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94 JUEVES 9 12 2004 ABC Deportes Un triunfo sin el menor ruido El Real Madrid ganó con facilidad a un Roma decadente en medio de un silencio que hizo más insoportable el partido y se clasifica para octavos ROMA REAL MADRID 0 3 con esa defensa de tres tan adelantada. Era una invitación constante a que metiera su quinta velocidad, a tirar diagonales letales que tenían casi siempre opción de acabar en gol. Acertó en la primera que tiró, en el minuto diez, y volvió a repetir en la acción que cerró el partido en el minuto sesenta, con media hora todavía por delante. El día 17, sorteo de octavos Será dirigido con cuatro condiciones: no podrán enfrentarse los primeros de grupo; tampoco emparejarse equipos que hayan jugado la liguilla en el mismo grupo; se evitarán los cruces entre clubes del mismo país; y los primeros de grupo jugarán la vuelta en su estadio. Roma (3- 4- 3) Pelizzoli; Mexes, Dellas, Ferrari; Cufré, Perrotta (De Martino, m. 82) Aquilani, Candelá; Mancini, Delvecchio, Corvia. Real Madrid (4- 4- 2) Casillas; Míchel Salgado, Helguera, Samuel, Roberto Carlos; Figo (Pavón, m. 82) Beckham, Guti, Zidane (Celades, m. 87) Raúl y Ronaldo (Owen, m. 85) Árbitro Temmink (Holanda) Tarjeta amarilla a Zidane y Perrotta. Goles 0- 1, m. 9: Ronaldo. 0- 2, m. 60: Figo, de penalti. 0- 3, m. 82: Figo. Figo se tomó cumplida venganza Recordó al mejor Ronaldo en ese eslalon, en el que aceleró y desaceleró para superar defensas antes de ser derribado. Figo, de nuevo de los jugadores más activos del equipo, no se escondió. Lentamente, pero se dirigió al punto llamado fatídico- -se entiende que para el portero- -y esta vez no falló. Incluso tuvo tiempo para sacarse del cuerpo la rabia acumulada por el fallo de la noche ante el Leverkusen y se fue a por el balón para lanzarlo contra el cielo romano. Una acción de gracias, que aún tuvo tiempo de repetir minutos después con un segundo tanto en su cuenta, tercero en la de su equipo, que precintaba un duelo descompensado, descafeinado y adulterado tanto por la falta de público como por el equipo que puso en la batalla el Roma. ENRIQUE ORTEGO ROMA. El Real Madrid se clasificó para octavos de final de la Liga de Campeones. Tarde, en el último partido, cuando la necesidad apretaba, en medio de un silencio estremecedor, con más pena, incluso, que gloria, pero al fin y al cabo consiguió su objetivo prioritario, aunque a buen seguro que en el mes de septiembre, cuando comenzó la liguilla, la meta era ser primero del grupo y no segundo. Es evidente que los blancos llevan en el pecado la penitencia de tener que jugar el primer partido de la siguiente eliminatoria- -ya directa- -en su estadio, con el riesgo que siempre conlleva jugarse la clasificación en el choque de vuelta en campo contrario. Finalmente este suceso, la clasificación de un segundo equipo español, es lo único que se puede rescatar de lo vivido ayer en el Olímpico. El fútbol no es la ópera. Y al fútbol no se puede, ni se debe, jugar en un estadio vacío. Alguna otra fórmula debería arbitrar la UEFA para sancionar a las aficiones que se toman la justicia por su mano y cometen animaladas como las de agredir a un árbitro. Pero obligar a dos equipos a disputar un encuentro a puerta cerrada es un atentado contra el espectáculo, sobre todo en una competición que parece diseñada para él. Una pantomima a extinguir La presencia de Totti, Cassano o Montella posiblemente no hubiera modificado el resultado porque el Madrid es muy superior en todos los conceptos futbolísticos, pero al menos con ellos sobre el césped hubiera existido más margen para ver algo diferente. Sin ellos, las únicas muestras de peligro de su equipo llegaron en lanzamientos de falta que encontraron en los postes de la puerta de Casillas el frontón que todo portero quiere cuando no llega a esos balones ajustados que merecen mejor suerte. La principal virtud del equipo de García Remón ayer fue que se tomó el partido como se debería tomar todos. Con concentración y seriedad. Fútbol control, escasos riesgos defensivos y paciencia en el centro del campo para ir cimentando la victoria con el paso de los minutos. Además, Ronaldo pareció especialmente motivado en su vuelta a Italia. Sobró casi toda la segunda parte. El Roma, que nunca estuvo por la labor de desgastarse más de lo que el guión de su técnico había marcado, se rindió pronto y la media hora final fue un suplicio. El silencio se hizo aún más aterrador y la sensación de que en un futuro no se debe permitir que se repita una experiencia parecida se apoderó de todos los que estuvimos en el Olímpico. Ser testigos de una pantomima no engrandece los currículos. Ronaldo se tapa la cara para celebrar su gol La UEFA estudia hoy si sanciona al Real Madrid por los incidentes racistas El Real Madrid puede ser hoy castigado con una multa y con el cierre del Santiago Bernabéu si la UEFA estima que el comportamiento de un sector de la grada en el partido frente al Bayer Leverkusen puede tacharse de racista. A raíz de los incidentes, la UEFA abrió una investigación para esclarecerlos. Según este organismo en ese encuentro se vieron saludos nazis y se escucharon cánticos racistas dirigidos a los jugadores negros del Leverkusen Juan y Roque Junior. Nada fue reflejado en el acta del árbitro ni en la del delegado del encuentro. Pese a ello, la UEFA decidió actuar y hoy se conocerá la posible sanción cuando haga pública su decisión el Comité de Control y Disciplina. Un reportaje de la cadena inglesa Sky Sports que realizó un seguimiento al sector más radical de la afición, reflejó las actitudes racistas que pasaron inadvertidas para el árbitro. Esta pesquisa se une a los incidentes que se vivieron en el España- Inglaterra, también en el Bernabéu, donde los jugadores negros ingleses fueron objeto de los cánticos racistas. Ronaldo lo hizo más fácil Si para un cronista se antoja raro escribir en silencio, sin la compañía del ambiente que te rodea, para un futbolista jugar en la nada, en una pecera sin ruidos, en una burbuja insonorizada, debe resultar desmoralizante. Tuvo la fortuna el Real Madrid de encarrillar pronto el simulacro con el gol de Ronaldo, porque a partir de entonces jugó como le gusta, andando, con circulaciones largas de balón, toques en corto y apoyos constantes sólo rotos de vez en cuando por alguna ruptura en velocidad de Ronaldo. El brasileño interpretó perfectamente que el Roma arriesga en demasía