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62 Tribuna MIÉRCOLES 8 12 2004 ABC ON la muerte, pronto hará veinte años, del XVIII duque de Frías, se extinguía una estirpe que arrancaba de los Contestables de Castilla en las últimas décadas de la Edad Media. José Fernández de Velasco y Sforza, duque de Frías, marqués de Berlanga, de Frechilla y Villarramiel, y de Toral, conde de Oropesa, de Fuensalida, de Alcaudete y de Haro, murió el jueves ocho de mayo de 1986. Pudo haber sido enterrado en la capilla del Condestable de la Catedral de Burgos o en cualquiera de los monasterios dispersos por toda España sobre los que la Casa de Frías ejercía un ancestral patronazgo, pero su cuerpo está bajo la cúpula de uno de tantos pequeños panteones de la sacramental de San Isidro. Tenía la nariz aguileña de los Sforza, el porte enjuto y un raro acento que era consecuencia de su bilingüismo. Hablaba el italiano materno de manera tan limpia como el español, pero el duque era castizamente madrileño. Este casticismo- -se ha dicho muchas veces- -ha sido casi un rasgo de identidad de la alta nobleza española. Frías había nacido en el palacio romano de los Sforza- Cesarini, en el lujoso Corso Vittorio Emanuele II, pero al oírle algunas expresiones coloquiales le imaginaba uno nacido en la calle del Sombrerete, o del Salitre, o en cualquier otra de Lavapiés. Frías era afable, pero hablaba poco, y eso le hacía parecer reservado y distante. Tenía un señorío natural que se imponía por sí sólo al interlocutor, que sin quererlo y probablemente sin advertirlo, se veía inclinado a tratarle con especial respeto. José Fernández de Velasco y Sfor- C RECUERDO DEL XVIII DUQUE DE FRÍAS ANTONIO PAU de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación La austeridad de su vida contrastaba con los cuadros de Pantoja de la Cruz y los de Claudio Coello que colgaban en los pasillos de su casa za, XVIII duque de Frías, no se dedicó a las armas, ni a las letras, ni a la diplomacia, ni a la política, como sus antepasados, sino a leer los viejos papeles de su archivo, en el que había cartas de Colón, manuscritos reales y memoriales de las hazañas más diversas. De sus largos encierros en el castillo cordobés de Montemayor sacó una minuciosa erudición que le convirtió en uno de los mejores conocedores de los recovecos de nuestra historia. No tuvo ningún interés en publicar nada, de manera que su erudición salía sólo en las conversaciones. Aquello era como un descomunal desperdicio. Su memoria era un fiel espejo del inagotable archivo familiar, y su familia había sido protagonista de una buena parte de la historia de España. Por esa razón, los académicos de la Historia le llamaron a sus filas; tenían la esperanza de que aquellos datos tan precisos que Frías dejaba caer, casi con desgana, en su casa de la calle Marqués de Urquijo o en los tresillos de la Gran Peña, los deslizase en el salón de plenos. Vivió modestamente, porque su erudición no producía réditos, y sus posesiones dispersas por las dos Castillas eran eriales, muchos de ellos ocupados por desconocidos, a los que él, naturalmente, no importunó. De cuando en cuando, unas monjas le pedían permiso para hacer obras en su convento. Hacía ya varias siglos y bastantes generaciones que se había olvidado el patronazgo de la Casa sobre el convento, y él las autorizaba todas. La austeridad de su vida contrastaba con los cuadros de Pantoja de la Cruz y los de Claudio Coello que colgaban en los pasillos de su casa. Pero aquellos severos señores retratados, antepasados del Renacimiento y del Siglo de Oro, tampoco aportaban nada a la economía familiar. El 13 de abril de 1931, cuando varios miles de madrileños vociferantes rodearon el palacio de Oriente para ex- pulsar a Alfonso XIII, José Fernández de Velasco, entonces conde de Haro, se fue abriendo paso entre la multitud, llamó a la puerta del palacio y entró. Su padre le había dicho, simplemente: Ve a ponerte a las órdenes del Rey Ese monarquismo efectivo y heroico era una de sus características. En cualquier momento habría dado su vida por el Rey de España, y lo habría hecho casi como un trámite: era su primera y más elemental obligación. Fue preceptor de Don Juan Carlos y amigo, fiel y a la vez entrañable amigo de Don Juan. Tenían la misma edad. En los años en que el Rey fue Príncipe fue Jefe de su Casa: desde la muerte del duque de la Torre hasta la boda de Don Juan Carlos. La última enfermedad de Frías fue larga y dolorosa, pero se mantuvo en pie, esforzadamente, cuando su alta y sobria figura apenas podía mantenerse erguida. En esos años finales fue presidente de la Asamblea Española de la Orden de Malta. En su hábito negro, pálido, con