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36 Madrid MIÉRCOLES 8 12 2004 ABC MADRID AL DÍA VESANIA MANUEL MARÍA MESEGUER ¿Y si resultara que los sucesivos alcaldes de Madrid odian a los madrileños? Displicentes como déspotas ilustrados, los munícipes de nuestra capital parecen haber decidido no dar sosiego al ciudadano hasta tanto aquel poblacho castellano del que se hablaba despectivamente no termine convirtiéndose en una de las capitales señeras de la antigua- nueva Europa. Mientras eso llega, se construyen edificios y manzanas en ladrillo rojo, torres encrespadas y obeliscos viriles, pero también se destruyen calles y aceras, se horada la ciudad y su contorno con al menos una docena de tuneladoras y no ceja la impresión de que de aquí al 2012, con Juegos Olímpicos o sin ellos, en Madrid no va a haber quien pare. Si en julio del año próximo se da la luz verde a Madrid como sede olímpica, el trasiego de cemento y ladrillos, el atronar de los martillos neumáticos, el agobio de las excavadoras, el estorbo de los camiones de gran tonelaje colaborarán en el enorme rosario de atascos de tráfico cotidianos que aguardan a los automovilistas madrileños. Todo se va a poner patas arriba: desde la M- 30 y sus enlaces, hasta las zonas por donde se ampliará la red del ferrocarril metropolitano; desde el bus- vao hasta las salidas de las radiales a Valencia, Barcelona y Burgos. En el frenesí de obras que acogota al madrileño cada alcalde supera sobradamente al anterior en su vesania por apurar hasta el límite la paciencia de sus administrados. Se creen que poniendo carteles con el mensaje Estamos trabajando para tu ciudad. Disculpen las molestias calman a quienes tienen que brincar sobre zanjas y acometidas, eludir las maquinarias y sortear los obstáculos. Y no, sino que la mala uva tensa los nervios y suelta la lengua y el coraje. Si en julio la tan esperada luz verde no apareciera, habrá que atarse los machos, porque las obras se van a realizar de todas maneras, aunque ya sin plazo fijo por lo que muy bien podrá ocurrir que la esperanza de vida de un madrileño que naciera ahora se mida por la parte del Madrid que pueda ver terminado antes de entregar su último suspiro. Porque- -ahora lo sabemos- -los alcaldes habidos y por nacer han decidido que Madrid no se acabe nunca. DIMES Y DIRETES CÉSAR NOMBELA CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE URGENCIAS EN LA UNIVERSIDAD El trabajo sereno, el ambiente de reflexión y estudio en profundidad que se requieren para la actividad universitaria, se ven afectados por las urgencias de cada día. Son tiempos de cambio, de exigencias de adaptación a nuevas situaciones que también hemos vivido en las dos últimas décadas. Sucede que el progreso del conocimiento exige una actitud abierta a un futuro diferente, especialmente en el mundo académico. Pero también es cierto que cuando las reformas se efectúan con excesiva provisionalidad en breve se revelan insuficientes. El catálogo de temas urgentes para nuestra universidad es notable. Desde abordar toda una nueva estructura de los grados académicos, exigida por el proceso de Bolonia, que supone crear una nueva cultura de impartición de enseñanzas en nuestras universidades, hasta la configuración de un horizonte nuevo para la carrera académica de las nuevas generaciones. Todo ello pasando por la exigencia de estructurar una universidad emprendedora, capaz de proyectarse en el sistema productivo. Por mucho que a algunos haya sorprendido, la mayor apuesta de crecimiento- -la única significativa con respecto a años anteriores- -del esfuerzo en I+ D +i de los próximos presupuestos generales del Estado, se formula en canalizar recursos económicos en forma de préstamos reembolsables. Madrid concentra un porcentaje muy elevado de los recursos universitarios en nuestro país, en momentos en que la competencia y el esfuerzo de otras comunidades por alcanzar posiciones de liderazgo es cada vez más fuerte. Bienvenido sea ese esfuerzo, siempre que en la universidad se nos dote de los instrumentos adecuados para competir. Tendremos que impartir las enseñanzas de los primeros grados universitarios en menos tiempo que en la actualidad. No va a bastar con concentrar o resumir lo que hasta ahora se enseñaba en más tiempo, hace falta un diseño claro de objetivos pedagógicos en cada caso, así lo exige tanto el interés del estudiante como la responsabilidad en el empleo de unos recursos públicos. Un reto fundamental es establecer qué será objeto de los nuevos títulos de postgrado diferentes del de doctor, los grados de máster, titulación que hasta ahora era objeto de programas heterogéneos, en duración y contenidos, desde títulos propios de cada universidad hasta campo de actuación de instituciones privadas. Nos espera todo un proceso de análisis en el que deben colaborar con la universidad los sectores sociales destinatarios de su labor. Y en cuanto a la carrera académica ahí tenemos ya las demandas de los contratados del programa Ramón y Cajal, cuya primera promoción reclama las oportunidades correspondientes, tras agotar los primeros años de contrato temporal. Los popularmente conocidos como ramonesycajales ilustran un problema crónico desde hace años en nuestras universidades, se ha hablado mucho de movilidad pero se ésta ha sido cada vez menor. Urge configurar nuevas vías para todos los que por vocación y dedicación aspiran a integrarse de forma permanente en nuestras instituciones académicas y reúnen méritos para ello. Sólo un sistema flexible que permita abrir el horizonte de posibilidades de acceso al profesorado y la investigación de los nuevos candidatos, de manera que éste no se restrinja a la universidad donde se han formado, significará un verdadero paso adelante. Claro que ello supone una modificación profunda que afecte al conjunto de nuestras instituciones académicas. Estoy convencido de nuestra capacidad para afrontar este nuevo proceso en nuestras universidades, pero hace falta canalizar las mejores iniciativas y nuestra mejor creatividad con la convicción de que lo urgente, materializar las reformas, no debe ahogar a lo importante, crear un marco válido para los próximos años.