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4 Opinión JUEVES 9 12 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO LA BATALLA POR LOS FONDOS DE COHESIÓN TÉ, PASTAS Y GIBRALTAR UE entre dos países amigos, occidentales, europeos y trasatlánticos- -al menos esto último era claro para España hasta hace unos meses- siga interponiéndose una colonia fosilizada de cinco kilómetros cuadrados es un anacronismo tan absurdo que merecería un paso de página inmediata. Desgraciadamente esto no puede ser todavía así. Afortunadamente la responsabilidad histórica de tan torpe contencioso no está en manos españolas. No es momento para preguntarse por qué Londres se empeña en mantener vivo este rescoldo colonial. No cabe duda de que las heridas postimperiales siguen abiertas sobre la memoria británica. Lo sorprendente es que este trauma colectivo- -comprensible a la altura de los años 50 del siglo pasado- siga supurando entrado el siglo XXI y dificultando la buena marcha de una relación bilateral que podría ser mucho más fructífera de lo que es actualmente. Es cierto que las decisiones exteriores del Gobierno socialista han situado a España en una longitud de onda bastante atípica dentro del concierto de las sociedades abiertas occidentales. Tampoco la precipitada retirada del contingente humanitario español destacado en Irak facilita las cosas. Sobre todo cuando el Reino Unido está tan implicado en la viabilidad del proceso democrático iraquí. Los gestos británicos de reafirmación de su soberanía sobre Gibraltar acontecidos en los últimos meses deben ser entendidos desde esa perspectiva; máxime si España parece decidida a ensayar una extravagante política exterior que compromete seriamente el control responsable por Occidente de un área geoestratégica tan vital desde el 11- S como es el Estrecho de Gibraltar. La puesta en marcha del nuevo foro de diálogo iniciado ayer en la campiña de Kent entre las autoridades españolas, británicas y gibraltareñas ha conseguido- -además de disfrutar de una agradable tertulia con té y pastas- -un peligroso gesto protocolario que afronta un itinerario diplomático que tan sólo beneficia al premier gibraltareño, Peter Caruana. Que por primera vez en la historia del contencioso gibraltareño se añada una tercera parte a una negociación que tenía que ser exclusivamente bilateral por coherencia y responsabilidad histórica, es algo que podrá parecer a algunos muy novedoso, pero que, en realidad, al dar título de interlocución a Caruana, lo único que hace es beneficiar a éste para perjudicar directamente los intereses españoles. Bastaría abrir las páginas del Gatopardo de Lampedusa para comprender que la apertura de un nuevo foro de diálogo hispano- británico sobre Gibraltar en el que los llanitos participen directamente, no hará cambiar nada- -a parte de enfriar el té- porque no hay voluntad británica para que cambie realmente algo. Q UEDAsolamente una semanapara el Consejo Europeo que marca el fin de la presidencia holandesa y el Gobierno español no parece haberse dado cuenta de que se encamina a una situación catastrófica en sus relaciones económicas con la UE. La discusión de las perspectivas financieras para el período 2007- 2013 tiene que quedar enfocada después de esta cumbre, y a estas alturas, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no ha dado señales de que tenga una estrategia razonable para evitar que España pase de ser la principal beneficiaria de los fondos de cohesión a ser el país que soporta en términos reales el grueso de los costes de la adhesión de los diez nuevos países miembros. La brusca reorientación de las alianzas europeas de Zapatero hacia el eje franco- alemán no le lleva desde luego al terreno más apropiado para que nuestros intereses sean bien entendidos y, a efectos prácticos, la realidad es que España se encuentra en estos momentos con el magro apoyo de dos países- -Grecia y Portugal- -para tratar de ablandar la sólida posición de los Gobiernos que han sentado claramente su intención de recortar los gastos en las políticas de cohesión. Los intentos de implicar a los diez países que acaban de incorporarse a la Unión están destinados