la gola que en él parecía un elemento casi natural de su atuendo, resultaba una imagen conmovedora. Era muy consciente, dolorosamente consciente, de que, con su muerte, el ducado de los Condestables de Castilla, que habían servido a los Trastamaras y a los Austrias, pasaba ya a otra familia. Que con él se extinguía casi una raza. La vida de Frías no se entiende del todo sin la presencia siempre próxima y discreta de la duquesa, María de Silva y Azlor de Aragón, más silenciosa aún que él, alta y de ojos azules, extremadamente delgada, siempre con una sonrisa, entre dulce y tímida, en los labios. ACQUES Derrida (Argelia- 1930- -París- 2004) es el último gran filósofo del siglo XX, o al menos el más citado e innovador. Este gran pensador, seguro que lo que menos se esperaba es que cercano a su muerte- -ocurrida hace poco tiempo (París, 9- 10- 2004) -su sistema- antisistema filosófico, el deconstructivismo basado en el lenguaje, pasaría a la vida cotidiana. El deconstructivismo intenta demostrar, abordando los numerosos estratos semánticos que operan en el lenguaje, que es imposible determinar el sentido único de un texto. La tesis de fondo sería, entonces, que ningún pensamiento o concepto se puede transmitir en forma pura y unívoca. Trasladando el párrafo filosófico a un sentido simplista y divulgador, se podría decir que no existen sistemas puros, en consecuencia, habría muchas interpretaciones legítimas. Partiendo de estas interpretaciones legítimas este concepto complejo y escurridizo se aplicó al análisis de la literatura, la lingüística, el derecho y la arquitectura. De forma popular, y por supuesto, tomando del deconstructivismo lo adjetivo y vulgarizándolo a base de hacer hincapié en la etimología del término de- constructivismo ha pasado, poco a poco a J EL DECONSTRUCTIVISMO EN LA VIDA COTIDIANA JUANA VÁZQUEZ Escritora imprimir su sello en diversas áreas de la vida cotidiana, como es la gastronomía hecha por grandes cocineros, la moda- -sobre todo en la indumentaria femenina- e incluso la familia. Así, pues, los cocineros modernos españoles y con afán de grandes innovaciones, aunque estas, en muchos casos, sean provocadoras, se han pasado a la cocina que deconstruye o desestructura cualquier tipo de platos, tengan estos rancio abolengo en la tradición culinaria o sean producto de su última alucinación gastronómica. Y ahí tenemos, por ejemplo, a Ferrán Adrià que al contrario de otros maestros de la nouvelle cuisine como Paul Bocuse y Michel Troisgros, los padres fundadores de la nueva cocina, ha seguido renovando su estilo, y aunque hay otros muchos chefs modernos que siguen su camino, él ha sido el inventor de uno de los platos más sugerentes y provocadores de principios de siglo: el de la tortilla de patatas desestructurada, en donde por una parte va el huevo, por otra las patatas e incluso por otro la cebolla... y qué decir de los zumos, esto sin añadir otros platos exquisitos como los aires de verdura etc. Dentro del mundo de la moda femenina, no se puede citar a ningún o ninguna diseñadora de la alta costura que haya sido la pionera en este arte de de- construir, se trata de una tendencia general, y nos lo encontramos en la mayoría de las colecciones y, por supuesto, en cualquier tienda de ropa en serie. Así vemos trajes con una sola manga, con un hombro, con un ribete de escote, con una falda compuesta de tres o cuatro o más piezas sueltas, con un tapado de pecho y una falta de espalda, etc, etc. Asimismo, podemos hablar de la fa- milia, ya se fue al garete eso del padre- padre, madre- madre e hijos- hijos, hoy se ha desestructurado o deconstruido tal sistema social, y puede decirse que existen familias de una sola madre, de un padre, de dos padres, de dos madres, de hijos biológicos, adoptados, inseminados, etc, etc. El sistema puro de la familia se ha hecho puro deconstructivismo Y no se olvide mi vulgarización de un término filosófico tan complejo, pero los ciudadanos de a pie no captamos la esencia abstracta de estos conceptos tan escurridizos, sólo nos llegan las secuelas degenerativas de los mismos. Y así nos encontramos con que, hoy por hoy, este concepto derridiano está tomando la vida cotidiana de una forma pausada pero irreversible, y mucho me temo que dentro de poco el mundo entero será un puro deconstructivismo, pero un deconstructivismo que si nuestro Derrida levantara la cabeza no reconocería para nada, y es que los filósofos tiran la piedra de lo abstracto y no se dan cuenta de que esta rueda hacia un lugar concreto que es su lugar lo normal. Que descanse en paz Jacques Derrida, él nunca hubiera soñado que su concepto filosófico terminaría entre pucheros, hilos y agujas.