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28 Internacional MARTES 7 12 2004 ABC Los vecinos de Maghar, aldea drusa de 17.000 habitantes en la Baja Galilea, le han recibido como a un héroe Su hijo, Matab, nació sólo algunos meses antes de que fuese encarcelado. Le conoció en presidio No quiere hablar de su estancia en la cárcel con los periodistas. Tampoco de cómo fue detenido en 1996 con mi mujer, con mis amigos, con mi familia No puedo expresar lo que siento. Ha sido un milagro. Se lo debo todo a Sharón, mi héroe, y a Danny Naveh (ministro de Sanidad) mi hermano. Nunca pensé que volvería a casa No me pregunte por Egipto, no quiero hablar de eso. Sólo le diré una cosa: no soy un espía. ¿Acaso tengo cara de espía? pregunta mientras se saca la manga de su camisa blanca escondida bajo la chaqueta de un traje negro que le está muy grande. Uno no se atreve a contestar. ¿Qué cara tienen los espías? Pero esa cara denota, en cambio, otras muchas cosas. Ese cansancio. Esa felicidad. Esa incredulidad por todo lo que le está sucediendo en tan pocas horas, en las que se ha convertido en el héroe de un país necesitado de héroes. Su casa, renovada por su familia durante su encarcelamiento, está a la vuelta de la esquina. Muy cerca de este patio adornado con una enorme pajarera con decenas de pájaros atrapados en su interior. Su piar es incesante. Como los vuelos cortos de algunos de ellos. Otros chocan de bruces con las rejas: Tengo que decirle a mi hermano Sami que libere a los pájaros Azzam Azzam, rodeado de sus parientes y amigos, era recibido en olor de multitudes en su pueblo, Maghar REUTERS Cansado, feliz, incrédulo. Tras 8 años en una cárcel egipcia, Azzam Azzam quiere recuperar a sus hijos y el tiempo perdido. Ya ha empezado a hacerlo. ABC ha pasado con él sus primeras horas en libertad en la aldea drusa de Maghar ¿Acaso tengo cara de espía? TEXTO JUAN CIERCO. CORRESPONSAL MAGHAR (ISRAEL) Su cara denota cansancio. Y felicidad. E incredulidad. Está sentado, en esta tibia mañana de otoño, en el patio de la casa de su hermano Sami, en una de las muchas sillas blancas y moradas que han sido colocadas para recibir a las visitas. No para de hablar por su teléfono móvil. Sostiene con una mano todavía temblorosa (muchas emociones en las últimas horas) una taza de té que se lleva tan de vez en cuando a la boca que acaba por abandonar encima de una mesita también de plástico. Los vecinos de Maghar, aldea drusa de 17.000 habitantes en la Baja Galilea, le han recibido como a un héroe. La fiesta nocturna no tuvo desperdicio. Con su llegada a hombros de sus hermanos. Con la bandera de Israel a los cuatro vientos. Con fuegos artificiales, y canciones, y gritos de alegría, y bailes locales. El goteo de los amigos y de sus conocidos es incesante. Azzam Azzam, liberado el domingo por orden de Hosni Mubarak, tras 8 años encarcelado en una prisión egipcia, les atiende a todos. Uno a uno. Se levanta raudo. Estrecha sus manos. Intercambia besos. Pronuncia palabras de agradecimiento sincero. Su hijo Matab, de 9 años, corretea por el patio hasta que se detiene para comerse unos dulces árabes tradicio- nales. Nació sólo meses antes de que su padre fuera arrestado en El Cairo por su presunta relación con el Mosad, el espionaje industrial, con unos mensajes con información confidencial con tinta invisible escritos en prendas íntimas de señora. Profundas depresiones Matab conoció a su padre en la cárcel. Le ha ido a visitar allí varias veces. Él quizás pensó en verlo fuera de prisión alguna vez. Azzam no las tenía todas consigo. Es más, pensaba que nunca saldría de allí, lo que le sumió en profundas depresiones de las que sólo co- menzó a levantar cabeza el pasado año. No quiere hablar de su estancia en la cárcel con los periodistas. Tampoco de cómo fue detenido en noviembre de 1996. Está decidido a recuperar el tiempo. No sólo el sentimental, al lado de su mujer, Amal; de sus cuatro hijos; de sus cinco hermanos. También el económico. Pero sí accede a responder, bajo un sol que no calienta pero reconforta, a preguntas sueltas, a bote pronto planteadas por ABC: Tengo que recuperar 8 años de mi vida. Tengo que conocer a mis hijos, hablar con ellos; disfrutar La foto con Azzam Son sus últimas palabras antes de recluirse en casa. Muy pronto aparecerá Ariel Sharón. Ya se vieron el domingo por la tarde pero el jefe del Gobierno, en una delicada situación política interna, no quiere desaprovechar la ocasión de hacerse esta foto con Azzam Azzam y toda la familia. Con él aparecen los ministros de Asuntos Exteriores y Sanidad, Silván Shalom y Danny Naveh. Y decenas de policías con perros rastreadores. Las calles han sido cortadas. El despliegue de seguridad es enorme. Pero a Azzam no le importa. Se ahorra las gracias a Hosni Mubarak que sí envía en cambio Arik Sólo quiere agradecer su libertad a su héroe. Y a su hermano Naveh. Sólo quiere que su hermano de sangre, Sami, libere, tarde o temprano, mejor antes que después, a los revoltosos pájaros que dan vida al patio coronado por la colorida bandera drusa y por la estrella de David. 60.000 dólares por una entrevista J. C. MAGHAR. Azzam Azzam demuestra a las primeras de cambio que la cárcel no ha podido con su condición de avispado empresario. Consciente de su popularidad, no pierde el tiempo a la hora de recuperar el tiempo perdido. ¿Quiere hablar con Azzam de su estancia en la cárcel, de cómo fue detenido? Le costará 60.000 dólares (45.000 euros) Su abogado pone ese precio a todo aquel que quiera hablar largo y tendido con su cliente. La petición ha levantado una enorme polémica entre los medios israelíes. Varios diarios y cadenas de televisión se han unido contra las ambiciones económicas de Az- zam: Es un héroe pero todo el país ha sido muy solidario con él. Es poco ético que pida dinero por hablar Pero no todos han obrado igual. El Canal 10 de televisión anunciaba ayer que le pagará 40.000 dólares (30.000 euros) por una entrevista exclusiva. La caja registradora ya está en marcha.