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46 Sociedad LUNES 6 12 2004 ABC Medio Ambiente El viernes se cumplieron veinte años de la catástrofe de Bhopal. A pocos kilómetros, en Aklenashawar, se concentra el mayor número de industrias químicas de Asia, cuyos productos están causando centenares de muertes y enfermedades como el cáncer y la tuberculosis. Jesuitas y expertos denuncian que la tragedia de Bhopal podría repetirse en esta ciudad Bhopal, de nuevo, veinte años después TEXTO: JESÚS BASTANTE ENVIADO ESPECIAL FOTOS: AFP AKLENASHAWAR (GUJERAT) En la madrugada del 3 de diciembre de 1984, la legendaria ciudad de Bhopal, en el noreste de India, se vio envuelta en una densa nube tóxica procedente de una fábrica norteamericana de pesticidas, la Union Carbide Company. Esa noche se escaparon 40 toneladas de isocianato de metilo (MIC) causando la muerte inmediata de más de ocho mil personas. Durante los años posteriores a la catástrofe, otras 16.000 perecieron, y más de medio millón sufrió de alguna manera las trágicas consecuencias de la nube tóxica. Hoy, veinte años después de la catástrofe, Bhopal vive su aniversario más triste como una ciudad fantasma, un lugar en el que más de 150.000 personas padecen enfermedades crónicas derivadas de la exposición al MIC y en la que la empresa causante del vertido continúa con sus emisiones tóxicas, aunque esta vez bajo un nuevo nombre, el de Dow Chemical. La catástrofe de Bophal se puede repetir, hoy y aquí sostiene el jesuita Joaquín Castiella, quien desde hace más de 30 años trabaja en la ciudad de Aklenashawar, a 300 kilómetros al suroeste de Bhopal. Esta zona sufre la mayor concentración de industrias químicas y farmacéuticas de Asia: en torno a tres pequeños núcleos poblacionales se congregan más de un millar de empresas de este tipo, la inmensa mayoría nacionales, aunque algunas han sido trasladadas pieza por pieza desde Alemania y otros países, donde habían sufrido presiones de los grupos ecologistas denuncia Castiella, quien desde hace más de cinco años trabaja en un proyecto financiado por Manos Unidas con la etnia de los adivasi (aborígenes indios) que forman el grueso de empleados de dichas fábricas, en un régimen laboral cercano a la esclavitud. que es corroborada por M. V. Joseph, abogado que en los últimos años ha llevado ante los tribunales a 78 empresas por utilizar productos contaminantes prohibidos y por atentar contra los derechos de los adivasis. En este tiempo, hemos conseguido que se dejen de fabricar hasta 97 productos contaminantes en la zona, aunque las condiciones son tan preocupantes que no es difícil que vuelva a repetirse una situación como la que ocurrió en Bophal señala Joseph. El abogado también ofrece datos de la existencia de productos tóxicos- -como explosivos, pesticidas, amoníacos, sosa cáustica, ácidos clorhídricos y similares- -que han causado varias muertes en la zona. En dos o tres compañías ha habido incidentes que han acabado con la vida de muchas personas, pero que han sido silenciados por las empresas o el Gobierno añade Joseph, y que han ocasionado cáncer, tuberculosis, problemas en la piel y en los ojos a más del 30 por ciento de los 100.000 trabajadores de estas fábricas. Hemos examinado a 500 familias de trabajadores, y en 400 de ellas se observaban estos males indica. El antes y el después de Gazala Praveen, que hoy tiene 33 años de edad y muestra en su rostro los síntomas de la intoxicación que llevó a la muerte a 24.000 personas Pozos envenenados Entre 1996 y 1998, este abogado indio pleiteó contra la mayor de las compañías químicas presentes en la zona, la United Phosphores Limited- -la misma que, según M. V. Joseph, fabrica armamento para el ejército indio y que pudo haber exportado este tipo de productos a Irak- a quien acusó de haber enterrado residuos contaminantes Las químicas, a los tribunales Trabajan sin contrato, más de doce horas al día, sin ningún tipo de seguridad, por apenas 50 rupias diarias apunta Castiella. Esa cantidad, traducida a dólares, no llega ni siquiera a uno, muy por debajo de lo que se considera el umbral de la pobreza según los baremos de Naciones Unidas. Opinión Hemos logrado que no fabriquen 97 productos, pero no será difícil que se repita una situación como la de Bophal Muchos trabajadores no saben qué labor realizan, y no se emplea la tecnología necesaria, sino la más barata El día después de la catástrofe, fotografía tomada el 4 de diciembre de 1984