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ABC VIERNES 10 12 2004 Espectáculos 71 Bad Santa Hijos de perra navideños JAVIER CORTIJO Los dos camellos protagonistas de la película La historia del camello que llora Caudaloso oasis J. C. Ciento setenta maneras de fuck setenta y cuatro cagarrutas de shit treinta y un ass en pompa y diez bitch haciendo la calle. Aunque Atenas quede lejos, si los hermanos Coen, productores de esta película, pretendieron batir el récord olímpico de exabruptos y barbarismos en un mazapán navideño, a fe que lo han logrado y por la vía de la pulverización. El canalizador de tal ametralladora incorrectísima no es otro que Papá Noel, un tipo cuyo incierto pasado, mascota con nariz etílica y estrafalaria pinta (que no desentonaría en cualquier jacuzzi con aerofagia o rueda de reconocimiento de alguna comisaría del distrito apache) siempre hacen sospechar oscuridades insondables. De entre todas sus posibles tropelías, el director Terry Zwigoff- cuya afinidad comiquera trash demostrada en Ghost World y en la magnífica y rescatable Crumb era idónea para este antihéroe, que de hecho es habitual en la serie Batman como Santa Klaus- se queda con la vertiente delictiva, planteando una historia (o historieta, que aquí no es despectivo) que haría las delicias de Álex de la Iglesia: un facineroso borrachuzo y su diminuto compinche se dedican a saquear los grandes almacenes en los que trabajan dando vida a Papá Noel y su elfo, respectivamente. Así, el plato fuerte y casi único del menú es ver a Billy Bob Thornton con cara de triple ardor de estómago y petaca de ginebra en mano (según confesa- ba, las cogorzas en el rodaje eran tan reales como el revolcón con Halle Berry en Monster s Ball o eso le gustaría a él) a pesar de que su sincero y tóxico esfuerzo no consiguen hacernos olvidar cómo hubiese sido su papel en manos imposibles (pongamos W. C. Fields o el Walter Matthau de Los picarones cuyo remake precisamente protagonizará Thornton) o posibles (Bill Murray o Jack Nicholson, quienes colgaron el gorro de Santa Claus propuesto por los Coen en el último momento) Aunque la verdadera lástima es que, en el fondo, tanta blasfemia y vomitona se convierte en la típica natilla navideña dada la introducción del inevitable niño outsider (aunque el chaval está sembrado en su memez) al que nuestro héroe redime y escolta. Por supuesto, también hay lugar para golpes de purísima mala baba, graznidos agradecidos y nostalgia cinéfila (ésta es la última película del finado John Ritter) pero la sensación final es que para esta boca sucia no hacía falta tanta lejía. Aunque ya sabemos lo patéticos que pueden ser los yanquis cuando se ponen en plan supermalo malísimo Director: Terry Zwigoff. Intérpretes: Billy Bob Thornton, Tony Cox, Brett Kelly, Lauren Graham, John Ritter. Duración: 98 minutos. Nacionalidad: EE. UU. 2003. Calificación: No le queda descabellado ni le tira de sisa o joroba el consabido y casi rutinario hermanamiento (auspiciado por sus propios autores) de La historia del camello que llora con el primigenio y pionero cine de Robert Flaherty. Hasta un cardiólogo novato no tardaría en encontrar un par de palpitaciones paralelas y épicas entre Nanuk, el esquimal u Hombres de Arán y este docudrama (invento atribuido al cineasta de Michigan, por cierto) mismo travelogue de arteria interna, similar imbricación de los usos y costumbres antropológicos con una ficción que los reverbera y glorifica aún más, y parecido exotismo casi mondo (y lirondo, naturalmente) que nos deja a los occidentales con el mismo rocío en los ojos que un niño ante el escaparate de una pastelería. Y, encima, con bola extra, ya que uno de los autores, Byambasuren Davaa, es de la tierra manteniendo a buen recaudo la cuota de realismo y pie de asfalto (o arena del Gobi, más bien) para no caer en fantasías orien- Directores: Byambasuren Davaa y Luigi Falorni. Intérpretes: No profesionales. Duración: 105 minutos. Nacionalidad: Mongolia- Alemania, 2003. Calificación: talistas o arquetipos de clase turista. Últimamente, el género documental se estaba acostumbrando a llevar la pechuga revolucionaria demasiado al aire y la estaca protestona y reveladora a punto de garrotazo, aunque fuese estilo guiñol de barrio. Por eso, este bello, sucinto y a ratos sublime poema sobre la pequeña gran epopeya de un camello albino como Jarmusch al que su madre rechaza por un mal parto es el necesario contrapeso a tanta acritud y voz en grito. Y como tampoco era plan de quedarse en las raspas de un reportaje de sobremesa de La 2 (que por algo los hemos visto todos un millón de veces, según las últimas estadísticas) Davaa y Falorni agregan unas gotas pseudoiraníes de documental de camino errante -como dijo Agnès Varda- sobre los nómadas de Mongolia, seres de una humanidad y concisión desarmantes cuyos hijos, como cualquier ídem de vecino, desean que entre la parabólica y la GameBoy en sus vidas cuanto antes. En fin, una rebanada de destilada pureza con más mensajes de buena voluntad que todas las películas sobre Santa Claus de los últimos treinta años y con un tramo final simplemente mágico y milagroso, y eso que a lacrimógeno no lo gana nadie. Y no olvidemos que, como el Estudiantes, éste es un filme de patio de colegio (por muy de Múnich que sea la escuela) Billy Bob Thornton con cara de triple ardor de estómago, vestido de Papá Noel