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58 Cultura MARTES 7 12 2004 ABC El Premio Turner, para el autor de una vídeo- instalación sobre San Sebastián b El prestigioso galardón, otorgado por la Tate Britain y dotado con 37.500 euros, valoró especialmente en esta edición el arte desde la perspectiva audiovisual. E. J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. El artista británico Jeremy Deller ganó anoche el prestigioso Premio Turner por una instalación interactiva en la que se combinan las técnicas del grafiti, la fotografía y el vídeo. En su opción al premio, Deller aportó dos vídeos, uno sobre un recorrido por el profundo Texas, con declaraciones de los lugareños a favor y en contra del presidente norteamericano, George Bush, y de la guerra de Irak, y otro sobre el pasacalles cultural que acompañó la bienal Manifesta 5 de San Sebastián de este año. Este último, titulado Un desfile social se interesa por la gran variedad social que amenizó festivamente el certamen cultural, desde una peña flamenca y ritmos caribeños a los colores de la comunidad gay. El vídeo no aborda la cuestión política del País Vasco, como tampoco Memory Bucket el realizado sobre Texas, tiene propiamente pretensiones políticas. A Deller le interesa sobre todo la creatividad de los grupos sociales y de los individuos que los integran en tanto que parte del grupo. El premio, otorgado por la Tate Britain, está dotado de 25.000 libras (unos 37.500 euros) y su finalidad es potenciar el arte contemporáneo. El galardón fue obtenido el año pasado por Grayson Perry, un trasvesti que decora jarrones con dibujos porno, lo que supuso una cierta polémica. La premio Nobel, Elfriede Jelinek, en una imagen reciente en su domicilio vienés REUTERS La polémica rodea el discurso en vídeo de la Nobel Jelinek, que se emite hoy Suecia asiste con pasmo a cambios en su ceremonia más famosa y tradicional b Sigue siendo un secreto de estado si la Princesa Victoria presidirá la entrega, aunque sí se sabe que el secretario permanente de la Academia acudirá a Viena Arte audiovisual contemporáneo Esta vez la convocatoria, dominada por el arte audiovisual, ha sido menos escandalosa, y únicamente ha llamado la atención por las obras de Langlands Bell sobre Afganistán. Una de ellas muestra la imagen digitalizada de una casa en la que vivió Osama Bin Laden, por la que puede deambularse como si fuera un video- juego. Otra no llegó a ser expuesta ya que se trataba de un documental sobre un asunto que está en los tribunales. Además de Langlands Bell, los otros finalistas del Turner han sido el nigeriano Yinka Shonibare, que presentaba una recreación en tres dimesiones del cuadro barroco El Columpio de Fragonard, y el turco Kutlug Ataman, que aportaba vídeos con entrevistas con gente que cree que se ha reencarnado. La exposición de los aspirantes al Turner ha sido acogida nuevamente por el público con la habitual pregunta de si es arte lo que tienen delante. No entiendo ni papa se leía en una de las anotaciones dejadas por los visitantes. CARMEN VILLAR MIR CORRESPONSAL ESTOCOLMO. No es la primera vez que un premio Nobel se niega a viajar a Estocolmo a recibir el galardón. Ese fue el caso de Jean Paul Sartre en 1964, escritor que declaró no aceptar ceñirse los laureles Nobel (aunque sí reclamó el dinero que conllevaban) y en 1988, cuando Naguib Mahfouz envió a su hija en su lugar por razones de salud. Sin embargo ésta es la única vez en la historia que un galardonado consigue alterar los circulos trazados hace más de un siglo por la Academia Sueca, que ha aceptado enviar a su mejor representante, su mismísimo secretario permanente, Horace Engdahl, a Viena para la entrega de la medalla de Oro, del Diploma y del cheque Nobel por un valor de 10 millones de coronas a la vienesa Elfriede Jelinek. La entrega tendrá lugar durante una solemne ceremonia Kjell Espmark y un nutrido grupo de periodistas acompañarán a Engdhal. Sigue siendo un secreto de Estado si la Kronprinsess Victoria de Suecia presidirá el acto. Hoy martes, la escritora pronunciaría la tradicional lectura Nobel en la sede de la Academia ante lo más granado de la vida social y cultural sueca. Pero su declarada fobia social, su te- rror de convertirse en el centro de la atención del público y su excentricidad han dado como resultado que esa gran dama de la literatura alemana no sólo no viaje a esta capital, sino que ha conseguido que esa institución, que jamás perdió su amor por la tradición y las viejas formas, olvide sus rigores académicos y se renueve. Una renovación que ha sido calificada por sus dignos miembros de atrevida modernidad La lectura Nobel será este año un insólito espectáculo audiovisual que tendrá lugar hoy, a las 17.30, en el salón gustaviano de la Academia iluminado, como siempre, por cientos de velas. La Nobel menos vendida de la historia Desde tres enormes pantallas, ya instaladas, que dominan la parte central y los laterales de ese bello recinto, Elfriede Jelinek desgranará en alemán sus ideas y palabras además de agradecer a la Academia Sueca el honor de haberle concedido el premio. Aunque jure y perjure que su angustia crece día a día que necesita tomar valium y otros fámacos para poder soportar cada gesto de atención de la gente la rea- Aunque su obsesión por el sexo y sus caprichos se comentan en todas las tertulias y en las reuniones sociales, la realidad es que sus novelas venden poco lidad es que la autora ha sido pródiga al conceder un gran número de entrevistas en su casa de Viena, en su piso de Munich e, incluso, en el teatro café Prinzipal del barrio noble de aquella ciudad. Ha comentado largamente su propia persona con frases como prefiero enseñar mis pechos que hablar delante de la gente no tengo hijos porque no quiero que sufran como yo sufrí me alegro de que mi madre esté muerta el odio es mi motor soy una misántropa convencida la soledad es el biotopo desde el que puedo vivir y disfrutar También ha dicho que sus textos, que emanan de la música, son intraducibles Textos bellísimos que, además de intraducibles, son difíciles de vender. Es curioso que por bien que Jenilek siga cotizando en el mundo de la cultura, del teatro (en Estocolmo hay dos de sus dramas en cartelera) y en los medios de comunicación; y que su prosa (según el secretario permanente de la Academia exige mucho del lector su obsesión por el sexo y sus caprichos sean temas de conversación en todas las tertulias y reuniones sociales, la realidad es que sus novelas venden poco. Los libreros de esta capital comentan off the record las opiniones de sus clientes y temen tener que vender a precio de saldo todos esos volúmenes de las tres obras traducidas al sueco que pidieron con tanta prisa al conocer la identidad del Premio Nobel. Hasta ahora, dicen, es el premio que menos hemos vendido de todos los tiempos