano Parece que el ocaso de D. Quijote como modelo ha traspasado frecuentemente la línea divisoria entre lo virtual y lo real acompañado del lúcido arrepentimiento como en el caso de Sabino Arana que era un loco que recuperó la razón antes de morir, o sea como D. Quijote Campmany, ABC (25.8.04) En este el caso más notable por su proximidad, actualidad y consecuencias, pero no el único. El laureado poeta José Hierro, ya en el lecho de muerte, con plena luci- dez nos dejó dicho, no mucho tiempo ha tanto para tan poco El ocaso viene garantizado por el transcurso del tiempo, implacable dimensión hermanada con el espacio, cuya percepción por el ser humano varía claramente de la niñez a la senectud. La percepción del tiempo podría representarse girando en torno a un cono y empezando por la base continua en espiral hacia el vértice a medida que el tiempo transcurre de manera que de joven un año es inacabable y de mayor se va acortando esa percepción hasta llegar a ser casi imperceptible en la vejez cuando el tiempo está girando en el vértice del cono. La pérdida progresiva de sensibilidad para valorar el tiempo produce una sensación de acercamiento veloz al ocaso y un temor a la muerte, sentimiento ausente en el joven, que todo lo ve a una gran distancia y que solamente se atenúa con el consuelo religioso y la fe del creyente en su propio credo. A veces un recuerdo nos induce a reflexiones de esta dimensión. Hace veintidós años que falleció Ingrid Bergman leíamos en ABC el 30 de agosto pasado. ¿Es posible? Lo es, como tantos otros casos de familiares y amigos. Oh! La percepción del tiempo, ese gran fallo de la conciencia humana que se nos escapa. Llega el siglo XXI, el deseado, el concebido como de la esperanza arrecia la lacra del terrorismo con asesinatos en masa 11- S- 01 y 11- M- 04, seguidos del secuestro de niños en la escuela de Beslan, Osetia del Norte, el 1 de septiembre de 2004, que finalizó con la más espeluznante matanza que se recuerda en un centro docente. Sucesos inimaginables por su extrema crueldad. El terrorismo provocador del ocaso inducido prematuramente, generador de muerte indiscriminada, es la nueva obsesión del siglo XXI, que con tantas muestras de alegría y esperanza fue recibido. Todo ha cambiado, nada es igual excepto a nivel cósmico, a donde la maldad humana no puede llegar en sus efectos negativos. La tierra, nuestra tierra, depende del sol, fuente de energía y vida, que un día, dentro de miles de millones de años, agotará su energía y se convertirá en una aniquiladora supernova que englobará a todo el sistema solar. Esto nos dice la Física teórica y la Astrofísica. La fe, sólo la fe, puede salvarnos de tanto pesimismo M ICHEL Foucault se preguntaba por qué su vida no podía ser una obra de arte, si una lámpara o una casa podían serlo y la pregunta, en sí, es ya un monumento de larga duración y larga tela especulativa. Todos hemos conocido a seres admirables que, a lo largo del tiempo, han resistido en lo posible la decadencia corporal y la variopinta corrupción del mundo. Seres importantes o no, pero íntegros, pensantes, trabajadores, cuya presencia constituía ya un ejemplo para los demás y, a la vez, una crítica inexpresada pero muy evidente de EL AMOR Y ESE MUEBLE MEDARDO FRAILE Escritor casi todo lo que ellos no hacían. Creo que hoy, cada día más, se van esfumando las posibilidades de hacer de nuestras vidas obras de arte o, al menos, de intentarlo, porque hay confusión, transgresión y robo continuo de normas y conceptos entre altos y bajos y a todo ello contribuye también la lógica nunca escrita de la mujer que, con sus sacrificios y generosidad durante siglos, fue la columna que sostenía los valores más estables y necesarios de una sociedad sensata y razonablemente feliz. Ahora el amor, en las pantallas y en la vida, necesita tener siempre una cama a un metro de distancia o, quizá, menos. El amor, que yo sepa, no está necesitado de ningún mueble para patentizarse y aunque la cama sea partícipe de amores verdaderos, lo que hoy parece privar en su holganza es lo que Rabelais llamaba la bestia de dos espaldas y sus tristes secuelas irremediables. Foucault escribió también que el sexo- -cualquiera- -es aburrido, y esa vox populi de todas las épocas que es el grafito nos dice que las mujeres que desean ser iguales que los hombres carecen de ambición Pero, a lo peor, es que ya soy viejo. Ustedes perdonen.