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ABC MIÉRCOLES 8 12 2004 Madrid 37 Rouco alerta a los jóvenes contra la pérdida de la conciencia del pecado Más de tres mil jóvenes acudieron a la Vigilia de la Inmaculada en La Almudena todo: el ser humano desde el instante de su concepción hasta su muerte... todo siempre que convenga sostiene el cardenal JESÚS BASTANTE MADRID. El cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, alertó anoche contra la pérdida de la conciencia del pecado y de su significado destructor para el hombre que pervive en el mundo de hoy y que sigue actuando poderosamente en la conformación del pensamiento y de los modelos de comportamiento, muy habituales en la sociedad y la cultura actuales de la España y de la Europa que busca un nuevo marco jurídico para su unión y convivencia políticas Ante los más de tres mil jóvenes congregados en la catedral de La Almudena con motivo de la tradicional vigilia de la Inmaculada, el purpurado recalcó que se ha impuesto un estilo de vida basado en la negación del pecado. Se puede manipular todo: el ser humano desde el instante de su concepción hasta su muerte, el proceso educativo que le corresponde conforme a su dignidad personal, las formas básicas de su relación como hombre y mujer conforme a las exigencias de la experiencia primera y fundante del amor fecundo, abierto a los hijos, a las nuevas vidas... todo siempre que convenga apuntó el cardenal, quien incidió en que las consecuencias de tales modelos de vida para las personas y la sociedad pueden comprobarse sin mayor esfuerzo. Crecen la presencia y la experiencia del dolor todos los días. Los problemas de la familia y del los más indefensos socialmente- los niños, los jóvenes, los ancianos, los enfermos... -no van a menos Durante su homilía, Rouco Varela recordó el 150 aniversario de la proclab Se puede manipular En Jesús de Medinaceli y la Merced Junto a la celebración en la catedral, anoche tuvieron lugar otras dos en las basílicas de la Merced y Jesús de Medinaceli, al término de las cuales se leyó una bendición apostólica de Juan Pablo II. En ambas celebraciones participaron cientos de fieles. El cardenal Rouco animó a los fieles para vivir nuestra vocación cristiana en orden a la salvación y la felicidad de las personas y de nuestra sociedad En este mismo sentido se celebraron las otras dos celebraciones emblemáticas de la capital. mación del dogma de la Inmaculada Concepción, bajo el pontificado de Pío IX. Aquel 8 de diciembre de 1854 con la proclamación dogmática de la verdad de la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen culminaba un capítulo de los más bellos y hondos de la historia de la Iglesia señaló el cardenal de Madrid. Del mismo modo, el purpurado hizo un repaso del contexto histórico en el que la Iglesia hizo suyo dicho dogma. En aquel entorno, recordó el cardenal, parecía imponerse, a primera vista de forma arrolladora, una cultura del progreso centrada en el poder ilimitado del hombre sobre sí mismo y sobre el mundo. No habría más ley ni más referencia de bien o del mal que la que el hombre estableciese o reconociese autónomamente para sí mismo, sobre todo, a través del Estado y del ejercicio del poder que le es propio, el poder político En el Estado- prosiguió Rouco- se creía encontrar la fórmula más eficaz Rouco celebró en La Almudena la tradicional Vigilia de la Inmaculada JULIÁN DE DOMINGO y perfecta del poder: el poder soberano. El contraste, dolorosamente dramático lo formaba el tipo de sociedad, la sociedad industrial, que si iba creando, donde reinaba la competencia ilimitada y en la que la explotación de los más débiles se convertía en un fenómeno masivo rialmente más pobre, aunque espiritualmente más rica Para Rouco, la Iglesia inició, de la mano de la Virgen, una nueva andadura que nos conduciría hasta el Concilio Vaticano II y a la intrépida llamada de Juan Pablo II para una nueva Evangelización Un siglo XX en el que el pecado adquirió en el mundo formas desconocidas de maldad y de refinamiento de una insuperable crueldad- ahí está el ejemplo de las dos guerras mundiales, las más espantosas de la historia- pero también en la que la gracia triunfó con una inédita floración de santos y de mártires Maldad y crueldad del mundo En cuanto a la Iglesia, el cardenal recordó los tiempos de la desamortización, donde la institución eclesiástica que había atravesado por un verdadero calvario de despojos de sus bienes y de su libertad que la había dejado mate-