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ABC VIERNES 10 12 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Decir que el Egipcio es el autor intelectual del 11- M es como si dijeran que Corcuera es el autor de El Ser y el Tiempo de Heidegger MOHAMED EL EGIPCIO L CARLOS HERRERA Si lo dicho por Bono lo hubiese afirmado un ministro del PP le hubiera caído todo un temporal en lo alto, más o menos el mismo que le cayó a Álvarez del Manzano cuando situó en la Plaza de Colón de Madrid una mega- bandera española ¿EN QUÉ QUEDAMOS? STOY hecho un lío, chicos. Tengo un presidente de Gobierno que me produce sensaciones dispares, pero que, por encima de todo, me confunde en asuntos relacionados con la estructura nominal del Estado, y, de paso, de la Nación. No lo acabo de metabolizar. Eso de que el concepto de Nación es discutible y discutido resulta una obviedad muy propia de quien convierte los discursos en meras arengas de colegiales, pero es que además no permite proseguir en el debate según las normas elementales de intercambio de argumentos más o menos lúcidos. Evidentemente es discutible. Todo es discutible. Hasta los resultados electorales son debatibles, aunque sean inapelables. El caso es saber qué piensa el presidente del Gobierno sobre el concepto de nación, no sobre la posibilidad de ser discutido, y, sobre eso, no acabo de ver su tesis gracias a la difusa soflama que se extrae de su ejecutoria. Pero el lío fundamental me sobreviene cuando escucho a la reserva espiritual de su Gobierno, el impagable José Bono, afirmar en la Academia de Infantería de Toledo que la Constitución deja suficientemente claro lo que es la Nación y su circunstancia, y que fuera de eso nada tiene sentido. Si eso lo hubiese afirmado un ministro del PP- -al fin y al cabo es lo que dice siempre el PP, palabra por palabra- -le hubiera caído todo un temporal en lo alto, más o menos el mismo que le cayó a Álvarez del Manzano cuando situó en la Plaza de Colón de Madrid una mega- bandera española para que ondeara al capricho del viento españolísimo de Castilla. Recuerden que entonces surgió de la noche el brío de Jesús Caldera señalando lo mucho que podía molestar ese izado a los partidos nacionalistas de siempre: ahora, en cambio, cuando la iza Bono, la misma bandera, ni Caldera ni nadie ha abierto la boca. Tremenda confusión en la que me sume. ¿En qué quedamos, entonces? ¿Nación indiscutible E o Nación discutida? En puridad, cuando un presidente escucha a su ministro elaborar un discurso que no circula en paralelo a sus propósitos como jefe de Gabinete, lo normal es que se abra un debate entre ellos, casi siempre en privado: Ojo, Pepe, no te sueltes esos calentones en público que luego tengo yo que salir a calmar a los socios Aunque lo realmente edificante sería que, estando Rodríguez erguido a la vera del ministro, se le fueran abriendo los ojos circunflejos y le arrebatara el micrófono en plena alocución y dijera medio inclinado a su derecha: Un momento, un momento, querido público, esto que está diciendo el ministro no es lo que está previsto en la política general española, con lo que le anuncio que queda cesado en este mismo momento y que se joda por decir lo que no es, que ahora es a este guapo al que le toca explicárselo a Maragall Demasiado surrealismo para ser verdad. Demasiado bonito. Pero también coherente. Un gobierno puede manifestar en su seno diferencias de criterio acerca de la cantidad de fondos devengables de una partida o del monto total del incremento de otra. Es normal que no coincidan el ministro de Industria y el de Educación. No pasa nada. De hecho, puede ser cierto aquello que dijo un día un ministro cesante: Si de verdad se supiera de lo que se habla y cómo se habla en los Consejos de Ministros, habría auténticas estampidas de españoles hacia los aeropuertos Pero que la divergencia se establezca sobre la arquitectura nominal y práctica del Estado resulta, de momento, un tanto inquietante, ya que se transmite a los ciudadanos una indefinición sobre las cosas de comer que altera enormemente la sensación de seguridad y confianza en la consistencia de la casa común que tan precisa resulta. En resumen, que se aclaren. www. carlosherrera. com OS italianos nos han entregado a un sujeto llamado Rabei Osmán El Sayed, más conocido como Mohamed el Egipcio Se trata de un individuo muy religioso y temeroso de Alá. Según cuentan, estuvo rezando durante todo el tiempo del vuelo desde Milán, ha pedido que la celda que le asignen en la prisión de Soto del Real se encuentre orientada a la Meca y que de su comida se hayan excluido aquellos alimentos que el Corán prohíbe. Es posible que la religiosidad del Egipcio entre resueltamente dentro de lo que se puede considerar como fanatismo, porque a pesar de ella, o precisamente por ella, se le acusa de la muerte de casi doscientas personas como implicado en el atentado terrorista del 11 de Marzo. Hay algunos que señalan al Egipcio como el cerebro o autor intelectual de la terrible masacre. Ya comprendo que es un dato escasamente relevante, pero os confieso que, viéndole la pinta al supuesto cerebro se me antoja más un capataz de terroristas que un autor intelectual de grandes atentados. Ni de grandes atentados ni de cualesquiera otras obras importantes. Para decirlo de una manera más gráfica: escuchar que el Egipcio es el organizador del 11- M es como si escuchara que José Luis Corcuera es el autor de El Ser y el Tiempo de Heidegger o de La teoría de la relatividad de Einstein. Ya lo dijo El Gallo: Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible Al oír esa hipótesis de la autoría intelectual de el Egipcio tiene uno la impresión de que alguien se da demasiada prisa en atribuirla a gente que habita en desiertos remotos o en montañas lejanas Porque tendremos que reconocer que cada día que pasa nos encuentra más a oscuras en ese misterio. ¿Quién organizó el 11- M, quién señaló el momento preciso de su perpetración, quién metió a los autores materiales en un mismo piso de Leganés inmediatamente después del atentado, quién se ocupó de tener los explosivos en ese piso, quién ordenó su explosión? Hay muchas e importantes preguntas a las cuales no se puede dar respuesta alguna o medianamente convincente. Ni siquiera sabemos con certidumbre si el atentado fue preparado de una manera más o menos improvisada o estaba cociéndose en el caletre y en la actividad de alguien desde hacía dos o tres años. Tampoco sabemos a ciencia cierta si entre los propósitos de la masacre figuraba el objetivo de dar el vuelco a las elecciones de tres días después. No sé si el cerebro del Egipcio podrá arrojar alguna luz sobre esta montaña de sombras amontonadas. No creo que el juez Del Olmo tenga a su disposición al artífice de la gran matanza del 11- M, sino todo lo más a un reclutador de terroristas fanáticos. Y hay que tener en cuenta que el Egipcio es un fanático que reza orientado hacia la Meca y observa las prohibiciones alimentarias del Corán, pero no se inmola sino que escapa. Y con todo, habrá que confiar en el juez. La Comisión parlamentaria es una pelea de gallos que intentan clavar los espolones en el adversario político. No busca la verdad, porque ha vetado, a golpe de mayoría, los testimonios más interesantes.