al fracaso- -como ya se ha visto con las sucesivas deserciones que se están produciendo- -porque todos ellos tienen intereses muy distintos a los que defiende España y, dadas sus dimensiones, sus posibles beneficios están limitados a niveles que para España serían perjudiciales. Es cierto que una nación como España no debería aspirar adepender permanentemente de los subsidios europeos, como si no fuéramos capaces de obtener por nuestros propios medios y esfuerzos los niveles de renta que un país como el nuestro merece. Peroeso no debería impedir que en estos momentos el Gobierno sea capaz de pelear por sus legíti- mas ambiciones en las instituciones europeas, que ayer mismo propuso recortes a las cuotas de pesca en las aguas ibéricas, que supondrían un nuevo varapalo a las aspiraciones españolas. Pero si alguien dijera que el Gobierno de Zapatero ha convertido su proverbial talante enuna actitud complaciente en el seno de la UE, probablemente estaría en el buen camino, porque ignora que en Europa no se anda nadie con sutilezas a la hora de defender sus intereses. Se sabe que la Comisión Europea- -que es la que tendrá que gestionar estos presupuestos multianuales- -está preparando alternativas y propuestas en las que puedan encajar las reclamaciones particulares, pero no consta que España se haya interesado siquiera por conocerlas. Al contrario, el Gobierno ha bendecido desde el principio la reforma y flexibilización del pacto de estabilidad, a pesar de que la experiencia propia nos demuestra sus muchas virtudes, y ni siquiera ha querido exigir a cambio una actitud más favorable a sus intereses por parte de los países que como Alemania quieren una mayor elasticidad en materia presupuestaria. Si la situación actual no se corrige, España perderá más del 40 por ciento de los fondos europeos y se convertirá en contribuyente neto sin período de transición. Tal como están las cuentas, a España le tocaría pagar a las arcas comunitarias más que a Alemania. Cuando se negociaron las presentes perspectivas financieras bajo el Gobierno del Partido Popular, José María Aznar defendió sus posiciones con toda la firmeza disponible en los usos comunitarios, y convirtió a España en el principal beneficiario de los fondos europeos, aunque tuviera que amenazar entonces- -cumbre de Berlín- -con vetar el proyecto entero. Ahora sería deseable que Zapatero tomara nota de la gravedad de la situación y empezase a pensar que ya se ha pasado el tiempo de las sonrisas y el culto al talante Q OTRA VEZ, EL HAMBRE R ESULTA estremecedor saber que bastaría la quinta parte de lo que el mundo gasta en la lucha contra el sida, la tuberculosis o la malaria para combatir con éxito otra de las plagas que asuelan la humanidad: el hambre. Especialmente cuando esta última supone la muerte, por ejemplo, de cinco millones de niños al año, que afecta a casi mil millones de personas en los cinco continentes o que cada dólar gastado en combatirla podría, según los datos del informe anual de la FAO, dar a cambio unos beneficios hasta veinte veces mayores. ¿Por qué, entonces, el número de seres humanos que mueren o enferman debido a la escasez de alimentos no deja de aumentar cada año? El hambre, además, ha dejado ya de ser patrimonio exclusivo de los más pobres, como atestiguan los nueve millones de hambrientos que malviven en los países industrializados. Así las cosas, el objetivo previsto de reducir a la mitad el número de afectados en el mundo para el año 2015 parece cada vez más alejado. Aunque la FAO se resiste a renunciar al objetivo e insiste en que, si todos colaboran, aún es posible alcanzar esta meta A este panorama desolador cabe añadir la delicada situación, en la antesala misma del hambre, por la que atraviesan 1.400 millones de trabajadores (la mitad de todos los que había en el mundo en 2003) cuyos ingresos son inferiores a los dos dólares diarios. La vía a seguir, como único rayo de esperanza, es la seguida por países que han adoptado programas a gran escala para promover la agricultura y el desarrollo rural, como Chile, Costa Rica y Uruguay, que han conseguido reducir (algunos hasta un 25 por ciento) su número de hambrientos.