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ABC LUNES 6 12 2004 Sociedad 45 Dos de cada tres personas discapacitadas viven en países en desarrollo, bajo el umbral de la pobreza y en una sociedad donde la atención y la integración social llegan a constituir barrerras insalvables. Ayuda en Acción consigue llevar un poco de esperanza Un hogar más allá de los Andes TEXTO Y FOTO: R. BARROSO BOLIVIA. De los 600 millones de personas con discapacidad que existen en el mundo, 400 viven en países en vías de desarrollo. O lo que es lo mismo, dos de cada tres discapacitados viven inmersos en la pobreza y en lugares donde la atención y la integración social llegan a resultar barreras infranqueables. Las cifras son contundentes: en estos países sólo entre el 1 y el 5 por ciento de los discapacitados tiene acceso a servicios de rehabilitación, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) Una realidad que es olvidada incluso en los días más señalados como el que celebró el viernes en todo el mundo y que tiene como fin aumentar la conciencia y la comprensión hacia estas personas y sus problemas. No obstante, esta realidad afecta sobremanera a los más pequeños. Son muchos los padres que consideran que un niño con discapacidad es incapaz de recibir una formación, incapaces de entender que no es la discapacidad la que limita sus oportunidades, sino la falta de educación: tan sólo el 2 por ciento de los menores con discapacidad está escolarizado. Por ello la OMS aboga por el aumento de programas que fomenten la formación y la integración de los menores con discapacidad en los países en desarrollo y, sobre todo, en sus áreas rurales. Ejemplo del trabajo que requiere la recuperación de estos niños en zonas en vías de desarrollo, de lo importante que es cada pequeño logro, de lo duro del día a día y de la labor que todavía queda por hacer es el Hogar Teresa de los Andes, en Bolivia, un proyecto impulsado por la ONG española Ayuda en Acción y la comunidad religiosa Fraternidad de la Divina Providencia. En el Hogar Teresa de los Andes cerca de 150 niños discapacitados reciben una nueva oportunidad so de un pequeño de ocho años al que el pasado 22 de diciembre dejaron amarrado a un poste: Noel. Sufría desnutrición y presentaba un retraso psicomotor muy acusado explica Alirio con un tono de voz en el que se vislumbra la dureza a la que se enfrenta día a día pero la alegría de quien ve el esfuerzo de sobra compensado. Hoy, Noel es capaz de andar y se pasea bajo una lluvia torrencial que le sorprende en el pequeño parque donde juega con otros compañeros. Aunque las estadísticas no reflejan mucha disparidad entre el porcentaje de personas con discapacidad en Bolivia y en España, alrededor de un 10 por ciento, la integración social y la atención integral que éstas requieren resultan más complicadas en un país como el boliviano carente de recursos y programas y en el que la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Alrededor de 800.000 bolivianos padecen alguna minusvalía pero la asistencia oficial sólo llega a 700. guido reducir los índices de mortalidad y mejorar sus condiciones de vida. La mayoría de los internos necesita de una persona para la satisfacción de necesidades tan básicas como la alimentación o la higiene personal explica Diana, que lleva 7 años en el centro como terapeuta ocupacional. El objetivo va más allá de darles comida y vivienda, se trata de proporcionarles un futuro explica mientras se ocupa de una niña a la que su retraso le ha impedido aprender a gatear. Los profesionales del centro trabajan con el objetivo último de reubicar al niño que tiene familia en su hogar. El abandono se produce por falta de información, de manera que los padres sólo contemplan esa posiblidad cuenta Janet Méndez, licenciada en Fisioterapia y que acude al Hogar desde hace 10 años. No existe mejor terapia que un padre. Pero la sociedad boliviana aún no está abierta a estas discapacidades insiste. En este Hogar, -un pequeño gran ejemplo de lo que puede conseguirse- -los niños discapacitados tienen la oportunidad de mejorar, de huir de una realidad que les excluye, de recibir atención a través de múltiples terapias y de acceder a una educación adaptada a sus deficiencias. El hermano Alirio no desespera nunca: Sabemos que muchos no lo conseguirán, que otros se quedarán en el camino, pero cualquier pequeño logro es un gran triunfo. Muchos no pueden hablar, pero la sociedad tiene que aprender a escucharlos en cada gesto y cada mirada Ofrecer un futuro La patología más común que presentan estos niños es la parálisis cerebral originada por secuelas de la meningitis o por complicaciones en partos prolongados sin asistencia médica adecuada. Le sigue el retraso mental moderado y también son atendidos niños con hidrocefalia, microcefalia y autismo. La enfermedad de muchos de ellos resulta irreversible pero ello no desanima ni un ápice a nadie del equipo. Gracias a los cuidados y atenciones proporcionados por los profesionales de medicina general y pediatría se han conse- Atados a un árbol Cruzar las puertas de este Hogar, en la periferia de la ciudad boliviana de Santa Cruz, es aterrizar de golpe en una realidad bien diferente a la que viven las personas con discapacidad en los países desarrollados. En él, unas 80 personas trabajan día a día, hora a hora, segundo a segundo, para ofrecer a cerca de 150 niños la oportunidad que otros les negaron. La mayoría padecen discapacidad severa y grave, carece de familia o ésta no puede costearse un tratamiento, y han llegado al centro a través de hospitales, casas tutelares o han sido abandonados en la calle o en la entrada del Hogar comenta el hermano Alirio, que lleva ya once años al frente de esta tarea. Rechazados por sus propios padres, muchos pequeños son abandonados. A algunos les dejan atados a un árbol o algún poste cercano al centro- -uno de los mejores en atención especializada a niños con discapacidad en Bolivia- -y acaban siendo acogidos. Este es el ca- Un cumpleaños diferente El pasado 3 de diciembre, Día Mundial de la Discapacidad, Karla Lorena cumple 12 años aunque esta vez lo celebrará de manera muy diferente. Era una niña sana, deportista, que ganaba maratones de matemáticas- -cuenta con impotencia su madre, Fátima Soli- -Ahora, y tras una simple operación en la que tuvo una parada cardiorespiratoria ha quedado en estado vegetativo Karla ya no puede ver, ni hablar, ni andar, ni ganar más maratones de matemáticas, ni pedir ningún deseo a la luz de las velas. Un fallo durante una intervención quirúrgica y ante la que el hospital no supo responder porque carecían de oxígeno, ha llevado a su madre, abogada, a iniciar una campaña para exigir responsabilidades en un país donde la negligencia médica no está penalizada. Hoy, junto a su madre, celebrará su cumpleaños en el Hogar Teresa de los Andes, un lugar donde hemos encontrado la paz y la esperanza